Estampas

1819

Pinto retratos. Cabezas cada vez más sueltas. El objetivo era, en un principio, buscar el método que me permitiera conciliar la iconografía circense decorativa sintética y deshuesada de las figuras que han ido poblando la PERIFERIA, con las cabezas de los personajes históricos (digamos) que protagonizarán el cuadro gigante.

Me dije pintaré cabezas de gente conocida familiares amigos y haciéndolo, encontraré la manera de resolver el problema. Y algo he logrado, sí. Pero. Las cabezas han ido adquiriendo autonomía, y hasta cierta independencia respecto al proyecto principal. Pintar retratos siempre ha sido difícil pero después de la fotografía no tiene sentido pintar retratos realistas ni naturalistas hay que conseguir que quien pintas sea de alguna manera quien pintas sin apelar a la burda representación convencional. El resultado hasta ahora no es gran cosa, pero algún progreso hago.

Un pintor es un artesano pero es mucho más que un artesano si eres sólo un artesano no vale la pena ser pintor.

1818

Boceto el primer panel del SUPERENSARTAJE. Lo hago de noche a la luz de una lamparita y en un grueso cuaderno que traje de Miami. Falta mucho. Pero ya empieza a aparecer en el horizonte. Un horizonte cercano, ciertamente. Mi propósito es comenzar a construir la estructura que necesito para montar la tela a principios de septiembre. Supongo que en una semana podrá estar lista y después de eso ya nada se interpondrá entre nosotros. Quiero decir entre mi venganza gigante y yo.

No más llegar, me pongo a pintar al Apóstol que ensarta al Líder. Lo que más me interesa es que la cara del Líder se acerca (técnicamente hablando) a los cuerpos de la PERIFERIA. Todo un poco más armónico, me parece. Ahora pinto casi en pelotas, deberían verme. Ha llegado el calor.

Después de hacer los cálculos pertinentes concluyo que cabrán cinco personajes en cada panel. Unos cien centímetros para cada uno. Reinaldo (eso ya está decidido), inventor del concepto del superensartaje, será el primer ensartador. Ensartará a Fidel Castro que a su vez ensartará al Nobel García Márquez que a su vez ensartará a Raúl Castro que a su vez ensartará a Ernesto Guevara el Che. Aunque este orden no es definitivo y a veces pienso que Fidel Castro debería ensartar al Che y el Che a Raúl Castro y este a su vez al Nobel Márquez.

Por otro lado, el calor hace que me haga más pajas, no sé ustedes.

1817

El estudio, julio.

1816

Ya me he leído más de quinientas páginas del libro de Davies y a pesar de que estoy al tanto y familiarizado con el salvajismo de las tropas rusas o soviéticas (o lo que coño fueran), esta escena, en la ciudad prusiana de Krönigsberg, según testimonio de un sobreviviente.

“En el corral que había bajando por la carretera, había un carro al que habían clavado por las manos a cuatro mujeres desnudas en posición cruciforme. En las viviendas encontramos un total de setenta y dos mujeres, incluyendo niñas, y un anciano, todos muertos, todos asesinados de una forma brutal, con la salvedad de unos pocos que tenían agujeros de bala en el cogote. A algunos bebés les habían partido la cabeza. Todas las mujeres, así como las niñas, habían sido violadas”.

El heroico Ejército Rojo.


Los días pasan a moderada velocidad y, curiosamente, la lectura en vez de deprimirme lo que hace es aumentar mis ganas de regresar y ponerme a pintar.

1815

Este año el material es más bien escaso recorro a veces la playa casi entera y no veo unas tetas o un culo que valgan la pena. Otros años ha sido diferente recuerdo perfectamente tetas formidables de esas que te dejan turulato de sólo echarles un vistazo y ya el resto del día te lo pasas babeando y recuerdo, y no soy el único que lo recuerda, a aquel hombre alto y fornido en los treinta diría yo viniendo hacia nosotros desnudo por el borde de las aguas con una polla hasta media pierna gruesa y proporcionada una maravilla de ver y que oscilaba como el botafumeiro de la catedral de Santiago de Compostela dando a la especie y al crepúsculo que vivíamos un rango telúrico podríamos decir y dejando a hombres y mujeres que mirábamos aquello gratamente estupefactos y secreta y no tan secretamente anhelantes.

Nada memorable este año como digo el espectáculo humano lo catalogaría en general como poca cosa, mediocre; aunque confío en que antes de marcharme encuentre unas tetas o un culo para recordar a ver si hay suerte.

1814

En la cima del peñón de Gibraltar lo primero que se me ocurre es ¿por esta mierda de roca tanto lío? Y a continuación pienso lo que pienso siempre cuando estoy en territorio inglés: qué pena que no haya sido Margaret Thatcher la que lidiara con “el hecho diferencial vasco” (es decir, el tiro en la nuca); y sobre todo qué pena que no se encargara del asunto de la huelga de hambre del etarra De Juana Chaos.

De Juana en huelga de hambre, y Thatcher presidenta de España. Me cuesta imaginar algo más maravilloso.

Hemos subido a ver los monos y las vistas. Los monos bastante asquerosos. Llenos de piojos, y peligrosos, como todo lo animal. Las vistas bonitas. Allá está la pista del aeropuerto y los barcos y un gran cementerio y rocas muchas rocas. Y todo rodeado por un mar congelado, naturalmente. Nos ha tocado un guía inglés andaluz o al revés (él se declara británico) que nos habla de este pedrusco apenas habitable como si fuera una gran cosa. Qué peste lo tribal.

Ahora estamos en el punto más alto. No sé cómo no nos hemos despeñado subiendo, pero aquí estamos. Miren África, miren el Atlántico, miren el Mediterráneo. No es un asunto de mayor interés qué quieren que les diga. Contentos de estar de este lado del mundo, eso sí, porque del otro lado ese que se ve allá a lo lejos Marruecos o lo que sea ¿quién quiere estar?

Cada vez hay más monos; por cierto, se van acercando. Hieden, esa es la verdad. Son feos con ganas, además, y sucios. Algunos llevan crías colgando de las tetas. Perdón, mamas, en fin esos pellejos arrugados. Un espectáculo lamentable.

El hombre que nos hace de guía se declara británico, como he dicho, pero es algo mejor, es una mezcla. ¡Mezclarse o morir! Esa debería ser la divisa de la Humanidad.

Todo lo que se presenta como puro es una farsa y es el preludio de una injusticia o de un crimen.

1813

Estos días de tanto oír coplas y flamenquerías a veces me entran ganas de que los nacionalistas catalanes ganen e impongan lo suyo; pero entonces recuerdo el horror de la sardana y las espeluznantes rumbitas catalanas y la voz (y el aspecto) de inodoro insurrecto de Luis Llach y recuerdo las infinitas canciones (¡qué alguien por piedad enseñe a esa mujer a terminar una canción!) de ese lloriqueo perenne llamado María del Mar Bonet y ya no sé dónde meterme y comprendo que no hay escapatoria.

1812

Sentado en la cama en pelotas recién salido de la ducha veo a lo lejos las olas heladas y pienso en el momento en que deje de funcionarme como me funciona ahora y como me ha funcionado siempre el pito. Mi primer cerebro. Será el principio del fin, como en el libro de Barrie, me digo. Sé que hay pastillas y eso, pero no es lo mismo. Una pastilla a fin de cuentas no es más que una prótesis.

Sigo mirando el mar y ha comenzado a llegar una brisita al Antonio y para que vean en que mundo formidable yo vivo ya la tengo tiesa.

1811

Vamos a Aponiente. A veces pienso que estos viajes son poco más que una excusa para ir a Aponiente. Con lo que se come y se bebe en Aponiente se pueden echar tranquilamente los cimientos de una civilización. Y no diré más.

1810

Muy al atardecer caminando por la playa en dirección a Barbate encuentro un charco. Un charco tibio (en comparación con el mar congelado) que ha dejado la marea y que el sol ha calentado. Sin perder un segundo, me sumerjo (es un decir).

¡Mi primer baño de la temporada!

No me dirán que no estoy bonito y hasta apetitoso ahí tendido dando la espalda a tierra firme y contemplando el horizonte la lejanía y el mar.

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© Juan Abreu, 2006-2011