Estampas

445

Un opositor plantea un pulso a muerte. Mediante una huelga de hambre. A muerte. Basta ya de perder la vida huyendo, basta ya de morir en los términos del régimen.

No. En mis términos. Sentémonos frente a frente, y es a muerte. Eso fue lo que dijo Orlando Zapata Tamayo.

Una huelga de hambre a muerte es poner la vida en juego para reivindicar nuestros principios y exponer la bajeza y la crueldad del enemigo. Digámoslo: es una batalla. Orlando Zapata Tamayo fue a la batalla. Murió en combate.
Qué hombre valiente.

Además de ganarse el respeto de los libres, tal vez, también señaló el camino: el pulso con el régimen ha de ser a muerte.
¿Alguien piensa realmente que la dictadura cubana va a caer sin que se pongan sobre la mesa un montón de muertos?

Sí, sí, ya sé. Pero los cobardes que escapamos también tenemos derecho a opinar. Faltaría más.

Los Castro llevan cincuenta años matando a sus enemigos; siempre en sus términos. ¿Y si Orlando Zapata Tamayo hubiera cambiado ese escenario?
Sería muy grave para la dictadura, porque la dictadura sólo puede sobrevivir en ese escenario.

Otro opositor, Guillermo Fariñas, ha decidido seguir el ejemplo de Zapata. Asume el pulso a muerte. Hay una enorme cantidad de decencia y dignidad en una actitud así.

444

Todavía hay nieve en el patio. Nueve pájaros en el comedero. Saco la nariz. No al patio sino al manicomio mundial. A ver a ver. Lo primero que percibo es el zumbido de los grotescos políticos catalanes. En cualquier país serio sus excelencias serían repartidores de pizza o fontaneros, pero aquí son los que mandan. Y cómo lo hacen. La nevada, que apenas duró un día, nos envió directamente al medioevo. Ni transporte, ni luz eléctrica, caos general mientras sus excelencias viajaban, engordaban sus famosos culos y se hacían fotos junto a una recién liberada mujer que repartía comida en tierra hostil donde la secuestraron los amantes de Alá.

El gobierno español ha pagado dos millones de dólares a estos señores para que la suelten y de paso financiarles los nuevos atentados y secuestros.
Qué bien. La Alianza de Civilizaciones. Yo te secuestro, tú me pagas, yo compro mejores armas tú sigues pagando yo vuelvo a secuestrar tú vuelves a pagar. Y no sólo no me bombardeas sino que condenas a los que lo hacen. Mundo zapatético.

Abajo el Imperialismo.

Desde Afganistán reportan que las tropas españolas no colaboran con las norteamericanas. ¿Y por qué iban a hacerlo? Son tropas españolas pero también son y ante todo tropas zapatéticas.

Abajo el Imperialismo.

Y para no salirme de Afganistán… qué oportunidad perdida. Ahmadineyad visitó el país ayer y los norteamericanos no derribaron su avión. Dos o tres maravillosos marines, un misil tierra aire, eso era todo lo que hacía falta. Pero nada. La ingenuidad los perderá.

No negaré que husmear en el manicomio me produce cierto placer.

A ver, a ver. Oh, he aquí al hermano del Papa, Georg Ranzinger, que abofeteaba a los niños del coro mientras sus cofrades los sometían a prácticas sádicas y pederastias varias. Hombre de Dios, ¿es acaso culpable de que los niños del coro sean tan guapos, tan irresistibles? Pido un poco de compasión cristiana.
¡Los Pequeños Gorriones de la Catedral de Ratisbona! Así llaman a los niños del coro. Todo muy maricón, la verdad. Tengamos en cuenta que los gorriones no cantan.

Y más allá veo a Bosé. Siempre me ha parecido una pájara divertida Bosé. Canta como un chacal malenculado. Pero. Hubiera hecho un dineral (todavía está a tiempo) vendiendo sus canciones a empresas que organicen safaris. Nada como una canción de Bosé para espantar a cualquier hiena, león, cocodrilo del Nilo u otra bestia semejante. Te regalo la idea, querida. Después no vayas por ahí diciendo que no te queremos.

Sí. Salgo en defensa de Bosé. Bosé es un incomprendido. Bosé padece mal de amores. Pobrecillo. Un negro descomunal es un negro descomunal y su impacto no se supera así como así. Piensen en el culito pálido de Bosé. Piensen en la verga monstruosa de un Bartolo cualquiera. Ahí lo dejo. Pero les pido que sean compasivos con Bosé.

Abajo el Imperialismo. Viva Fidel.

443

Leo en el diario provincial que un neurólogo polaco cuestiona un milagro atribuido a Juan Pablo II. Y hace falta un neurólogo. Panda de pederastas oscurantistas.
Santo cielo. La bendita atmósfera quiero decir, que de tantas cosas nos protege.

Pero eso sí, que nadie lo dude, existen los milagros.

Por ejemplo que yo lleve cincuenta y siete años siendo cubano sin explotar de vergüenza.

442

Salgo. La noche tersa. El peso de la nieve ha roto una rama del olivo. Que ya no es olivo sino mastodonte bruñido. El manzano el limonero el naranjo son seres gibosos que no dejan de crecer. Cae gruesa y límpida. El aire es humo y cristal. Camino hasta el fondo del patio, hundo las manos, busco a tientas la pértiga de limpiar la piscina. Cuando la encuentro danzo como uno de los niños perdidos, aúllo como un piel roja. Las ramas se doblan hasta el suelo. Sacudo, golpeo. Hasta que libero al buen olivo. Pero que coño se ha creído esta cabrona nieve, digo.

441

Nieva.

440

El origen del mundo, de Gustave Courbet. Qué chocho, pensé, la primera vez que me lo eché a la cara en el Museo de Orsay.

La historia de los avatares protagonizados por el cuadro merece sin duda un libro. Lo estoy leyendo. Su autor es Thierry Savatier. Bien documentado y ameno.
Condesas furcias (¿no lo son todas?), moralistas, censores, aristócratas sifilíticos, gozadores de profesión, Masson, Dora Maar y hasta el reseco Lacan orbitan como animalitos prisioneros del courbet maldito.
No se sabe a quién perteneció el divino chocho. ¿Joanna Hifferman; pelirroja, modelo y amante de Whistler y Courbet? ¿Jeanne de Tourbey, puta divina? ¿Una fotografía de Belloc?
En cualquier caso, qué coño.

El cuadro, puesta la última pincelada, se convirtió en víctima de la moral. Y comenzó la persecución.

Después de venderse en secreto, el chocho bellísimo recaló en Hungría. Son del mayor interés las bien documentadas páginas que Savatier dedica a los saqueos del Ejército Rojo. En cuanto “liberaban” a un país de los nazis, los libertadores rusos se dedicaban a desvalijarlo.
Estos robos afectaron especialmente a… los judíos. Dos buenos bandidos antisemitas, Stalin y Hitler.

Comprado a los ladrones por su legítimo dueño que huía esta vez del antisemitismo ruso, El origen del mundo, regresó a Francia en 1946.

Siempre oculto detrás de pudibundas cortinas o de cuadros inocuos y sólo a la vista de selectos “depravados” el divino chocho no pudo ser exhibido en público hasta 1988, ¡más de ciento veinte años después de haber sido pintado!

Ah, la moral.

Dígalo usted monsieur Balzac: Aquel que moraliza no hace más que mostrar sus llagas sin pudor.

439

La novela es una huida. Dijo el periodista Kapuscinski. Muy bonito. También fue chivato de los servicios de inteligencia de la Polonia comunista. Dice Artur Domoslawski, su biógrafo, que Kapuscinski “colaboró con el espionaje polaco mientras fue corresponsal en América Latina y Africa”. Pero añade que lo justo es “contextualizar”.
Oh, contextualizar. Me encanta contextualizar.
Imaginemos que Kapuscinski, en vez de “creyente en el socialismo” era “creyente en el nazismo”. Y sirvió de informante para la Alemania nazi. ¿Se hablaría de pecado? Hummmm. Más bien creo que se le consideraría un maldito nazi.

No hay nada que contextualizar.
Ahora sabemos cómo obtenía los permisos para viajar. Informaba.

Aquí tiene el informe mi comandante. No olvide que ya voy necesitando su permiso para el próximo viaje.

Eso no mitiga la importancia de su obra.
Pero.
¿Sobre qué informaba? ¿Sobre quienes?

Qué fácil es contextualizar a costa de anónimas víctimas.

438

Trato de leer en el tren. Dos parlotean. Lo entiendo todo. Es horrible. Lo ideal es vivir en un lugar donde uno no entienda lo que habla la gente. Cuando llegué, sólo tenía que soportar los parloteos en español, pero ahora entiendo también los parloteos en catalán. Espantoso. Tendré que mudarme a un sitio donde no comprenda lo que hablan los demás. ¿China? Pero quién coño quiere vivir en China.

Llueve en Barcelona. A las puertas del Zurich una ninfa disfrazada de lolita japonesa. Gorro de Kitty, botas rosa, encajes, medias a rayas, ojos de chupar y boquita de. Mejor lo dejo. Estoy preparando una librería. La instalaré en este blog. Me reúno con la persona que se ocupa del asunto. Una muchacha contundente. Como debe ser. Me devuelve Gimnasio y Cinco cervezas. Ya están listos los pdf. Subo a la FNAC. Compro los Cuerpos divinos de Cabrera Infante. Y una película sueca. ¿Suecia? Allí no entendería un carajo. Pero es un clima sólo apto para osos polares.

De regreso, hojeo Cinco cervezas. Ya no me acuerdo de casi nada. Bla, bla, bla, bla. Pero encuentro este filosófico trozo:

La causa principal de mi trauma incurable, he llegado a esa conclusión, es haber estado tantos años limpiándome el culo con el periódico Granma. He meditado mucho al respecto. No crean que es una conclusión a la que he arribado a la ligera. ¿Quién con Ho Chi Ming, Lenin, Fidel Castro, La Pasionaria, el Che Guevara, Raúl Castro, Nicolás Guillén, los Vitier, Vilma Espín, Barnet, Retamar, Blas Roca, Pabo Milanés, Alfredo Guevara, Angela Davis, García Márquez, Silvo Rodríguez, Sara Gómez, Alicia Alonso, Benedetti, Saramago, Rosita Fornés y todos los demás asesinos, censores, delatores, colaboradores, oportunistas y canallas tan cerca del culo, inoculándole sus infecciones ideológicas a través del mugroso, áspero papel del órgano del Partido Comunista de Cuba no estaría totalmente culotraumatizado?

El trauma incurable del personaje es no poder limpiarse con otro papel que no sea el del Granma. Culo granmático. ¡Y está en Miami! ¿De dónde va a sacar en Miami papel del Granma? Afortunadamente, encuentra material con semejante nivel de infección anoideológica en un mamotreto de Manuel Vázquez Montalbán.

Suben dos y su hedor a tabaco. Comienzan a parlotear.
Cierro el libro.

Reinaldo tenía razón, el mundo es inhabitable.

437

Siempre la tengo tiesa al amanecer. Puede llegar a ser molesto.
Pero.
Si amanezco con la polla como el garrote de un torturador castrista, pienso en el actorcillo Toledo.
Si amanezco con la polla como el lanzacohetes de un terrorista palestino, evoco el espeluznante semblante de la Torres.

Y se me desinfla al instante.

Qué sería de mí sin la progresía española.

436

Vall de Boí. Amanece y nieva. Es la segunda vez que me pasa. Abro los ojos y ahí está. Silenciosa contra la montaña. Un trozo de árbol negro. La ventana. En la lejana ladera dos brumosos caballos. Permanezco inmóvil, boca arriba, la cabeza ladeada, la polla a punto de reventar.
Ya no salgo a revolcarme en la nieve.

« Anteriores

Comentarios

© Juan Abreu, 2006-2010