Estampas
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Bélgica (4)
Vemos La Virgen del canónigo Van der Paele, de Jan Van Eyck, uno de los grandes momentos de la especie, en el Museo Groeninge, y vemos también la llamada Virgen de Brujas. La esculpió Miguel Ángel entre 1504 y 1505 para Jean y Alexandre Mouscheron, dos mercaderes de paños flamencos, clientes del banco Balducci de Roma, que la querían instalar en la iglesia de Nuestra Señora de Brujas. Lo más llamativo de la escultura es el niño Jesús. Un niño enorme y poderoso con una cabeza de tamaño alarmante y una copiosa corona de rizos. La Virgen y el hercúleo infante están colocadas en un altar y no es posible acercarse tanto como me gustaría, pero los contemplo a diez pasos un rato, y no está mal para un marielito, pienso.
Y qué chocolate jovial, además. No sé si follarán mucho los belgas pero al menos una liberalidad bastante sana, parece, por lo que exhiben en las vitrinas.

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Bélgica (3)
A Brujas le llaman la Venecia del Norte: es una exageración. Pero hay canales, es verdad. Ahora mismo he estado a punto de lanzarme a uno de ellos porque pasaron dos o tres hablando flamenco. Oír hablar flamenco es como si te dieran cien patadas en el oído. Bajo su apariencia bucólica, hay que decirlo, Brujas es una ciudad envenenada por el nacionalismo (léase tribalismo), como toda Bélgica. Los llamados flamencos se obstinan en hablar una jerigonza llamada flamenco, que suena como mil chirridos, todos espeluznantes, en vez de hablar francés o cualquier otra jerigonza más hablada en el resto del mundo. Pero no hay manera. ¡Nuestra jerigonza espantosa o la muerte! La imbecilidad tribal es algo muy viejo un monstruo antiguo que aquí rumia por los rincones y del que si afinas la nariz percibes claramente el hedor.
Una lengua no es un mundo, todo lo contrario, es un villorrio. Y los nacionalismos se atrincheran en ese villorrio con su xenofobia su oscurantismo y su fatal ensimismamiento en esa tóxica porquería que llaman lo nuestro. Lo mejor que podría pasar en el mundo es que todos hablásemos el mismo idioma. O en el peor de los casos dos o tres lenguas poderosas cultural y numéricamente. Una lengua sin poder cultural y numérico no es nada. Bueno, sí, es algo: un incordio funesto y disociador.
Ahora pues, descendamos y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. Así los esparció Jehová sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.
Dios, no hay que olvidarlo, privó a los hombres de una lengua común para cegarlos y para sumirlos en la confusión.

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Bélgica (2)
En Rozenhoedkaai nos detenemos cada vez que salimos del hotel, es inevitable, a ver el árbol. Es un árbol muy viejo y le han puesto unas enormes bombillas como fanales de un navío de los tiempos del esplendor de Brujas y las ramas del árbol como sollozantes, pienso, caen sobre el canal. Parecen tetas incandescentes. Pero a mí cualquier cosa más o menos esférica me parece una teta, téngase en cuenta.
A dos pasos, por Wollestraat, está la famosa pared de las cervezas algo curioso de ver, este es un país donde hay casi 1500 marcas de cerveza y cada una de ellas tiene su copa o vaso correspondiente. A eso llamo yo esplendor burgués. La burguesía es el estado superior de cualquier sociedad antes o después de ella sólo hay grosería y barbarie. Es lo que pasa en Cataluña, llámenlo como quieran, pero lo que pasa en Cataluña es el resultado de la decadencia de la burguesía catalana. Burguesía bruta que odiaba a Gaudí, es verdad, pero que también lo financiaba y a fin de cuentas gran burguesía.
Voy repasando al personal femenino el único que importa pero salvo un par de vikingas de siete pies y pelazos, nada que destacar. No es una ciudad de mujeres hermosas Brujas, hasta donde alcanzo a ver, a causa supongo de cómo se han atrofiado, fisícamente hablando, los belgas con sus delirios tribales. La tribu es fea, mírese como se mire, y atrofia los genes a la larga, es natural.
Recorro las hermosas plazas la iglesia que, dicen, tiene un trapo con sangre de Cristo, y un guía locuaz nos va contando la historia de la ciudad. Y vemos los cisnes trasegar en los estanques y bebemos una cerveza que tiene que ser la mejor del mundo y llega un momento en que la gaseosidad de la ciudad o de mi mirar la ciudad crece de tal modo que no sé si la ciudad es la ciudad o es su reflejo en el agua.

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Bélgica (1)
Aterrizamos en Bruselas y alquilamos una máquina asombrosa que nos permite ir a gran velocidad por una carretera espaciosa y aquí estamos, en Brujas. Y digo asombrosa porque a mí no deja de producirme una sensación de infantil asombro una máquina así. Tantas piezas conduciéndose con la mayor precisión y nosotros confortablemente instalados a salvo de los elementos e incluso podemos (lo permite la máquina) regular la temperatura a nuestra voluntad. No me digan que no es asombroso.
Salimos a cenar. La noche fría y algo gaseosa y el vino limpio. Yo pido sopa de pescado y faisán, que no lo he comido nunca. Faisán. Allá en la pavorosa cuando uno conseguía alzarse hasta el cuerpo de una mujer hermosa los amigos te decían: estás comiendo faisán. Así que toda mi vida he pensado que el faisán es el manjar máximo. Y ahora cuarenta años después estoy sentado en un restaurante en Brujas y como al fin faisán.
Y es como si me regresaran todos aquellos cuerpos otra vez a la boca.

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Veo en un video que me mandan a los pequeños abreu en Miami abriendo regalos. Crecerán libres y fuera del alcance de la grosería de la isla. Ningún esbirro fidelista disfrazado de maestro los adoctrinará. No pasarán hambre, tendrán ropa y zapatos y se les tratará con respeto y se premiarán los méritos que obtengan su esfuerzo y su talento, no su sumisión o su fanatismo. Serán, ya son, ciudadanos de un país libre. Yo aún recuerdo la primera vez que, apenas bajado del bote en Key West, alguien me llamó señor y se me escaparon unas lágrimas. La que hay de compañero a señor, esa es la distancia entre un esclavo y un hombre libre.
No miren el pasado, les digo, nosotros los del pasado nos sacrificamos para que ustedes puedan ser lo que deseen y lo único que pedimos es que sean dignos de ese sacrificio. Que no se rindan a la pereza o a los obstáculos que acarrea la persecución de la excelencia. Que no se detengan. ¿Ha sido difícil para nosotros, sus padres, sus abuelos? Lo ha sido. Mucho. Es verdad.
Tanto, que en estos días crece en mi jardín un árbol de victoria, pero también un árbol de asombro.

2286
Yo antes era antimonárquico. La monarquía me parecía (y me parece) un artefacto absurdo y obsoleto lo de la sangre azul y los privilegios por nacimiento y todas esas chorradas. Pero. Con el ascenso de la chusma fidelista en España, soy cada vez más partidario y cada vez más defensor de la MONARQUÍA ESPAÑOLA. No tiene nada que ver con la monarquía en sí, tiene que ver con la estética.
Ante la vulgaridad organizada, la suciedad coleta, la zafiedad orgullosamente enarbolada y el subnormal discurso de las juventudes, hay que atrincherarse en la estética.

2285
Hoy es Nochebuena e iremos a cenar con los amigos. Digo es Nochebuena pero es una manera de hablar la Nochebuena era la de mi padre y mi madre bailando en el patio y lo demás un sucedáneo. Lo que no quiere decir que no lo vaya a pasar bien, y a babear como se debe ante las bellezas femeninas que entibiarán (qué digo, calentarán) la velada. Hablaremos de la pavorosa pero sobre todo de la pulsión suicida, es decir populista, de la sociedad española, porque ya somos de aquí y eso nos interesa más. Miraré otra vez embelesado el grabado de Goya y tendré la preciosa sensación de estar a salvo. Que para gente como yo significa estar lejos del lugar donde nací y fuera del alcance de los asesinos que allí gobiernan.
Y seré feliz, naturalmente, que para eso escapé del infierno, pero sobre todo seré libre, que es a fin de cuentas lo más importante.

2284
Releo a mi admirado Paul Johnson y encuentro esto tan brillante y que tanto explica la actual situación española y sobre todo explica la conducta de los jóvenes votantes españoles: “Existe el mito de que las universidades son custodios de la razón. A decir verdad, son invernáculos donde florece el extremismo, la irracionalidad, la intolerancia y el prejuicio, donde el esnobismo social e intelectual se cultiva casi deliberadamente y donde los profesores procuran contagiar a sus estudiantes su propio pecado de orgullo. La maravilla es que tanta gente salga de esos antros con capacidad para encontrar trabajo”.

2283
Me pasa algo extraño pinto sin darme cuenta dos veces a uno de los fusilados. Tengo muy bien organizado el trabajo y no me había pasado. Pero. Ahí están, dos retratos de Sixto Linares Rodríguez. Por un momento he pensado en destruir uno, pero estuve mirándolos un rato y la verdad es que ambos me gustan. Así que voy a conservarlos los dos. Puedo elegir uno de ellos si alguna vez se exhibe 1959, ponerlos uno al lado del otro ¿por qué no?














