Estampas
1998
Aparece en el suplemento cultural de El Mundo, una de esas baratijas sobre la literatura cubana a la que es tan aficionada la prensa española. Ignacio Echevarría, que habitualmente se dedica a la crítica, publica un texto en dicha baratija en el que declara que el regreso de tres espías relacionados con el asesinato de cuatro civiles en aguas internacionales “ha supuesto el reverdecimiento del espíritu épico que late aún en buena parte de la ciudadanía cubana, siempre muy celosa de su propia dignidad”. De su propia dignidad, dice Echevarría. Bien. Pasemos de largo. Pero. ¿Cómo le tomó el latido el crítico al espíritu épico de buena parte de la ciudadanía cubana? Supongo que le hizo un tacto rectal.
Por otro lado, hay que agradecer a Echevarría, crítico literario, que escribe sobre un país sometido a una grotesca dictadura militar desde hace más de medio siglo, un país que ha perseguido, desterrado, encarcelado aplastado y censurado a sus mejores escritores (Lezama, Piñera, Arenas, Padilla, Ariza, Novás Calvo, Labrador Ruiz, Baquero, Cabrera, Victoria, Campa, Cárdenas, entre otros) que se apresure a advertirnos sobre los peligros de la cultura basura que ya se cierne sobre la cultura isleña. ¡Gracias Ignacio! ¿Y de dónde viene esta infausta cultura basura? ¡De Miami! Faltaría más.
Porque, no lo olvidemos, una dictadura militar que dura más de medio siglo y ha fusilado a miles de personas, lanzado al exilio al diez por ciento de la población y matado a palos en sus cárceles a Orlando Zapata, una sociedad militarizada, una sociedad con un comité de vigilancia y delación en cada cuadra una sociedad de brigadas de respuesta rápida una sociedad sin prensa libre ni libertad de asociación, no es más que “un país cuya excepcionalidad consiste, entre otras cosas (pues no todas son lastres) en exhibir un nivel de educación y de cultura muy por encima de la media”.
¿De la media de quién?
Bueno, dejémoslo. Lo que realmente me ha maravillado a fin de cuentas de lo de Echevarría es: ¿cómo sabe Echevarría que toda esa gente, millones de personas, son, siempre además, muy celosas de su propia dignidad? ¿Lo captó al vuelo el sagaz crítico literario durante su fin de semana en La Habana?
¿Cómo lo sabes, Echevarría?
Bueno, hombre, no es Suiza, basta con subirse a una azotea y echar un vistazo a las ruinas y al alegre negrerío para hacerse una idea.
Ah.

1997
Hay un cansancio que uno siente no muy a menudo por suerte un cansancio que tiene al menos mil años. A veces llego a pensar que es el cansancio de la especie. Pero. No. Es un cansancio personal. Y con cada minuto y cada segundo de ese cansancio llega también, claro, todo lo que has hecho y soportado para sobrevivir esos mil años y para no detenerte y para seguir adelante. Y entonces uno tiene ganas de, como dice un buen amigo, reclinar la cabeza en algún sitio cerrar los ojos y descansar al fin.

1996
Regresa una amiga de la isla pavorosa. Fue allí a ver a su madre enferma. Viene agotada y entristecida por el ambiente absolutamente denigrante que impera en la isla. Me habla de la miseria material, ni un ajo se encuentra si no pagas una suma exorbitante, y también naturalmente me habla de la miseria moral y la cobardía generalizada y de la corrupción rampante y de la vulgaridad que ya es el mayor rasgo del llamado carácter nacional.
Todos los cubanos somos maricones, pienso, escuchándola. Soportar eso más de cincuenta años y que nadie haya matado a ese hijo de puta al hermano o al menos a cualquier esbirro aunque sea de menor cuantía, que ninguna multitud enfurecida se haya echado a la calle y arrasado El Laguito revela la degradación y la bajeza a la que se ha llegado en esa gigantesca y militarizada letrina.
Y yo aquí en España aún tengo que aguantar a cada rato a un progre español de los que van a Cuba a buscar negros y se empeña en contarme lo bien que se lo pasó allí y lo contento que está de haber ido “antes de que lleguen los americanos y empiecen a poner McDonald´s en cada esquina”.
Debería pegarles una patada en el culo francamente no sé cómo consigo contenerme.

1995
Ella me dice mira, y aparta la cortina. Y entonces veo la nieve. Lo de la nieve siempre me recuerda no sé por qué a mi madre sí que lo sé me la recuerda porque la nieve también parece que fuera capaz de salvarme y de salvar al mundo. Voy hasta el ventanal y cae como algo humano. Lleno de vísceras y paradójicamente lleno de tibieza. Recuerdo Washington D.C. aquel hotel en Bethesda y recuerdo la National Gallery siempre lo recuerdo esté donde esté cuando nieva. Después regreso a la cama y bajo la manta de plumas sigo contemplándola mientras oigo trajinar en el baño a la mujer más bella del mundo. Soy un hombre afortunado. También soy un hombre al que ahora le vendría muy bien una mamada.

1994
Biagio da Cesena, funcionario papal, dijo que “era muy vergonzoso que en un lugar sagrado se representaran tantas figuras desnudas exhibiéndose de una manera impúdica”. Esto, durante una visita en compañía del Papa a la Capilla Sixtina, donde Miguel Ángel trabajaba en El Juicio Final.
Pero. Biagio no tuvo en cuenta que se enfrentaba a un adversario formidable.
En cuanto el Papa y su comitiva se marcharon, Miguel Ángel pintó a Biagio claramente reconocible en la parte del fresco correspondiente al Infierno, con orejas de burro, rodeado de demonios ¡y con una enorme serpiente mordiéndole el pito!
Una suerte de SUPERENSARTAJE. ¿No?

1993
Ya casi termino el libro de Gayford sobre Miguel Ángel. El domingo me pasé cuatro horas tumbado en el altar de las modelos leyendo. Más bien flojito el libro y todo el esfuerzo que se toma Gayford por quitar categoría e importancia a la homosexualidad de Miguel Ángel es bastante ridículo. El artista sostuvo en vida, es verdad, que su afición por la belleza masculina era casta, pero no hay que olvidar que la Iglesia, siempre tan interesada en lo que hace la gente con su culo, condenaba a muerte a los homosexuales en aquellos tiempos.
Lo cierto es que Miguel Ángel estuvo toda su vida rodeado de bellos mozos que vivían con él y a los que escribía encendidos poemas de amor; para no hablar de que la mayor parte de la obra del gran escultor es un canto a la belleza del cuerpo masculino. Tanto, que cuando esculpe o pinta a una mujer lo que le sale es un hombre con tetas.
Miguel Ángel fue muy tacaño y de trato difícil y al morir era dueño de valiosas propiedades y en su dormitorio encontraron un baúl lleno de monedas de oro y plata. La fortuna guardada en el baúl equivalía (casi, unos cientos de ducados menos) al precio que “Elena di Toledo, esposa de Cosme de Médici, duque de Toscana, había pagado quince años antes por una de las viviendas más grandiosas de Florencia: el Palazzo Pitti”.
Miguel Ángel era muy rico al morir. Pero le apestaban los pies y no se cambiaba de zapatos para no gastar y poca higiene en general y nada de darse gustos que hay que ahorrar.
El gran Miguel Ángel.

1992
A cada rato dejo cualquier cosa que esté haciendo y me pongo a mirar el primer panel apoyado contra la pared del fondo del estudio. Haré las cabezas de Lezama y Reinaldo en telas pequeñas me digo y el lunes además quiero empezar un óleo de tamaño mediano de alguna escena de Los buenos tiempos que los tengo un poco dejados. Tal vez Lau mirándose el coño en un espejito tumbada en el jardín o cosa semejante. Dibujar o hacer aguadas de estas escenas es algo que tengo bastante controlado pero pintar aquellos tiempos al óleo es un asunto muy diferente.
Anoche cenamos en el Disfrutar y muy bien. Espada vino sin melena y ya vuelve a parecer un hombre. Y lo mejor tras la cena no tuvimos que ir al Tirsa ir al Tirsa a decir verdad era un verdadero coñazo.

1991
Sigo con la escena guerrillera de chupamiento nocturno ya casi la acabo me falta retocar el cielo lo que haré cuando regrese de dar un paseo saldré ahora. Salgo. Y como a quince minutos de casa en el camino de tierra junto a las vías del tren y a la sombra de los plátanos me cruzo con una joven deportista rubia y robusta hace siglos que no me follo a una rubia (una rubia auténtica quiero decir) es lo primero que pienso y lleva la rubia uno de esos pantalones ajustados y fluorescentes y le miro entre las piernas que es donde miro yo cuando voy de paseo a las mujeres y qué chocho formidable que me obliga a detenerme de golpe y a murmurar santocielo qué chocho mientras la veo alejarse y el culo tampoco es poca cosa, eh.

1990

Aparece Lezama Lima. Estará debajo, al pie del primer panel la cabeza ladeada y mirando algo socarrón cómo el pito de Reinaldo sale del primer panel para ensartar al Líder que estará en el segundo e infernal segundo panel. Acuoso será (ya va siendo) este primer panel como está planeado y detrás de Reinaldo un bosque creo y debajo de un árbol tal vez esté Virgilio Piñera, aún no lo sé con certeza el cuadro se hace y se deshace en mi cabeza a una velocidad portentosa. Lezama y Virgilio los dos principales maestros de Arenas lo acompañarán como debe ser en este ajuste de cuentas es lo moral y lo justo también ellos fueron víctimas del Líder y fueron aplastados por el Líder y por el horror generado por el Líder y su así llamada Revolución.
Por otro lado, siempre he pensado que Fidel Castro es una maricona encrespada e histriónica y sobre todo frustrada y que si la burguesía cubana no hubiera sido tan imbécil y tan suicida Fidel Castro y su hermano Raúl hubieran terminado en algún espectáculo de travestis en aquella Habana fabulosa que a estas alturas parece que nunca existió. El Dúo Locas de Oriente, o algo por el estilo.
En consecuencia no deja de provocarme cierta estupefacción que en mi SUPERENSARTAJE aparezca Fidel Castro no degollado o fusilado o torturado sino ensartado analmente que estoy seguro que es algo que le encantaría.
Es raro esto del arte.
Cabeza de Lezama. SUPERENSARTAJE (ESTUDIO). Primer panel, fragmento. 100 × 200 cms. Oil on canvas. Work in progress.

1989
Habrá además una escena de chupamiento nocturno. En medio de las montañas. Tela de ochenta por ochenta. Dos guerrilleros, héroes de una popular revolución, que flotan chupándose en la oscuridad después de haberse alejado un poco del campamento, se intuye.
Alguien podría pensar (hasta yo mismo) que los protagonistas del furtivo acoplamiento son Fidel Castro y Ernesto Guevara el famoso Ché. Bueno. Sí. Pero. No exactamente. Ante todo bajeza colectiva y tribal vulgaridad y ante todo como es evidente muerte y destrucción.
Son cuadros agresivos, me dice un galerista. No. Mis cuadros son risitas y hasta muecas dolorosas pero sobre todo espacios de una intensa ingenuidad. Y el horror y el ridículo confluyendo no puedo dejar de repetirlo. Y un uso del color que desarma toda violencia y la hace luminosa crema algo amarga eso sí.
Y mi vida naturalmente.













