Estampas

2033

Miami (11)

Paso cerca del cementerio donde descansan, es un decir, los restos de Lydia Cabrera. Cuántos saben hoy en Miami (para no hablar del basurero isleño) quién fue Lydia Cabrera. Cuántos han leído sus libros. Cuántos recuerdan su rostro como lo recuerdo yo. En qué medida morirá aún más Lydia cuando yo muera. Todo eso me voy preguntando.

Un día me dijo sentados en su salita en su luz gruesa y dorada lo único que hay es el trabajo y saber eso me ha ayudado mucho a vivir.

Mañana vuelvo a casa y recuerdo que antes y durante muchos años cuando regresaba a Miami pensaba: vuelvo a casa.

Pero ya no.

2032

Miami (10)

Paro en Flagler y la 57 a comerme un tamal y unos tostones y para beber pido un jugo de mamey. Siempre vengo aquí cuando estoy en Miami mi cerebro reclama ciertos sabores y olores qué le voy a hacer. Llega una negra espléndida casi líquida tetona y con el culo enorme y se sienta en la mesa de enfrente y cuando se ríe se le mueven las tetas y se le mojan los dientes y enseña la lengua quién pudiera meter la polla ahí pienso y eso me anima bastante la verdad.

2031

Miami (9)

Qué queda de aquel Miami de mi llegada en 1980. Naturalmente, nada. Uno dice la vida y alimenta la ilusión de que es un flujo ordenado y estable e incluso alimenta la ilusión de que hay una historia pero la vida es un fulgor que sin pausa se disipa sin más. Se disipa y nuestro cerebro fabrica versiones siempre inexactas, construcciones pinturas químicas pero el fulgor que es la vida se ha ido sin remedio; esa ilusión organizada por nuestro cerebro es necesaria lo admito, evolutivamente hablando, ¿quién podría sin enloquecer existir en un fulgor centelleante que se devora incansable a sí mismo?

Volveré a los retratos, lo he comprendido aquí, y terminaré es muy probable pintando el gran retrato de mi madre de aquella historia de cruel venganza que escribí hace años.

Es decir que seguiré tejiendo la vana historia de lo que he sido y todavía soy en el absurdo fulgor.

2030

Miami (8)

Compro lo necesario y pinto un retrato del joven y apuesto abreu. El pelo como una cresta tupida y verde el fondo y la piel rosa y naranja. Lo pinto muy rápido atendiendo exclusivamente al ritmo e ignorando lo demás. Tiene los labios gruesos el joven abreu y la nariz del clan y los ojos de un castaño arbóreo y las cejas anchas. Y amarillo en la frente y en la punta de la nariz.

2029

Miami (7)

Llevo el coche bello y poderoso hasta Miami Beach y estaciono y me acerco al agua. Trabajé aquí cerca de lavaplatos en la cocina de un hotel en 1980 y recuerdo las calles solitarias de las madrugadas de aquellos días. Más tarde encontré trabajo en un pequeño supermercado en Española Way, y allí ascendí hasta carnicero antes de marcharme a California. Aquella Miami Beach de viejitos judíos retirados y esta Miami Beach anal bleaching y con los huevos depilados.

Miro el mar. Este es el mar. Si el agua no está tibia no es el mar. El mar ha de ser maternal y un mar helado no es maternal lo maternal es lo tibio como se sabe. Y está lo del color. Ese verde maravillado y cómo, cuando alcanza cierta profundidad se convierte en un azul acogedor.

Después camino, mirando culos pasar, hasta el lugar donde estuvo el estudio del pintor Carlos Alfonzo. Cuando venía a verlo solíamos ir a comer a un timbiriche que estaba en Collins Avenue donde yo siempre pedía arroz con frijoles negros tostones y pescado frito y bebíamos cerveza mirando culos pasar.

2028

Miami (6)

Vengo al cementerio a traerle unos girasoles a mi madre. Por estos días se cumplen veinte años de su muerte. Veinte años. Ni un sólo día de esos veinte años he dejado de pensar en mi madre. En mi cerebro aparece saludable y hasta luminosa. Puedo escuchar su voz en mi cerebro. Puedo escuchar su risa.

Suele decirse que los muertos viven en la memoria de quienes los querían y sobreviven, pero no es verdad. Vivir es una experiencia personal e intransferible y lo que hace nuestro cerebro con los que han muerto está bien es un consuelo pero nada más. No hay resplandor ni almas sólo química.

Los hijos nos recordarán no digo que no pero ya en nuestros nietos comenzará la gran nada.

Y así iremos desapareciendo.

2027

Miami (5)

Y no sólo hay que lamentar la ausencia de una industria cultural cubana en Miami, también está lo otro, que es aún peor. El lado tenebroso, digamos, de nuestro fracaso. Viajo de aquí para allá en un coche bello y poderoso y voy mirando y es espeluznante ver ese lado tenebroso de nuestro fracaso. Y es que Miami se ha convertido en una inmensa factoría (Díaz de Villegas) al servicio del fidelismo y en muchos casos una factoría administrada por la policía cubana, una factoría dedicada a esquilmar y a ordeñar a las víctimas del castrismo que se han convertido en una pieza fundamental de la maquinaria que mantiene en el poder a la dictadura.

Viajes a Cuba, paquetes a Cuba, dinero a Cuba, hasta muertos llevan para Cuba, quién puede desear que lo entierren en ese estercolero, pienso, pero hay miles de cubanos que quieren, a juzgar por lo floreciente del negocio. Es decir que te expulsan de tu país después de robártelo todo y llegas al exilio y te pones a trabajar como un burro para mandar dinero a la dictadura que te esclavizó echó robó humilló y envileció. Y regresas, además, en cuanto te lo permite el dictador, como un perro a olisquear ansioso el culo del dictador.

Y cuando llegas al final de tu vida, lo que te preocupa es mandar más dinero a la isla estercolero para que te entierren allí donde tanto te jodieron en ese estercolero al que sigues atado como un miserable esclavo.

2026

Miami (4)

Paso por donde están construyendo el Museo Cubano. Una gran cosa que estén construyendo este Museo Cubano pero al mismo tiempo una vergüenza. Cincuenta años de exilio e incontables cubanos multimillonarios y esto. Debería ocupar un espacio tres o cuatro veces mayor y tener al menos cinco plantas y haber llamado a Frank Gehry o a Zaha Hadid para diseñarlo. Pero nunca nos ha interesado la cultura salvo mover el culo que eso es para nosotros la cultura. Ya Lezama se tenía que publicar sus libros y Víctor Manuel y Ponce se morían de hambre y aquí Leandro Eduardo Campa gran poeta fue un homeless y se pudre en una tumba sin nombre y Guillermo Rosales vivía en un boarding home. No hay aún una gran editorial cubana en Miami como se sabe y las páginas culturales en los diarios en español prácticamente no existen.

En Cuba es una obviedad decirlo no hay ninguna cultura porque cómo va a haber una cultura de lameculos: una cultura de cobardes y lameculos no es una cultura. La esperanza de la cultura cubana era Miami.

Aquí en Miami tuvimos la oportunidad de demostrar que éramos mejores y que el dolor algo nos había enseñado. Pero.

2025

Miami (3)

Estoy en casa de mi amigo Prado, gran coleccionista y encuentro mis cuadros de hace treinta años en una pared. Dos acuarelas y un dibujo. No una pared cualquiera. Una pared junto a varios importantes pintores cubanos. Ya no recordaba estos cuadros y verlos me produce una escamosa felicidad y un gran desconcierto. Porque es como si hubieran alcanzado una independencia que me excluye, que borra incluso mi memoria de haberlos pintado un día.

A fin de cuentas parece que Paglia, como de costumbre, tiene razón: La belleza es el permiso para vivir del objeto artístico. El objeto existe por sí mismo, como un dios. La belleza es la luz interior del objeto artístico. Esto nos lo dicen nuestros ojos. La belleza es nuestra válvula de escape de la lóbrega envoltura de carne que nos aprisiona.

Después, Prado, siempre tan gentil, me lleva a ver un Mijares y dos Servando Cabrera que ha comprado hace poco y que están en el taller del restaurador. Hay gente que piensa que Mijares es un pintor menor, pero un cuadro como este no puede pintarlo un pintor menor. Un pintor irregular, Mijares, sí, un pintor que pintó mucho para vender sí, pero no un pintor menor. Los desnudos de Servando Cabrera, uno típico, pero el otro excelente con su pinga larga y traslúcida y contemplándolo pienso otra vez en que es una desgracia que la pintura sea en general tan mojigata y los pintores y los coleccionistas y los museos tan hipócritas y tan cobardes.

2024

Miami (2)

Las pequeñas abreus una pelirroja y otra morena y la nariz del clan. Ya había olvidado ese olor el olor de lo nuevo y el vigor de los cabellos. La pelirroja grita I´m here!!! como si no fuera evidente y sólo se deja hacer fotos con la lengua afuera. La casa también es nueva y ya es asombroso ¿no? que el hijo de un marielito al que le robaron todo los fidelistas al salir de Cuba se compre una hermosa nueva casa con su trabajo es decir con su libertad. Para conseguírsela escapamos. La libertad es el bien supremo. Si no hubiéramos escapado ahora serían qué horror unos yokandros o unas yurislaidys. Yo nunca pude comprarme una casa y por vivir he vivido hasta en un garaje pero mi hijo. Y esas pequeñas abreus y el otro abreu que ya tiene quince años espero que puedan en el futuro comprarse un palacio y un barco lo que se gana y lo que se posee es muy importante. La apología de la austera dignidad de la pobreza es una de las estupideces más dañinas jamás inventadas. Uno es lo que tiene y lo que deja y los genes van culturalmente enriquecidos por el tesoro de la posesión.

Y la cosa va marchando porque cuando le preguntas al joven y muy apuesto ciertamente abreu que hará qué será en el futuro dice que rico y que fundará empresas y lo dice muy serio.

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© Juan Abreu, 2006-2011