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Paseamos por El Retiro a la sombra de la matanza de París pero la naturaleza en su sabia indiferencia refulge en todos los árboles y el aire es tan fino e infantil que esto parece Kensington Gardens. Mayor elogio no puede haber. Falta la estatua de Peter Pan porque esto es España pero tenemos aquí cerca la de Lucifer o Satanás el Ángel Caído. El estanque rebosa de gente y las barcas son pétalos carnosos en el atardecer trémulo. Munch, qué descubrimiento, voy pensando. Ya había visto algo de Munch pero nada como esta vez y el conjunto me sirve para entender hacia dónde debo ir pictóricamente hablando, en los próximos meses. Me detengo largamente ante algunos cuadros y estudio las texturas, cuánta sabiduría.

Y entonces recuerdo una fotografía de Munch en la playa de Warnemünde, en Alemania, en 1907. Es un autorretrato fotográfico y en segundo plano hay un hombre desnudo de perfil que posa para el cuadro que Munch está pintando. Y en primer plano puede verse al pintor con paleta y pinceles y las piernas abiertas y el torso muy blanco y al descubierto y el pelo encrespado y el rostro como en sombras excepto en la frente donde hay un destello.

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© Juan Abreu, 2006-2019