Estampas

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Jueves, 16 de mayo de 2019

La salvación de España pasa por mí, qué le voy a hacer. Aquí la dejo para que luego no digan que no hice lo posible. Es muy sencillo. España no se salvará si no comienzan todos los padres de España todas las mañanas a dar una patada en el culo a cada una de sus crías menores de quince años (después de los quince ya todo está perdido) y antes de la pedagógica patada en el culo han de obligarles a repetir a coro con sus padres: No te mereces nada, nadie se merece nada, en esta vida todo hay que ganárselo y todo cuesta esfuerzo y trabajo. Todo lo gratis es un error y termina corrompiendo, envileciendo y embruteciendo al que lo recibe. Tienes derecho a lo que te ganes. Nada más. ¡Grábatelo en la puta cabeza! Y en este punto es que ha de propinarse la patada en el culo a la cría con el claro propósito de reafirmar lo dicho y así se grabe mejor en la cabeza de la cría.

Pues bien, ya lo saben. Salvar España depende de ustedes. Lo he pensado mucho y es la única manera de que en España en un par de generaciones se haya superado o paliado al menos un poco el monstruoso daño causado por cuarenta años de educación socialdemócrata.

Y a partir de aquí me desentiendo para que lo sepan.


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El emanador regresará el día 24.

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Miércoles, 15 de mayo de 2019

Estaba en la cocina y vi a mi gato amarillo comiendo algo en el jardín y salí a ver. Era un pichón de urraca de piel violácea y aún sin plumas se habría caído del nido. El gato estaba terminando de comerse una pata y al momento me di cuenta de que el pichón de urraca estaba perfectamente vivo, lo que me produjo un gran horror. Consideré quitarle el pichón al gato pero después de contemplar durante unos segundos el espantoso espectáculo natural regresé a la casa sin hacer nada. Al rato, terminando el té, pensaba en que podía haber matado al pichón la muerte piadosa y eso y entonces vi una urraca adulta aterrizar junto al pichón y me dije debe ser la madre que andaba buscándolo la pobre pero la urraca adulta sin perder tiempo se puso a comerse el pichón a picotazos le sacaba las tripas.

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Martes, 14 de mayo de 2019

Cuando llegué a España y a Europa me dije qué maravilla los europeos. Es verdad que habían inventado los tres sistemas totalitarios más asesinos y siniestros de la Historia de la Humanidad, pero, aún así pensé qué maravilla los europeos, los europeos son la Civilización, pensé. Pero enseguida se me fue pasando. Me di cuenta enseguida de que los europeos son la misma mierda que todo el mundo. Llevaría un año en Europa cuando, durante una conversación con amigos que me miraban como al sudaca que soy, auguré la vuelta del fascismo (en versión nazi o comunista o ambas) a Europa, demorará unos cincuenta años, dije. Se rieron mis amigos blancos y europeos. Yo me equivocaba. No en cincuenta años, será antes. Ya por doquier prolifera la industria de los derechos y por doquier se enseñorea el culto a la banalidad, la estupidez, el atavismo sentimental, el mujerismo imbécil y la conversión de la libertad en un accesorio de la corrección política o el reclamo tribal.

Vendrán nuevos tiempos y serán los mismos

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Lunes, 13 de mayo de 2019

Eros y política (Pedro Sánchez)

El señor Sánchez es el guapo de la escuela que a las muchachas de la escuela les fascina y que a los hombres de la escuela les divierte porque saben que generalmente estos guapos son todo escaparate y poca sustancia varonil y basta un pescozón para que reculen y suelen ser además con harta frecuencia pichas cortas. Yo mismo, un hombre poco agraciado, le he birlado la novias a alguno de estos guapos. En San Alejandro, recuerdo, donde estudié arte unos años, un guapo de la nueva clase venía a recoger a una bella (muy bella) a la escuela en uno de esos coches que allá sólo tenían y tienen los altos cargos. Pero. Puse mis ojitos verdes en la bella y poco después dejó al guapo la bella y se puso a la sombra de mis ojitos verdes, y después ya en confianza pude comprobar que mis teorías acerca de la picha corta de los guapos al menos en aquel caso era acertada. En verdad lo supe la primera noche que nos acostamos la bella y yo en una de aquellas posadas sucias y sin agua corriente de La Habana fidelista porque al desnudarnos se me quedó mirando el pito y preguntó risueña… ¿tengo que meterme todo eso? Era una pregunta retórica. Pero. La bella, risueña, comparaba ay comparaba.

Aparte de guapo, Sánchez tiene el carisma y la expresividad de un envase de leche desnatada y es algo desculado lo que en un hombre es muy desagradable. Pero al margen de esto, hay que aceptarlo, Sánchez es el político perfecto ya que es capaz de decir una cosa y la contraria en la misma frase y decirlo con tal rotundidad que convence a millones de españoles que le votan. Lo otro sería pensar que millones de españoles son idiotas pero sería injusto, sería regatearle méritos a Sánchez. A Sánchez puede considerársele el ideal político y el político ideal del futuro y le auguro el mayor éxito por sus aires robóticos su incultura y por ser, cosa evidente, más un maniquí que un ser humano.

Pedro Sanchéz trae a la política española el mentón bobalicón pero fotogénico, el morrito cuché, una corte de ministras embelesadas la premonición de un polvo desastroso pero cinegético y el pichacortismo triunfal.

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Domingo, 12 de mayo de 2019

A ver si consigo describirlo. Estaba corrigiendo las últimas líneas de mi próxima columnita para Tendencias de El Mundo, cuando la vista se me empezó a emborronar al tiempo que unos latigazos me salían de la base del cráneo y ascendían y culminaban en unos latidos fortísimos en la parte superior de la cabeza. Lo peor no era eso lo peor era que tenía la sensación de que toda la cabeza (la cara me ardía) crecía y se achicaba como en una escena de esas películas de dibujos animados en las que se escucha un sonido avasallador que baja y sube a ritmo acompasado. Imaginen todo eso junto y añadan una gomosidad de la consciencia. No llegué a perder la visión, el emborronarse de la vista llegó a cierto nivel pero no alcanzó la oscuridad y luego comenzó a remitir al tiempo que disminuían como un líquido que llega a un tragante todos los síntomas. Lo que intento describir pasó en unos segundos aunque tengo la impresión de que mi percepción del tiempo se vio alterada, no sé en qué medida. Cuando acabó, terminé de escribir la columnita. Y lo peor pensándolo bien fue que mientras duró lo que fuera que me pasó tuve la seguridad de no estar en control de mi cuerpo. Una sensación inquietante, por decirlo suavemente. Pero. No he conseguido describirlo.

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Sábado, 11 de mayo de 2019

Eros y política (Carolina Bescansa)

Soy un hombre al que le gustan todas las mujeres. A alguno de mis amigos apolíneos esto le parece atroz (los apolíneos son así) y me río con las caras que ponen cuando les digo que no discrimino mucho, a mí las mujeres todas me parecen dignas de atención sexual. Tal vez sea deformación profesional, lo he pensado a veces. Recuerdo que cuando era yo joven nunca intentaba seducir a las guapas (bonitas se decía allá, en la isla pavorosa); no compensaba el esfuerzo y nunca se estaba seguro del éxito. Sin embargo con las feas (es un decir) qué natural todo y que dispuestas y que agradecidas quedaban. Y eso que siempre a las mujeres les he dejado muy claro que darme acceso a su cuerpo es un privilegio inconmensurable, por el que quedo por siempre agradecido.

Pero. Claro. Hay excepciones para todo. Lo que me lleva a la ex diputada Bescansa. Yo a la Bescansa, no. Creo (¡cómo estar absolutamente seguro! ¡lo del sexo depende mucho de las circunstancias!). Hay algo estreñido en esa mujer, algo de intestino expuesto, que repele. O al menos me repele a mí. La diputada Bescansa alcanzó cierta efímera fama por amamantar a su cría en sede parlamentaria, pero al margen de eso no aportó nada al pensamiento político español, suponiendo que tal cosa haya existido alguna vez. Cuando la veía en la televisión, siempre me producía una enorme angustia porque tenía la impresión de que llevaba una especie de pequeño mamífero muerto (¿un topo, un murciélago ratonero?) adherido al rostro. Pero seguro que eran cosas mías. Nadie puede vivir con un animal muerto pegado a la cara.

Carolina Bescansa trajo a la política española la figura del lactante demagógico, la teta millonaria pero roja y un semblante de adjunto animalito post mortem que hace imposible, al menos en lo que respecta a mi humilde persona, cualquier apareamiento.

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Viernes, 10 de mayo de 2019_

Eros y política (María Dolores de Cospedal)

Un día de mi cumpleaños, cuando llegó el momento de pedir el deseo y eso, lo de las velas, cerré los ojos, soplé y pedí que se enzarzaran en un torneo erótico la señora Cospedal y la actriz Elena Anaya, y que me invitaran a mirar. No soy un hombre ambicioso, con que me invitaran a mirar ya me conformaba. Ellas en un gran lecho mullido y sábanas negras (no sé por qué sábanas negras, pero así lo deseé) y desnudas (luz cenital) y entregadas a variados retozos y yo en un rincón sentado en una silla o un butacón me daba lo mismo contemplando la escena con un buen vinillo del sur o un champán francés a mano tal vez.

Digo esto para que se comprenda vívidamente el poderío erótico que encuentro en la señora Cospedal: enorme. Cospedal tiene ese insoslayable atractivo que todos hallamos en nuestras maestras de escuela de las que siempre estamos muy enamorados y que provocan, que alguien se atreva a negarlo, nuestros primeros y hasta nuestros segundos desparrames sexuales. Y el cuerpo de Cospedal y los andares de Cospedal y los ojos de Cospedal. Y. La nariz de Cospedal. ¡La nariz más literaria de la política española!, ¡Gogol! Pero Gogol mejorado por una porción infinitesimal pero clamorosa de cosa porcina que hay en la nariz de la señora Cospedal. Algo que insufla una pureza bestial, agreste, a su bello rostro por otra parte casi augusto, me atrevería a decir.

La señora Cospedal trae a la política española el eros atrapado en el interior de una joya imperial (¡un huevo de Fabergé!) una gallardía de caracoleo de yegua árabe unos ojazos de puro olivo y el áureo linaje de una nariz que ha atravesado los siete mares.

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Jueves, 9 de mayo de 2019

Eros y política (Miguel Iceta)

Me encontré con el señor Iceta hace poco en una fiesta del diario (que se supone que es literaria pero que siempre se llena de políticos) y tuve oportunidad de observarlo de cerca. Yo estaba con el periodista Espada y estuvimos barajando, de forma somera, la posibilidad de presentarme al señor Iceta y declararle mi admiración, eróticamente hablando, ya saben ustedes que tengo debilidad por las gorditas y los gorditos. Y de paso, ya que estaba en eso, hablarle de las maravillas de mi famoso pito a ver si despertaba su interés. Me gusta Iceta. Sus mejillas rubicundas y su delicada papada que, paradójicamente, contribuye al encanto de su rostro casi redondo en el que destaca una boquita de esas chuponas, o así yo les digo, y unos ojillos lascivos al tiempo que soñadores. Las mieles del poder es verdad se le han ido agolpando en el vientre y en los costados al señor Iceta, pero como el señor Iceta es muy bajito (enano diría alguno de sus adversarios) esa redondez en vez de perjudicar su apariencia lo que hace es redondear agradablemente un continente que semeja una pelota de playa. Iceta sería una especie de circunferencia coqueta (aunque intelectualmente perniciosa, eso sí) y poco más si no fuera porque sus nalguitas aserejé, que no sé por qué imagino siempre entalcadas, lo impiden.

Miguel Iceta trae a la política española el meneo envenenado, la daga oculta y pizpireta, los mofletes analgados, el oportunismo meloso y querubín y un independentismo catalán bamboleo y macarena que no por ser ideológica y éticamente despreciable deja de ser encantador.

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Miércoles, 8 de mayo de 2019

Una de mis verduleras está embarazada y no me había dado cuenta pero de pronto me enseña la barriga y me dice ¡siete meses! y ahora que me fijo es verdad tiene los labios más esponjosos y qué decir de las tetas que las tenía gordas pero ahora son un desbordamiento no sé si tendrá que ver con la preñez o es pura anticipación: las tetas suelen hacer esto anticiparse a los hechos. Otra cría, dice mi yo fatalista pero no le hago caso qué más da uno más somos ya trágica legión. Compro mis naranjas y mis mandarinas y es tiempo otra vez de paraguayos a la vida qué más se le puede pedir que dulces paraguayos de temporada (es un decir). Porque ahora mismo le pediría a la vida que mi verdulera me enseñara las tetas. Pero la vida no es lo que debería ser como no me canso de repetir. Así que. Mami cóbrame, es lo que le digo. En qué mundo miserable vivimos.

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Martes, 7 de mayo de 2019

Decía Rilke que la belleza es terrible y que sólo podemos soportar cierta cantidad de belleza, si no recuerdo mal. Los seres humanos odian la grandeza en cuanto detectan en alguien un asomo de grandeza se ponen sin demora y enorme tesón a la tarea de aniquilarlo. Tampoco recuerdo quién dijo eso, tal vez yo mismo. Lo que me lleva por algún vericueto de mi cerebro a Cayetana Álvarez de Toledo. Estoy convencido de que su pobre resultado no obedeció a un mal desempeño al contrario creo que obedeció a un gran desempeño. Era demasiado inteligente y demasiado hermosa: y la hermosura equivocada, además. La hermosura de Arrimadas por ejemplo puede aceptarse y triunfar porque es una hermosura casera, sentimental. La de Cayetana no, porque nace de una inteligencia superior de un estar y manifestarse apolíneo de difícil aceptación por parte del llamado pueblo. El llamado pueblo tiende a rechazar y a echar fuera de la bandada al ave diferente la percibe como una amenaza a la homogeneidad y a la medianía dominante. El pueblo es el pájaro pintado de Kosinski.

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