Estampas

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La visita de La Giganta hace que a cada rato cuando menos lo espero ahora mismo esta mañana luminosa de domingo recuerde los buenos tiempos. He pintado como saben toda una serie de tintas tratando de fijar y que ahí quede el carácter gozoso y soberano y vivo de aquellos tiempos. Pero mi talento es limitado no hay ni que decirlo y me he puesto a mirar las fotos de los buenos tiempos que hacía mi amigo Portal y creo que esas fotos retienen y conservan de la mejor manera el espíritu y la sanidad de los buenos tiempos. Así la hermosura de La Giganta armada. La Giganta creo yo que florecía y se agigantaba en los preciosos instantes en que las fotografías de Portal detenían la vida si se me permite y si esto fuese posible. Se agigantaba y depositaba una jugosa porción de honestidad y dicha y de libertad sobre todo en el paisaje del mundo.


Los buenos tiempos. Fotografía de Pedro Portal.

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Leo Patria la novela de Fernando Aramburu. No me ha gustado la verdad se trata de una novela socialdemócrata una novela de la Paz una novela sin vencedores ni vencidos, una novela donde las buenas intenciones lo esponjan todo, a veces me parecía estar leyendo un editorial de El País. Mejor escrito eso sí. Y hay algo lo que menos me gustó tal vez: sobre toda la novela flotaba, o yo lo percibía así, el ¡todos vascos! Todos vascos y todo telenovelizado y al final humanos muy humanos y sin venganza naturalmente y el perdón. El famoso Perdón. Yo es que ni siquiera sé qué quieren decir con eso del Perdón. Patria es una novela, ficción, a fin de cuentas, así que Aramburu tiene todo el derecho del mundo a describir las torturas a las que somete al etarra la Guardia Civil. Pero aún así, creo que es relevante que ese capítulo precisamente de la novela sea el más hiriente moralmente hablando y el más minucioso en las descripciones de la violencia la violencia de la Guardia Civil. Mientras que el asesinato de Txato a manos del etarra se resuelve con un “a su espalda, muy cerca, sonó un disparo: Y después otro. Y otro. Y otro”. Y a la cabeza que estalla se la traga piadosa la copiosa lluvia vasca, tan vasca, supongo.

Empecé a leer la novela de Aramburu con la mayor ilusión y con grandes deseos de que me gustara. Pero.

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Hoy en el diario toda una página dedicada al Che y a un hermano del Che que ha escrito un libro quiere ganar algo también con el hermano famoso, nada que objetar. El pobre hermano o lo que sea habla del ideario del Che pero ya lo conocemos fusilamos hemos fusilado y seguiremos fusilando y el hombre el revolucionario ha de convertirse en una fría máquina de matar. Ya conocemos el ideario del Che. Sobre todo los cubanos que allí fue donde más mató el Che en la isla ojalá se hubiera quedado en Argentina pero ya sabemos que le dio por matar por el mundo un internacionalista. El hermano del Che (hay una gran fotografía en el diario) tiene cara de pelotudo por ponerlo en argentino, dicho sea de paso. Pero. Lo que quería decir es que en toda la página hagiográfica del asesino que fue el Che dedicada al libro del hermano o lo que sea del Che, ni una alusión, ni una sola palabra acerca de las víctimas del Che. Ayer mismo, por cierto, me han mandado otra foto de un muchacho cubano fusilado por el Che para mi 1959. Toda una página. Ni una alusión, ni una pregunta. ¡Hasta la victoria siempre!

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Hablamos el otro día de aquellos tiempos al principio de conocernos cuando nos encontrábamos en la calle Regàs a mediodía. La mejor época de mi vida dijo ella y yo estuve de acuerdo la mejor época de mi vida. Nuestras vidas que vienen a ser una sola vida. Todo era tan táctil y tan físico y éramos tan jóvenes y hermosos (yo no tanto) que nos podríamos haber comido, del todo quiero decir masticar, tragar, digerir etcétera, en uno de esos encuentros y hubiera sido ese el más esplendoroso final terminar uno (yo, claro, pues la idea de tu final era y sigue siendo para mí intolerable) devorado por el otro dentro del otro y dentro del otro a salvo en su sangre y en su carne y en sus huesos el único final feliz posible para nuestra historia de amor en verdad.

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Y veo que Spotify me va haciendo una lista. Y voy y la pongo. No está mal, boleros, tangos, rancheras y cosas así. Pero. El final de la lista. La última canción no es una canción, es un poema. La cosa me toma por sorpresa la verdad porque comienza una voz espeluznante una voz muy engolada de mamalón profesional una de esas voces atravesada de tembleques y lloros y la voz recita (reconozco el bodrio enseguida) el Poema 20 de Pablo Neruda. Que es un poema espeluznante que produce retortijones a cualquier persona sensible un poema imposible de empeorar pero ¡esta voz lo empeora! Y me acerco al aparato naturalmente a ver quién recita. ¡Y es Pablo Neruda! ¡Una grabación del poema recitado por el mismísimo Neruda! Yo nunca había oído recitar a Neruda. No tenía idea de la voz de mamalón y de lo mamalonamente que recitaba Neruda. ¡Con esa voz de mamalón y ponerse a recitar ese poema mamalón!

Pero. Un momento. Ahora que lo pienso, ojo, no es poca cosa, Neruda ha alcanzado recitando uno de sus poemas la cumbre mamaloneril poética total y absoluta y eso es algo muy difícil de alcanzar. Corran a escucharlo.

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Comienzo a pintar me ha costado con lo de la operación. Para pintar pongo Spotify. Y de pronto, es truculento el azar, la canción de Silvio Rodríguez aquella del unicornio azul. Hace mucho que no oigo a Silvio Rodríguez porque me provoca cagaleras. Pero. Ahí está su canción del unicornio azul. Una canción cursi y además mamalona y ya me desplazo raudo hacia el aparato para quitarla cuando comprendo (en una especie de epifanía) que la canción es una canción dedicada a la pinga (polla) de Fidel Castro. ¡El cuerno del unicornio! Si se escucha atentamente la canción se ve con la mayor claridad esto y se siente con gran nitidez el lloriqueo de Rodríguez por la pinga (polla) del amado Líder y tengo que reconocer que la canción, compuesta décadas antes de que muriera Fidel Castro ¡ya expresa el dolor de Rodríguez por la pérdida de la pinga (polla) de Fidel Castro! Esto no es fácil de conseguir, admitámoslo. Y hay que darle crédito a Rodríguez porque en una canción compuesta muchos años antes de que muriera Fidel Castro y muchos años antes de que fuera posible que sintiera Rodríguez la pérdida de la pinga (polla) de Fidel Castro ¡se siente!

Hay que quitarse el sombrero (como se dice).

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Casi todos los intelectuales españoles son afrancesados. Tengo buenos amigos afrancesados. Que si las libertades que si la fraternidad que si la marsellesa. Pero. Se exagera mucho con lo de Francia. La marsellesa es un himno asesino y la revolución francesa una matanza repugnante a cuyo hedor florecieron personajes muy asquerosos moral y hasta físicamente, así Marat, así Robespierre. Yo amo a algunos escritores franceses pero de la llamada Patria francesa de los libres y los iguales poca cosa seamos honestos. ¡Y lo del Héroe De Gaulle! De Gaulle andaba bajo las faldas de las tropas aliadas que le permitieron entrar antes en París y allí soltar su discursito petulante exigiendo que Francia fuera considerada vencedora de la guerra junto a Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética. Algo completamente falso. Lean a Riding. Lean a Chaves Nogales. Y qué decir de los nazis alemanes y los franceses. Lo cierto es que se amaban. Ningún país europeo ocupado fue más abyecto y colaborador y miserable que Francia. Pregúntenle a las hijas de Irène Némirovsky. Y todo aquel espectáculo de los machos franceses cortando el pelo a mujeres francesas que se habían acostado con alemanes qué vergüenza esa resistencia inventada francesa y el populacho oportunista y colaborador francés y ese populacho que no dejó de oler el culo a los nazis dándoselas de combatientes antinazis y abusando de aquellas pobres mujeres. Qué farsa y que desvergüenza: Francia. Hay que agradecerles, es verdad, que hayan inventado el erotismo, aunque también es verdad que lo inventaron para no tener que follar.

En fin lean a Leáutaud, gran francés pero primero gran escritor y gran hombre para que vean lo que son y lo que fueron los franceses antes de la ocupación y bajo la ocupación nazi. ¿Le Pen? ¿A alguien le extraña? ¿De verdad?

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Viene La Giganta. Siempre me da un gran placer ver a La Giganta es el mayor placer de un escritor ¿no? tener delante y tocar a y reír con uno de sus personajes y que ese personaje sea de carne y hueso. Carne y huesos muy bien dispuestos y como si fuera poco el único chochito depilado que me gusta. Bebemos té sentados a la vera del olivo metidos en una anaranjada luz. Es el atardecer. Y hablamos de los buenos tiempos. De aquella noche memorable debajo de una mesa y del viaje a Menorca y de aquella foto ya clásica de La Giganta desnuda en la carretera avanzando hacia el faro y de los baños de barro y ah sí cómo no venga acá niño malo y yo pensé que me agarraría de la oreja pero me agarró del pito y así me llevó yo como un corderito ciertamente: Sí señora. Vida es lo que uno ha vivido siendo libre e ignorando las normas aceptadas las normas aceptadas son para los cobardes me digo y se me ocurre que sería estupendo pedirle a La Giganta que me enseñe otra vez el único chocho depilado que me gusta pero el momento es tan perfecto que decido que eso puede esperar.


Los buenos tiempos. Fotografía de Pedro Portal (detalle).

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El libro sobre García Vega reúne varios ensayos y entrevistas. Soy un hombre con muchas limitaciones (no tengo un cerebro analítico, por mencionar una) y de formación y cultura limitadas así que los ensayos de este volumen de acercamiento a García Vega y su obra, me resultan a ratos atrayentes, pero en general ajenos. Sin embargo, las entrevistas con el escritor, qué iluminadoras. En especial, la de Enrico Mario Santí, que nos deja ver a un Lorenzo García Vega culto y sagaz, y nos deja ver y esto es lo más importante para mí, su sanidad moral. Yo iba leyendo esta entrevista y escuchando la voz poderosa, clara y profunda de García Vega (una voz sin las truculencias de su prosa) y me preguntaba por qué García Vega no escribió sus obras con esta voz. García Vega se ocupó tal vez demasiado de su estilo y probablemente esto hizo daño a su obra. Pero. Qué hombres grandes producía aquella República, también me decía yo mientras leía a García Vega, muy crítico de la República como debe ser, pero al mismo tiempo producto y elogio en sí mismo de la República.

Que Cuba no produzca ya escritores como Lezama Lima, Lydia Cabera o Lorenzo García Vega, entre otros, es la prueba máxima del triunfo del enchusmecimiento y de cómo el enchusmecimiento se ha convertido en lo cubano.

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Conocí a García Vega en Miami. Recuerdo que fuimos una noche a su casa Reinaldo, Carlos Victoria y yo, para ofrecerle que fuera asesor de la revista Mariel, cuyo primer número preparábamos en ese momento. Eran los años ochenta. García Vega declinó nuestro ofrecimiento. La primera impresión que tuve de Lorenzo, fue la de un señor amargado. Había leído algo de su poesía y pensaba que García Vega no había conseguido escapar de la órbita de Lezama Lima, su mentor de juventud. Es difícil escapar a eso, claro. García Vega es un escritor con el que nunca he conectado, porque concibo la literatura como lo opuesto a la retórica orfebrística de los lezamianos. Amaba (y amo) la obra de Lezama, pero sé que la obra de Lezama es un universo cerrado, una trampa mortal para cualquier escritor. Sólo hay una voz lezamiana, la de Lezama, lo demás es coro menor.

Leí por aquellos tiempos Los años de Orígenes, el libro más famoso de García Vega, y lo encontré valiente, aunque un poco ilegible. Ya viviendo en España, le pedí a García Vega una colaboración para la antología (Cuentos desde Miami) que preparé para la editorial Poliedro. García Vega accedió muy amablemente a enviarnos un cuento y cuando lo hizo resultó ser un cuento formidable.

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© Juan Abreu, 2006-2011