Estampas

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Ayer me levanté sólo una vez a orinar de madrugada y como estoy durmiendo abajo, por la cama, que me viene mejor para la recuperación, no pude ver la ballena. La mayoría de las veces no me acuerdo de ella cuando me levanto a orinar, pero ayer sí. Tentado estuve de subir a ver si estaba. Pero. Ahora que lo pienso si me asomara por la ventana de la habitación de abajo tal vez podría ver su resplandor por encima de la cerca o por sus intersticios. La verdad es que añoro a la ballena. Menos mal que todo lo humanizamos si no fuera así no podría tener esta relación tan cercana casi amorosa con la ballena. Yo que detesto los mares fríos. En realidad el mundo sin nosotros para humanizarlo sería un lugar sin sentido y un lugar desolado.

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Hay un muro gris que oculta las montañas y es como el corte de una filosa herramienta a lo largo de todo el horizonte. Ayer y hoy he escrito un poco en la novela miamense que la tenía abandonada y me he prometido (es un decir) terminarla este año. Ese filo nublado y su manera de cortar el horizonte juega a favor de mi escritura, pienso, no sé por qué. Tengo junto al teclado el volumen de cuentos de Perrault con las ilustraciones tan bellas de Gustavo Doré una edición cuidadísima y en la portada una escena muy importante para el ambiente de mi historia: aquella en la que se ve al lobo feroz y a Caperucita compartiendo cama momentos antes de que el lobo que ya ha devorado a la abuela de Caperucita devore a la niña también. Es una imagen fascinante por la ambigüedad (y por la obscenidad) que de sus protagonistas emana. Es evidente que la niña no puede ignorar que es el lobo quien yace a su lado pero lo mira con una expresión que casi da miedo descifrar.


Cortesías

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Llega el frío en verdad y es considerable escribo junto a una ventana y hay un vaho blanco como de babilla de polla en el ambiente y podría haber alguien que tararea la luz. Yo a cada minuto que pasa parezco más un caracol (qué habrá en el fondo de mi concha me pregunto ¿estará el imposible sosiego allí?) y a pesar de la calefacción me pongo varios abrigos y apenas salgo de la biblioteca. Y repaso la sección donde están mis libros quiero decir los libros que yo he escrito y siento una gran impotencia ¿para qué servirá todo eso? Y ahí está mi libro más reciente el libro de memorias animalito tan invisible cada vez más invisible tiene que enfrentarse el pobre a la campaña de silencio del castrismo y los castristas y al silencio de la izquierda en general y a la imbecilidad generalizada que tal vez sea eso lo peor. Qué tristeza siento mirando al pobrecillo. Pero enseguida pienso tampoco es para tanto. ¿No?

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El perro ladra y me levanto no vaya a ser que haya entrado alguien a robar, en algunas casas vecinas han entrado a robar ya. Me gustaría tener un arma para dispararle al que entre a robar en la casa. A veces pienso que no me costaría mucho hacerlo pero nunca se sabe a lo mejor no me atrevería llegado el momento. En España el sistema judicial por otra parte protege a los ladrones y a los asesinos así que tampoco es muy aconsejable defenderse. El perro ladra al viento me doy cuenta al poco rato, ve moverse las ramas y ve lo que arrastra el viento y a saber lo que escucha con su finísimo oído, y se inquieta y ladra. Yo le paso la mano por el lomo para tranquilizarlo y salimos al jardín y le digo: es el viento ¿ves? es el viento. Y en el aire hay un resplandor hermoso e hiriente y me quedo un rato inmóvil disfrutando de esa extraña dualidad.


Un libro necesario

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Dicen que el miércoles llegará una ola de frío. Frío polar. Odio el frío y no saldré de la casa en toda la semana o en todo el tiempo que dure la ola de frío aún ando cojo por otro lado y cierto dolor y los dedos de los pies dormidos a ratos y, fíjense si estoy mal, que ni ganas tengo de que me hagan una paja que antes de la operación siempre tenía ganas pero durante la convalecencia las ganas se han esfumado. A ver si me llega antes que la ola de frío el libro de Léautaud es lo máximo a lo que un hombre puede aspirar, me digo, estar encerrado en casa cercado por un frío polar y Léautaud. Antes en similares circunstancias hubiera pensado en comerme un coño o varios y en follar y en que me la chuparan en grupo y cosas por el estilo, pero la vida te acorrala y te aniquila de qué manera.

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El domingo pasa como un culo muy joven. Hace tiempo que no meto la cara en un culo así. Y no sé si me pasará nuevamente uno se va poniendo viejo y el círculo se cierra y hay cada vez menos culos jóvenes dispuestos a permitir que alguien tan viejo meta la cara en ellos y yo no pago por esas cosas, lo he dicho otras veces. Como una soga al cuello o como un cepo los domingos me ponen triste y en cierta forma desesperado, lo que son las cosas. Trataré de pasar la tarde leyendo, tengo el libro del Conde Kessler esperando. Después en algún momento una ducha bien caliente. Y luego tal vez miremos algo en la televisión. Y mañana otro día pero el mismo cada vez cuesta más trabajo distinguir.

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Y. Vivir para ver. La derecha cubana (si tal cosa existe) clama indignada porque Obama ha derogado la llamada ley de los pies mojados y secos, o como sea. ¡Y los que claman son los mismos que clamaban hasta hace unos días ¡contra esa ley! Contra los descarados (decían) inmigrantes económicos que se aprovechan de leyes aprobadas para beneficiar a exiliados políticos cubanos. ¡La derecha cubana debería estar de fiesta! Obama ha hecho lo que ellos venían pidiendo. Cortar el flujo de inmigrantes descarados fidelistas amorales disfrazados de exiliados políticos.

Los exiliados políticos cubanos ya no existen, es hora de que los cubanos se vayan enterando.

Por otro lado, la Ley de Ajuste Cubano, que es una ley que beneficia unilateralmente a los cubanos, sigue en vigor. Y los Estados Unidos de América continúa otorgando 20.000 visas todos los años a inmigrantes cubanos mediante la conocida Lotería de Visas. Qué. ¿Les parece poco? A ver, que alguien me explique por qué las autoridades norteamericanas están en la obligación de tratar a los cubanos como si fueran algo único y exclusivo; digamos una especie de mierda muy especial salida del culo de oro de algún dios.

¡Ah! Pero. ¿No son los cubanos los que van y vienen a la Cuba fidelista donde sigue existiendo la misma dictadura de la que salieron huyendo (dicen)? ¿No son ellos los que mantienen a esa dictadura mandando cientos de millones de dólares anuales a esa dictadura? ¿Con qué moral reclaman a los norteamericanos? Obama, y todos los presidentes norteamericanos defienden los intereses de los norteamericanos. Ese es su trabajo. No le deben nada a los cubanos. Nada. Los que han de estar agradecidos a los Estados Unidos de América son los cubanos. Ningún país del mundo les ha ofrecido las oportunidades ni les ha dado las ventajas y libertades de las que han disfrutado y disfrutan en tierras norteamericanas.

Si a los cubanos les interesa tanto la libertad de Cuba deberían pelear por ella. Pero. La libertad de Cuba es un asunto que desde hace muchos años, desde las últimas incursiones de Tony Cuesta, los cubanos se han negado a asumir. Así que dejen ya de lloriquear.

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Y ya que estoy en el estercolero cubano pienso un poco, tampoco demasiado que el tiempo es valioso, en el odio visceral que sienten algunos cubanos (no sé cuántos, pero suficientes) por Obama y en el amor que le profesan a Trump. Es algo curioso. Pero no raro, me he dicho. Los cubanos son muy racistas y cada vez que yo iba a Miami siendo presidente Obama (un hombre elegante, educado y brillante, pero ay, negro) muchos de los cubanos con los que hablé en esas visitas se referían a Obama como “el negro” “el mono”, “el gorila”, etcétera. Ese era el nivel de oposición, digamos ideológica, que encontré en los odiadores de Obama. Todos somos racistas en cierta medida, eso es verdad, hay que admitirlo. Pero los cubanos en lo del racismo, sobresalen, creo.

Y en cuanto a la afición de tantos cubanos (no sé cuántos, pero suficientes) por Trump, un hombre vulgar e histriónico del tipo por mis cojones, tampoco es muy sorprendente. En realidad Trump es el paradigma de líder que gusta a los cubanos, que odian la grandeza y la inteligencia, como prueba la Historia de Cuba. Los cubanos no desean un estadista sino un matón de enormes cojones para que los gobierne. Véanse los Castro. Un patán narcisista y descerebrado pero con dos grandes cojones en la boca siempre, ese es el tipo de líder que encanta a los cubanos. De ahí su amor por Trump.

A cada rato releo El color del verano, la gran novela de la llamada Revolución Cubana, y siempre acabo mi relectura volviendo a ese momento maravilloso en el que la isla a la deriva se hunde en el mar. Qué gran final de novela y que gran final sería ese para la isla en la llamada vida real, naturalmente.

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Estuve empaquetando los cuadros que irán a Bruselas y después, con mucho cuidado y hasta con ternura, fui metiendo los ciento veinte retratos que se exhibirán allí en una caja. Iba mirando los rostros la gran mayoría rostros de gente joven, muchachos universitarios que en cuanto la dictadura comenzó a tomar forma se unieron a grupos clandestinos y se armaron es decir comprendieron enseguida lo obvio, que la dictadura de los Castro sólo entiende y respeta el idioma de la violencia. De ahí que murieran peleando. También pasan por mis manos rudos rostros campesinos, cubanos que también entendieron sin mayores dificultades lo evidente y se armaron y se fueron a las montañas a combatir a la dictadura. Y allí murieron como hombres y mujeres libres. Pasan por mis manos y los voy mirando y entiendo perfectamente que cubanos así ya no existen. Que nadie se engañe, esa es la gran victoria del castrismo. Ahora sólo hay cubanos lloricas que moquean (cobrando, de ser posible) para que los norteamericanos peleen por ellos y derroten la dictadura, en caso de que eso sea lo que verdaderamente quieren los cubanos de hoy, cosa que a veces dudo.

Qué gran honor para mí haber pintado y estar pintando a estos cubanos de antes que sabían que la libertad tiene un precio y hay que pagarlo. Cubanos que ya no existen, repito, ahora sólo hay lloricas y cubanos felices de ser esclavos y que no sabrían lo que es ser libre y comportarse como hombres y mujeres libres ni aunque alguien les restregara la libertad por la cara.

(Con las excepciones de rigor, como siempre en estos casos).

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Ya hoy me puse mi pantalón de pintar todo manchado y roto y me subió la moral, como se dice. Estos días de inactividad (parcial, porque algo voy haciendo: las tintas y lo de escribir) he pensado mucho en la pintura y he seleccionado algunas imágenes que me han llamado la atención para pintarlas. Retratos mayormente, pero también escenas, podríamos decir. Lo que más ha cambiado en mi pintura mental, que es la que mejor sale siempre, es el tratamiento. Veo un poco diferente lo que pintaré: más espeso y más accidental y más melódico. Creo. Y hablando de lo melódico en cuanto empiece a pintar escucharé exclusivamente una maravillosa recopilación de música de películas de Woody Allen que me regaló mi amigo Portal durante mi última visita a Miami. Duke Ellington, Django Reinhardt y Stéphane Grappelli, Coleman Hawkins, Red Garland, Benny Goodman, Billie Holiday, Louis Armstrong, Fred Astaire, Count Basie, Artie Shaw.

Cuesta esperar, francamente.

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© Juan Abreu, 2006-2011