1996

Regresa una amiga de la isla pavorosa. Fue allí a ver a su madre enferma. Viene agotada y entristecida por el ambiente absolutamente denigrante que impera en la isla. Me habla de la miseria material, ni un ajo se encuentra si no pagas una suma exorbitante, y también naturalmente me habla de la miseria moral y la cobardía generalizada y de la corrupción rampante y de la vulgaridad que ya es el mayor rasgo del llamado carácter nacional.

Todos los cubanos somos maricones, pienso, escuchándola. Soportar eso más de cincuenta años y que nadie haya matado a ese hijo de puta al hermano o al menos a cualquier esbirro aunque sea de menor cuantía, que ninguna multitud enfurecida se haya echado a la calle y arrasado El Laguito revela la degradación y la bajeza a la que se ha llegado en esa gigantesca y militarizada letrina.

Y yo aquí en España aún tengo que aguantar a cada rato a un progre español de los que van a Cuba a buscar negros y se empeña en contarme lo bien que se lo pasó allí y lo contento que está de haber ido “antes de que lleguen los americanos y empiecen a poner McDonald´s en cada esquina”.

Debería pegarles una patada en el culo francamente no sé cómo consigo contenerme.

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