Estampas
2257
Dicen que el pasado no existe, y tiendo a pensar que es cierto. Pero el cerebro tendrá buenas razones para que eso que no existe regrese a veces de manera vívida. Mi hermano pequeño (el más talentoso de nosotros) acaba de publicar una novela y en cuanto vi su portada mi cerebro hizo volver la lectura de los primeros capítulos de esa novela, en la pavorosa y en los años setenta. A pesar de mi habilidad con las palabras no sería capaz (ni escribiendo cientos de páginas a lo largo de muchos años) de conseguir lo que mi cerebro en un segundo: sentí los olores de la casa y el fulgor del almendro y a mi madre en la cocina y sobre todo volví a escuchar la voz de mi hermano tan joven, casi un niño, leyendo.
En un país sano y libre, en un país no envilecido por el fidelismo, aquella novela hubiera marcado un momento germinal en la literatura cubana, pero como a cualquier gesto no estipulado en los manuales de control de la manada, el fidelismo la condenó.
Pero. He aquí otra vez su libertad su alegría y su luz.

2256
Escribo poco (comparado con lo que escribía antes) pero lo hago y pienso seriamente en terminar un par de libros que tengo comenzados. Y está este blog que es como un cachalote monstruoso al que todos los días le arrojo un ismael. Y están además los artículos para el diario, que son los que más me cuestan, porque hay que explicarse y hacerlo de manera clara y directa y bien desgrasada y sin guirnaldas (como el periodismo ha de ser) y ya de las palabras a mí sólo me interesa el movimiento.

2255
No dormí bien soñé con una voz tras la puerta y por la madrugada tuve que levantarme dos veces a orinar y estaba a oscuras la piscina del vecino y ni rastro de la ballena. Crujían la penumbra y los cipreses y entonces puse la mano sobre el cristal de la ventana y vi pasar colinas por el fondo del mar.

2253
En el tren, voy leyendo a Karl Kraus.
La mediocridad se revuelve contra la eficacia.
En la épica siempre hay algo de helada superficialidad.
¿Por qué razón el público se muestra tan insolente con la literatura? Porque ese público conoce el lenguaje. Las gentes se lanzarían contra las otras artes si estas tuvieran un medio igualmente comprensible para hacer música, para embadurnar con pinturas o para revocar con yeso. La desgracia reside en que el arte de la palabra trabaja con un material que la gentuza manosea a diario.
El lector inteligente alberga la mayor desconfianza contra esos narradores que vagan por lugares exóticos. Lo mejor que puede ocurrir es que no hayan estado allí. Pero en su mayoría son de tal calaña que han de hacer un viaje para contar algo.
Ya no hay cerebros así.

2252
Atocha. Paso con la cabeza baja por delante del espeluznante monumento dedicado a las víctimas de los religiosos musulmanes. Es un monumento hecho como con vergüenza, es un monumento en contra de las víctimas más que para honrar a las víctimas. Es un monumento a la vergüenza de ser español. Un monumento masoquista levantado por una gente que cree, a fin de cuentas, que se merecía la masacre. Que el atentado fue un justo castigo. La socialdemocracia ha emponzoñado hasta tal punto el cerebro la cultura y la consciencia colectiva española que el monumento a las víctimas del 11-M no es un monumento sino un monstruoso acto de contrición.
Y está abandonado y casi en ruinas, naturalmente.

2251
Vamos a cenar al Sudestada. Ya todo empieza mal con la meître, una especie de travesti mal encarado que nos trata como si nos estuviera haciendo un favor. Y, ay, el travesti portuario es sólo el comienzo. Nos traen de aperitivo una especie de agua sucia que sin embargo requiere casi diez minutos de explicación. Sobre los ingredientes y la cocción. Agua sucia literaturizada, en fin. Después, me enfrento a un rollito de primavera chino de los de toda la vida, también regado con abundante literatura, pero vulgar rollito de primavera chino de barrio a fin de cuentas. A todo esto, el servicio abominable, le pido pan al mocetón que sirve y está a punto de abofetearme. Y luego llega el arroz con pescado. Chicharro. Con un huevo crudo encima. Todo frío, como lo demás el agua sucia y el rollito chino, está gente ni se molesta en encender los fogones a pesar de lo que cobran, que es considerable.
Pero no quiero ensañarme, así que sólo les diré que el chicharro parecía recién pescado en alguna alcantarilla cercana y luego pasado por una sartén con manteca rancia y que al llegar al hotel me acometió una diarrea monstruosa.
Sudestada. Recuerden ese nombre y por su bien manténganse alejados.

2250
Entre museos, libre y elegantemente tumbado en el confortable lecho de un hotel en Gran Vía, leo una entrevista con Norberto Fuentes. Fuentes se cree un personaje porque medró algunos años a la sombra de su amo Fidel y se codeó con un grupo de matones chucheros, pero no es más que uno que aspiró a James Bond y apenas llegó a ser un arlequín bananero.
Norberto Fuentes es el Hombre Nuevo Cubano. Grosero, chabacano, oportunista, bravucón, pero sobre todo es un hombre enamorado de Fidel Castro. Ha dedicado miles de páginas a tratar de ser Fidel Castro, sin éxito. ¿Qué mayor prueba de amor? Amor viril, supongo.
Y ahora los dejo que tengo que ir a ver a Bonnard.

2249
Paseamos por El Retiro a la sombra de la matanza de París pero la naturaleza en su sabia indiferencia refulge en todos los árboles y el aire es tan fino e infantil que esto parece Kensington Gardens. Mayor elogio no puede haber. Falta la estatua de Peter Pan porque esto es España pero tenemos aquí cerca la de Lucifer o Satanás el Ángel Caído. El estanque rebosa de gente y las barcas son pétalos carnosos en el atardecer trémulo. Munch, qué descubrimiento, voy pensando. Ya había visto algo de Munch pero nada como esta vez y el conjunto me sirve para entender hacia dónde debo ir pictóricamente hablando, en los próximos meses. Me detengo largamente ante algunos cuadros y estudio las texturas, cuánta sabiduría.
Y entonces recuerdo una fotografía de Munch en la playa de Warnemünde, en Alemania, en 1907. Es un autorretrato fotográfico y en segundo plano hay un hombre desnudo de perfil que posa para el cuadro que Munch está pintando. Y en primer plano puede verse al pintor con paleta y pinceles y las piernas abiertas y el torso muy blanco y al descubierto y el pelo encrespado y el rostro como en sombras excepto en la frente donde hay un destello.

2248
El presidente español y los del gobierno español y los políticos españoles ya han cantado la marsellesa y se han colocado el lacito de luto y han puesto la bandera a media asta y han depositado las pertinentes flores y hasta han encendido una velita, etcétera. Bien. Estos gestos ayudan, son necesarios.
Pero. A mí lo que me interesa saber en estos momentos es lo siguiente: ¿cuántos aviones ha mandado España a bombardear a los religiosos musulmanes del ESTADO ISLAMICO? ¿Ya se unió la Fuerza Aérea Española a la francesa y la norteamericana en la guerra contra los asesinos?
¿Sí? A ver. Pues no. Dice España que no. Que ya se verá. Más adelante tal vez.
“Hoy todos somos Francia. Todos estamos juntos en esa lucha y la vamos a ganar. Queremos decirle a nuestros amigos franceses que estamos con ellos, que cuentan con nosotros”.
Dijo Rajoy, al pie de la matanza.
Pero no han de preocuparse los asesinos. Era sólo cháchara.














