Estampas

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El periodista Arcadi Espada ha escrito sobre la relación entre el castrismo y el escritor Gabriel García Márquez. Es sólo la primera parte de un artículo más extenso que promete interesantes revelaciones. Yo lo agradezco. El tema es casi tabú en la prensa española. Por estos prados García Márquez es una vaca, qué digo sagrada, es el mismo Dios. Alza el teléfono el Nobel y en la otra punta quien lo responde empieza a babear. O a temblar.

A manos del periodista ha llegado, por truculencias del azar, un manuscrito de Norberto Fuentes. Versa sobre el espionaje al que someten al llamado Gabo en la isla de su íntimo amigo Fidel Castro.
Como se sabe, Gabo es una especie de vasallo de lujo que apoya y justifica las tropelías de su camarada Fidel. ¡Y cómo le paga el Comandante! Video y micrófonos cuando el Nobel desenfunda su amatorio apéndice.

“Como comprenderás, la vida sexual de García Márquez tiene poca importancia pública”, dice Espada. Bueno, no. La vida sexual de García Márquez, en Cuba, no es sólo vida sexual. Es vida sexual en una especie de corral donde el sexo grabado y archivado pudiera ser una de las razones del servilismo del Nobel hacia el amo del corral. Hablamos de chantaje.
Y ya esto sí que tiene importancia pública. Mucha.
Qué más da que García Márquez copule con una mujer, con dos, con un hombre, con dos hombres o con un burro. Eso es irrelevante. Pero que a García Márquez se le grabe la erección y se le chantajee en busca de sumisión ideológica y propaganda cultural de altos vuelos para el régimen, eso sí que me parece de interés público.

Por ejemplo, pensemos en los presos políticos torturados en las cárceles de Fidel Castro. Presos que son invisibles a la opinión pública en parte por el entusiasta apoyo de gente como García Márquez a la dictadura. Pensemos en casi dos millones de exiliados.
Ellos son público muy interesado. Vaya si lo son.

Surgen algunas preguntas leyendo el artículo de Espada. La “buena vida” de García Márquez en Cuba; ¿quién la paga? La casa de Ramón Crusellas, que habita el Nobel en la isla; ¿es un regalo de Castro? ¿Se trata de una casa robada a sus legítimos dueños? ¿Se ha compensado de alguna manera al señor Crusellas o a su familia por el despojo y posterior regalo de su propiedad?

Y esta última, tal vez la más importante: ¿Es García Márquez un cortesano de Castro por convicciones ideológicas o por los videos sexuales en poder del dictador, de los cuales es protagonista el Nobel?

Espada anuncia una segunda entrega. La esperamos impacientes.

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(3)
¿Cuál es la diferencia entre Mandela y los presos políticos cubanos? Que los presos cubanos son invisibles. Invisibles hasta para un hombre como Mandela.

García Márquez, Saramago y el resto de la crápula política y cultural contribuyen a ocultarlos a la mirada pública. Pero un hombre como Mandela resulta fundamental a la hora de hacerlos invisibles.

Qué hace diferente a los Castro de los racistas sudafricanos: la ausencia de piedad. Los tipejos del apartheid conservaban una aspiración a la justicia y a la humanidad. Lo que pasó en Sudáfrica es prueba de ello.
Algo así es impensable en la finca de los Castro.

Los racistas sudafricanos amaban a su país, los Castro lo odian. Para los Castro, Cuba es una despreciable puta a la que explotar y a la que sacrificar en aras de sus delirios de grandeza.

Por eso en Cuba es imposible un entendimiento entre verdugos y víctimas, como fue posible en Sudáfrica. Con los racistas del odiado apartheid, sí. Con los Castro, no. Es inconcebible pensar en un prisionero político cubano instalado a cuerpo de rey a costa de sus carceleros porque estos buscan un entendimiento. Por el bien del país.

De ahí que la solución para Cuba pase por matar a los Castro.

Toda otra iniciativa está condenada al fracaso y juega a favor de la dictadura.

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Concluyo la lectura. Desde la perspectiva de un preso cubano el libro de Carlin es una especie de broma. Una comedia.

Esto: “El momento decisivo se produjo cuando tres jueces visitaron la cárcel a finales de 1971. En presencia de Badenhorst (coronel y jefe de la prisión donde se hallaba Mandela) se entrevistaron con Mandela, que no se contuvo y denunció el duro trato que les propinaba el coronel. Habló de la pobre dieta y los duros trabajos, pero se detuvo, sobre todo, en el incidente de los guardias borrachos que habían desnudado y golpeado a los presos. Badenhorst le hizo un gesto con el dedo y dijo: Ten cuidado, Mandela. Si hablas de esas cosas que no has visto, te vas a meter en un lío, ¿me entiendes? Mandela aprovecho el error de Bandenhorst. Se volvió, triunfante, a los jueces, como si volviera a ejercer de abogado en un tribunal, y les dijo: Caballeros, ya ven ustedes el tipo de hombre que tenemos como comandante. Si es capaz de amenazarme aquí, en su presencia, pueden imaginarse lo que hace cuando no están. Un juez se volvió hacia los otros dos y dijo: El preso tiene mucha razón.”

Al llegar aquí no puedo contenerme más y suelto unas risas. Oh, ¿así que había justicia independiente en Sudáfrica? Y lo que viene a continuación ya es para esmorecerse: “Después de la visita de los jueces, la situación de la cárcel mejoró y, al cabo de tres meses, llegó la noticia de que iban a trasladar a Badenhort”.

En este punto mis carcajadas llegan a la mismísima Sudáfrica.

¿Jueces a los que quejarse?

Y más adelante: “Mandela invitó a cenar a su nueva casa a gente tan variada como Barnard, Sexwale y su abogado, George Bizos. Antes de que llegaran los invitados, Swart y Mandela discutían aspectos de etiqueta como cuál era el vino apropiado. En cuanto a las verduras, algunas procedían del propio jardín de Mandela, que incluía una piscina y una vista de las grandiosas montañas escarpadas que rodeaban los fértiles valles y viñedos de El Cabo. Y el paraíso no hubiera sido completo para Mandela sin un gimnasio, dotado de bicicleta estática y pesas.”

Esto, mientras cumplía su condena.
El gobierno racista trataba de llegar a un acuerdo con el preso y ordenó que se le dieran algunas comodidades.

Qué afortunado Mandela: su enemigo era el régimen del apartheid.

La luz de Mandela, dice Carlin para describir el encanto y la fuerza moral de su personaje.

Por tener esa luz le hubieran dado en Cuba cuatro balazos en la cabeza a Mandela.

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(1)
Nelson Mandela estuvo 27 años en la cárcel. Una eternidad. Pero no tanto como la eternidad de 30 años que pasó en la cárcel Mario Chanes de Armas, o la eternidad de 28 años que pasó en la cárcel el, negro como Mandela por cierto, Eusebio Peñalver, o la eternidad de 29 que pasó en la cárcel Ignacio Cuesta Valle.

Presos políticos cubanos. Cumplieron su condena íntegra en condiciones mucho peores que las que sufrió Mandela. Apaleados sitematicamente, privados de alimento y comunicación con su familia; encerrados durante años en agujeros en los que apenas podían moverse ni ver la luz. Ernesto Díaz Rodríguez, 27 años preso, pasó siete desnudo, sin visitas y sin asistencia médica. Mario Chanes jamás conoció a su hijo, que murió a los veintidos años.

Estoy leyendo el libro de John Carlin sobre Mandela. Hagiográfico, enamorado. La mirada de Carlin es la de una cheerleader. Pasa de puntillas sobre Winnie, consumada delincuente, asesina y mujer de Mandela, pasa de puntillas sobre la violencia de Nelson Mandela.
Demasiado estar de puntillas.
Mandela fundó una organización dedicada a la violencia. Podría escribir terrorista. Terrorista quiere decir que usa el terror. Y la Lanza de la Nación, brazo armado del CNA, de la que Mandela era comandante en jefe, usaba el terror. Pero dejémoslo en violencia. Se dedicaban a poner bombas y en general al tipo de cosas que se dedican los brazos armados. Ya sé que a veces para combatir a un dictador o a un régimen cruel hay que poner bombas, hay que matar. Yo mismo me paso la vida clamando por una avioneta llena de explosivos para los Castro. Pero me pregunto si Mandela sería el icono mundial el viejito bueno y santo que es si fuese cubano y hubiera puesto bombas para acabar con la dictadura cubana.

Bueno, si hubiera puesto bombas para acabar con la dictadura cubana lo hubieran fusilado sin más. Ni juicio ni nada. Al paredón. Al carajo Mandela. Cero santón Mandela. Nada de Morgan Freeman. Nada de apología de John Carlin. Nada de jueguitos de rugby. Y García Márquez hubiera firmado una carta justificando el fusilamiento. Y Saramago. Y la crápula habitual. Aplausos. Viva Fidel.

Mandela siempre ha apoyado y apoya a la dictadura cubana. Eso le resta integridad. Lo convierte, a mis ojos, en un cómplice de los Castro. Cómplice de un régimen que ha encarcelado y torturado a hombres tan buenos y tan decentes como Mandela y los ha confinado en agujeros inmundos en los que nunca estuvo Mandela. Hombres que cumplieron más tiempo en prisión que Mandela.
¿Por qué Mandela apoya a un dictador mucho más cruel que los racistas sudafricanos?

No lo sé.

En lo fundamental, no hay diferencias entre el apartheid y la dictadura castrista: ambos sistemas son formas de genocidio moral.

416

Veo una entrevista con el mamarracho Formell. Su careto abotagado, su cháchara de adicto. Un espectáculo asqueroso. Alguien debía prohibir que ese individuo saliera sin careta a la calle.
Cantaron los Van Van en Miami como parte de la invasión y les fue bien. Quiero decir que los domesticados cubanos no impidieron el concierto. Deberían haberlo hecho. Si les quedara vergüenza, pero ya ni saben lo que quiere decir esa palabra. Ni en Cuba ni en Miami.
¿Libertad de expresión? En las guerras no hay libertad de expresión. Se trata de hacer el mayor daño posible al enemigo. Los Van Van son representantes del enemigo. Colaboradores y esbirros. Una de esas avanzadillas que mandan los ejércitos. Las reglas democráticas no aplican en estos casos. Pero hace falta cierta vergüenza, que no hay.

A mí la música de los Van Van me produce cagaleras, vaya eso por delante.

415

Barcelona. Tarde desapacible y ventosa. Compro las Cartas a Stalin de Bulgákov y Zamiatin. Fragmentos contra el viento. Tengo que leer y releer estas cartas. Para no olvidar lo que somos y no permitirme cobardías. Imprudentes, ermitaños, heréticos, visionarios, sediciosos, escépticos. No hay que desviarse ni un milímetro.

Rambla Cataluña abajo el frío corta y entona una canción solitaria. Pienso en la asquerosa hipocresía de los humanos ante el dolor ajeno. Pienso en el olvido. Pienso en nuestra tolerancia con los asesinos. En nuestra fascinación por los asesinos.

El culto a la no violencia. El culto catolicón a la piedad. Qué bonito. La Paz tra la la. Cuánto daño nos ha hecho toda esa porquería. Perdonad, perdonad, ofreced la otra mejilla. Corderos, corderos, tra la la la la.
Palabrería. Mierda.

Necesitamos actos de violencia. Medidos, sopesados actos de violencia. Actos de violencia llenos de sabiduría, amor y bondad. Matar a los Castro, por poner un ejemplo, es una forma de bondad sabia y amorosa. Hay que cultivar y promover ese tipo de bondad.

Cuando regreso a casa, busco consuelo en el indispensable Sofsky: La fe en la civilización es un mito eurocéntrico a través del cual la modernidad se adora a sí misma. Esta fe carece de fundamento real. La violencia es el destino de la especie.


Entrevista

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Se acaba Factual. Factual era Arcadi Espada. La renuncia de Espada pone fin al proyecto. Lo que queda son estertores. Qué hermoso era Factual, que cosa deliciosa de ver y de tocar.
La estupidez le ha propinado un golpe mortal. Ya fue un milagro que llegara a ver la luz.
Factual era como un unicornio o un hipogrifo. Un tipo de criatura imposible en nuestros días. Y nosotros, ciegos, ingenuos, empalmados (porque a una criatura así uno lo que quiere es meterla en la cama) convencidos de que sí. De que podía ser.
¡En nuestros días!

Fue un placer y un honor trabajar con Cristina Fallarás, con Jordi Pérez. No sólo buenos periodistas, gente libre. Y de eso va quedando cada vez menos. Hay una costra que lo cubre todo, le dije a Arcadi hace poco. Sí, esa costra, contestó con cara de asco.
Esa costra.
Catolicona, hipócrita, bobalicona, mierdera. Costra que alimenta un periodismo grave, espeso, noño, que se hace mirando por encima del hombro la jeta del amo, el cura o el ideólogo.

Factual fue una luz en la borrega oscuridad. Ya se apagó. Entristece pero uno se dice que es como tiene que ser. La estupidez siempre triunfa al final. Lo sabemos. Pero a pesar de esta convicción, en el momento en que se impone sentimos el mismo viejo y conocido estupor.
Es que estamos vivos, dice Espada. Tiene razón.

Nunca he sido más libre escribiendo para un periódico.
Ha sido un honor. Breve, sí, pero no por eso menos ennoblecedor.

Cómo nos divertimos.

413

Hace frío pero salió el sol. Lunares. Urracas. Dejo el teclado y las miro aterrizar. El contoneo y los pasos gordos. El comedero, desierto hasta hace poco, es todo un éxito. A veces hay tres o cuatro pájaros disputándose los accesos. No fue mala idea añadir una rama de bambú al diseño original. El diseño original es obra de alguien que nunca ha visto un pájaro. Busco mi libro de aves. Una curruca. Un herrerillo. Un alcaudón.

La engañosa humanidad del cielo.

412

La paloma permanece alerta entre las olivas porque sabe que por ahí andan los gatos. Toda la mañana la lluvia cual cristales triturados. Me levanté temprano, si tenemos en cuenta la hora en que nos fuimos a la cama. Bebí el café con leche admirando la transparencia que da el agua al olivo y a los planetas que en torno a él giran y viven de su luz. Z. bajó al rato y comió cereales, zumo y café. Z. es un personaje único. Aún conserva la ferocidad y eso me gusta. Pero si le metes el dedo se te embarra de ternura. Eso también me gusta. Un personaje además obsesionado con su trabajo y siendo como somos de un país de vagos y charlatanes se aprecia. Cómo se aprecia. Ahora su obsesión es Dora Maar y me cuenta los horrores que le hizo Picasso a la mujer y flotan sobre la mesa las miserias del genio, un tipejo despreciable. Aparece M. y hablamos de Otra vez el mar, del gran Reinaldo y de la manada de escritorzuelos que le ladran. Perros ladrando a la montaña.

Después del almuerzo, contemplamos otra vez el jardín mojado donde merodea la pareja de gatos. Ella, blanca y oronda, él, negro y callejero. Cuando asoman por un recodo huyen los pájaros. Cabrones digo pero no lo digo en serio. Lo digo como nos lo decía mi padre a veces. Casi una caricia. R. blande la cámara. Entonces, aparece raudo y se posa desafiante. Nos miramos, sonrientes. Y la tarde es menos gris y estamos menos solos.

Fotos/Ricardo Vega.

411

Nuestro estupendo CE nos proporciona otra noche de las que quedan. Cena en casa de V. Estacionamos en la Rambla del Raval y caminamos por estas calles paquistaníes en plena Barcelona. La noche es polvo de agua, los olores espesos. Mujeres con el horripilante velo y muchachos ríspidos. Algo rojo y cálido cuando se abre la puerta de un café. En las esquinas putas africanas.

Vamos como en un sorbo de té. M. chaqueta de piel, botas de amazona y teticas de azafrán. Z. conjunto escarlata que resalta sus espléndidas posaderas y sombrerito. Yo salivando en esa estela. R., el hombre tórrido, casi en mangas de camisa con el frío que hace, santo cielo cómo canalizará todo ese calor. CE es un personaje de Proust.

V. resulta un anfitrión estelar y podría ser un señor de los salones de Visconti. Champán y refinamiento. Gusto y manjares y dos dibujos de Giacometti y muebles de estilo. Cochinillo, congrí, yuca con mojo y un vino del priorat con nombre y sabor de país de las maravillas: Alice. Y el postre, ah el postre: dulce de toronja con esquirlas de parmesano.

La cena transcurre a la sombra de un grabado de Goya. Quién me iba a decir cuando escapé de la isla pavorosa con lo puesto que terminaría cenando a la sombra de un grabado de Goya. Maravillas del denostado exilio. Qué maravilla el exilio. Viva el exilio.
Z. dedica sus libros, brilla en el cariño de sus lectores.

Existir esta noche es uno de esos dones.

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© Juan Abreu, 2006-2008