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Vamos a cenar al Sudestada. Ya todo empieza mal con la meître, una especie de travesti mal encarado que nos trata como si nos estuviera haciendo un favor. Y, ay, el travesti portuario es sólo el comienzo. Nos traen de aperitivo una especie de agua sucia que sin embargo requiere casi diez minutos de explicación. Sobre los ingredientes y la cocción. Agua sucia literaturizada, en fin. Después, me enfrento a un rollito de primavera chino de los de toda la vida, también regado con abundante literatura, pero vulgar rollito de primavera chino de barrio a fin de cuentas. A todo esto, el servicio abominable, le pido pan al mocetón que sirve y está a punto de abofetearme. Y luego llega el arroz con pescado. Chicharro. Con un huevo crudo encima. Todo frío, como lo demás el agua sucia y el rollito chino, está gente ni se molesta en encender los fogones a pesar de lo que cobran, que es considerable.
Pero no quiero ensañarme, así que sólo les diré que el chicharro parecía recién pescado en alguna alcantarilla cercana y luego pasado por una sartén con manteca rancia y que al llegar al hotel me acometió una diarrea monstruosa.
Sudestada. Recuerden ese nombre y por su bien manténganse alejados.













