2790

Bélgica (2)

En Rozenhoedkaai nos detenemos cada vez que salimos del hotel, es inevitable, a ver el árbol. Es un árbol muy viejo y le han puesto unas enormes bombillas como fanales de un navío de los tiempos del esplendor de Brujas y las ramas del árbol como sollozantes, pienso, caen sobre el canal. Parecen tetas incandescentes. Pero a mí cualquier cosa más o menos esférica me parece una teta, téngase en cuenta.

A dos pasos, por Wollestraat, está la famosa pared de las cervezas algo curioso de ver, este es un país donde hay casi 1500 marcas de cerveza y cada una de ellas tiene su copa o vaso correspondiente. A eso llamo yo esplendor burgués. La burguesía es el estado superior de cualquier sociedad antes o después de ella sólo hay grosería y barbarie. Es lo que pasa en Cataluña, llámenlo como quieran, pero lo que pasa en Cataluña es el resultado de la decadencia de la burguesía catalana. Burguesía bruta que odiaba a Gaudí, es verdad, pero que también lo financiaba y a fin de cuentas gran burguesía.

Voy repasando al personal femenino el único que importa pero salvo un par de vikingas de siete pies y pelazos, nada que destacar. No es una ciudad de mujeres hermosas Brujas, hasta donde alcanzo a ver, a causa supongo de cómo se han atrofiado, fisícamente hablando, los belgas con sus delirios tribales. La tribu es fea, mírese como se mire, y atrofia los genes a la larga, es natural.

Recorro las hermosas plazas la iglesia que, dicen, tiene un trapo con sangre de Cristo, y un guía locuaz nos va contando la historia de la ciudad. Y vemos los cisnes trasegar en los estanques y bebemos una cerveza que tiene que ser la mejor del mundo y llega un momento en que la gaseosidad de la ciudad o de mi mirar la ciudad crece de tal modo que no sé si la ciudad es la ciudad o es su reflejo en el agua.

Comentarios

© Juan Abreu, 2006-2019