Estampas

1884

DAVID SYLVESTER: Por supuesto, la confianza en el azar es algo que parece empapar toda tu vida. No hay duda de que resulta evidente en tu actitud hacia el dinero. Cuando nos conocimos, no ganabas gran cosa con tus cuadros, pero, incluso entonces, en cuanto vendías uno te dedicabas a comprar champán y caviar para todos los que estuviesen a mano. Nunca te echabas atrás. Nunca tuviste la menor cautela.
FRANCIS BACON: Bueno, eso se debe a mi voracidad. Tengo voracidad de vida, y soy voraz como artista. Tengo voracidad de lo que espero que pueda darme el azar, creo que puede darme mucho más de lo que pueda calcular lógicamente, y es en parte mi voracidad lo que me ha hecho lo que se llama vivir por azar… voracidad de comida, de bebida, de estar con personas que me gustan, de la emoción que producen las cosas que suceden, y creo que también es aplicable a mi trabajo. Sin embargo, cuando cruzo la calle, miro bien a ambos lados. Porque, con mi voracidad de vida, no me la juego como si quisiera también que me matasen, como hacen algunos. Porque la vida es muy corta y, mientras pueda moverme y ver y sentir, quiero que la vida continúe existiendo.
SYLVESTER: Tu gusto por la ruleta no incluye, digamos, la ruleta rusa.
BACON: No. Porque para hacer lo que quiero hacer he de seguir viviendo, mientras pueda. El otro día alguien me hablaba sobre De Staël, me decía que la ruleta rusa era para él una obsesión, y que solía lanzarse en coche por las curvas de la carretera de la costa, de noche, a una velocidad tremenda, en dirección contraria, para ver si podía evitar la cosa o no evitarla. Sé como se supone que murió; se cree que se suicidó por desesperación. Pero para mí la idea de la ruleta rusa sería fútil. Además, nunca tuve eso que se llama arrojo, en ese sentido. Sé bien que el peligro físico puede resultar muy emocionante. Pero creo que soy demasiado cobarde para andar cortejándolo. Y además, como quiero seguir viviendo, y como quiero perfeccionar mi obra, por vanidad, podríamos decir, he procurado seguir viviendo, he procurado existir.

1883

FRANCIS BACON: En las pinceladas de Rembrandt está todo el expresionismo abstracto. Pero Rembrandt intentaba además registrar un hecho, y por eso lo considero mucho más emocionante y mucho más profundo. Una de las razones de que no me guste la pintura abstracta, o de que no me interese, es que creo que pintar es una dualidad, y que la pintura abstracta es algo totalmente estético. Siempre se mantiene a un nivel. Sólo se interesa en la belleza de las líneas y las formas. Es bien sabido que la mayoría de los hombres, sobre todo los artistas, tienen grandes sectores de emoción indisciplinada, y creo que los pintores abstractos piensan que en esos trazos que hacen, captan todos esos tipos de emociones. Pero a mi juico captar de ese modo da unos resultados demasiado débiles para que puedan transmitir algo. Mi opinión es que el gran arte es profundamente ordenado. Aunque dentro del orden pueda haber cosas enormemente instintivas y accidentales, creo que nacen de un deseo de ordenar y de llevar el hecho al sistema nervioso de un modo más violento. (…) En fin, yo creo que el arte es registro; creo que es información, y creo que el arte abstracto, como no hay información, no hay más que la estética del pintor y sus escasas sensaciones. Nunca hay tensión en la obra.
DAVID SYLVESTER: ¿No crees que pueda transmitir sentimientos?
BACON: Yo creo que puede transmitir sentimientos líricos muy diluidos, porque creo que eso puede hacerlo toda forma. Pero no creo que pueda transmitir realmente sentimiento, en el mejor sentido de la palabra.
SYLVESTER: ¿Quieres decir con eso sentimientos más específicos y más directos?
BACON: Sí.
SYLVESTER: Dices que le falta tensión, pero, ¿no crees que determinado tipo de visión que el espectador tiene del arte pueda quedar alterado por un cuadro abstracto, de modo que pueda engendrar tensión?
BACON: Creo que es incluso posible que el espectador pueda penetrar más en un cuadro abstracto. Pero, en realidad, cualquiera puede entrar más en lo que se llama una emoción indisciplinada. Porque, después de todo, ¿a quién le encanta más un desastre amoroso o una enfermedad que al espectador? Puede penetrar en esas cosas y sentir que está participando y actuando en el asunto. Pero por supuesto eso nada tiene que ver con lo que es el arte. Tú me hablas ahora del acceso del espectador a la representación, y yo creo que en el arte abstracto quizá pueda entrar más, porque lo que le ofrecen es algo más débil con lo que tienen que combatir.
SYLVESTER: Si los cuadros abstractos no son más que una especie de patrones, ¿cómo explicas el hecho de que haya gente como yo, por ejemplo, que experimenta el mismo tipo de reacción visceral ante ellos, a veces, que ante obras figurativas?
BACON: Moda.
SYLVESTER: ¿Eso crees realmente?
BACON: Creo que sólo el tiempo es juez de la pintura. Ningún artista sabe durante su vida si lo que hace valdrá siquiera numéricamente, porque creo que han de transcurrir por lo menos de setenta y cinco a cien años para que la obra empiece a separarse de las teorías que se han tejido a su alrededor y yo creo que la mayoría de la gente penetra en un cuadro por la teoría que se ha tejido a su alrededor y no por lo que el cuadro es. La moda te indica que determinadas cosas deben conmoverte y otras no. Esa es la razón de que incluso artistas que han triunfado (sobre todo los que han triunfado) no tienen la menor idea de si su obra vale o no, y no llegarán a tenerla nunca.

1882

Periódicamente, leo el libro de entrevistas de David Sylvester al pintor Francis Bacon. Un libro que tengo siempre cerca y que de vez en cuando abro por aquí o por allá. Los pintores por lo general son bastante brutos y suelen expresarse mal, sobre todo cuando hablan de su obra. Pero. Bacon. Hoy, domingo veintiocho de septiembre, día gris que sigue a una deliciosa noche de amistades aumentadas, pintaré un poco pero sobre todo estaré sentado en el estudio oyendo a Bacon con una admiración casi reverencial.

1881

Lo de Playa Girón está resultando muy inspirador. Ahora he dibujado una figura cuyas extremidades inferiores, digamos, son un tanque de guerra y las superiores un bartolo o guerrillero no estoy seguro y el cañón del tanque de esta especie de grifo o esfinge es un pito laxo. Y casi sin levantar el lápiz del papel a continuación dibujé al Líder, véanlo a cuatro patas enculado por un tanque de guerra que tiene la escotilla abierta de la que emerge un Hombre Nuevo Cubano siempre rastrero y cobarde y siempre abusador y lameculos. Son escenas de aire bélico, en el sentido de farsa que tiene lo bélico relacionado a la Revolución Cubana.

En lo bélico hay una nobleza al menos literaria y cinematográfica mientras que en lo bélico revolucionario lo que hay es miseria moral y tortura y una legión de fotógrafos lameculos lamiendo el culo al Líder y construyendo una historieta supuestamente heroica que resulta fundamental para mantener esclavizados a los esclavos del Líder, más conocidos como Pueblo.

Será un gran placer pintar es decir insuflar un poco de verdad en estas tan veneradas mamalonadas revolucionarias.

1880

Al despertar esta mañana no más abrir los ojos pensé que si el arte no es de alguna manera insulto no es arte es sólo pajilla insustancial y vanidad.

1879

De pronto me ha dado por pintar otra Victoria de Girón que es uno de mis temas recurrentes. Ese momento en que, dicen, el Líder saltó de un tanque de guerra en Playa Girón y Sabina, Saramago y toda la progresía intelectual musical periodística y de a pie española y mundial sintió que se le humedecía el culo. No doy tanta importancia a la progresía intelectual musical periodística y de a pie española y mundial siempre culohúmeda ante el Líder Revolucionario, como para meterla en mi cuadro, pero a veces contemplo la posibilidad de que aparezca algún culohúmedo flotando por ahí o arrodillado adorando al Líder. Ya se verá.

En esta versión, que es alegrilla y hasta con algún tintineo y el fondo amarillo canario, el Líder está como es lógico ensartado por el cañón del tanque y agita una banderita pavorosa (cubana, se entiende). La panza del tanque es morada y las esteras negras y el ojete del Héroe (el Líder) es color magenta.

Creo que la PERIFERIA va llegando a su fin y que se aproximan los tiempos del cuadro gigante.

1878

La estupidez es general y creciente si de algo podemos estar seguros es de eso. La peste nacionalista es cada día más grotesca y lógicamente más popular. La tribu va en ascenso e impone lo más vulgar y lo más chusmeril y como si fuera poco la patochada de los dioses en vez de desaparecer gana terreno véase el oscurantismo asesino musulmán como avanza y va conquistando Europa mientras los europeos, que son mayormente culosgordos suicidas, dan la bienvenida a la invasión y ni siquiera piensan en defenderse están demasiado ocupados con el multiculturalismo o cualquier otra imbecilidad.

A veces pienso en huir otra vez. Pero.

1877

Doy mucha importancia al disfrute de las pequeñas felicidades, la Gran Felicidad no existe lo sé hace mucho tiempo: las pequeñas felicidades son las únicas que existen (Sábato). Y ya que hablo de esto me gustaría decir que una amiga rubia y esbelta me mandó el otro día una foto que se hizo tumbada con un pecho al aire y una expresión audaz y esa fue una de las mejores pequeñas felicidades de las que disfruté ese día.

1876

Los días comienzan a ponerse grises y literarios y un poco tristes y trato de concentrarme y adelantar el trabajo y de paso, entretenerme un poco, que es tan importante. Tengo dos cabezas pendientes y tal vez esta tarde me dedique a ellas. También me falta un chocho para completar la serie. Serán diez. A no ser que se presente algún otro irresistible, y haya que pintarlo. Un chocho libre, naturalmente. Los chochos con su dueño cejijunto que muestra sin pudor alguno el certificado de propiedad, no me interesan. Suelen ser chochos afligidos a causa de la esclavitud indecente que padecen y yo prefiero pintar chochos libres y alegres.

1875

El estudio, septiembre. (Con los bartolos).

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