Estampas
2197
Sigo. Con algo de trabajo si no fuera Cabrera Infante a estas alturas lo habría dejado ponerme a leer tabarras revolucionarias (léase fidelistas), cuesta a estas alturas. Pero la formidable prosa de CI. Aunque al servicio de la turba encarnada, el Líder Dios, el Pueblo sabio y hermoso. Santocielo cuánta paparrucha sentimental y panfletaria.
¡Lo cubano! Algún día alguien tendrá que explicarme qué coño es eso. Que un hombre como CI no supiera que el Pueblo no existe. Lástima.
Por otro lado. Cómo ha envejecido toda esa época y cómo se ha vaciado. Leer estas apologías antimperialistas y revolucionarias de GI es como caminar entre ruinas pobladas de fantasmas que no paran de menear sus culos obsoletos, vacuos.
Y. Claro. No puedo dejar de preguntarme ¿en qué medida esta excelente prosa este talento puesto al servicio de la estupìdez colectiva ayudó a construir la estructura del edificio criminal?
En qué medida, me pregunto. Y me respondo: en gran medida.

2196
El Papa Francisco, después de oler en profundidad el culo a los Castro y de negarse a ver a los disidentes cubanos, se ha ido a USA a criticar el capitalismo. El capitalismo es criticable naturalmente, pero hay que tener la cara muy dura para criticarlo cuando acabas de estar lamiendo el culo a unos dictadores que llevan más de medio siglo esclavizando y matando de hambre a millones de personas. Quiero decir a millones de ovejas del rebaño del Señor Jesucristo.
A ver, Francisquito, contén un poco las ansiedades de tu culo perfumado, entiendo que los negros cubanos provocan esas reacciones, pero contención muchacho contención. Y ya que estás en USA por favor refrena un poco a la banda de curas pedófilos que allí tienes instalada que los norteamericanos lo que necesitan no son tus consejos lo que necesitan es que tus curas dejen de tocarle los pitos y las nalgas a sus hijos.

2195
La famosa frase de José Lezama Lima, tan enarbolada por los castristas para vender un Lezama Lima castrista “Vivimos un momento auroral”, pertenece al compositor Julián Orbón y fue atribuida, a propósito, a Lezama por Cabrera Infante, según confiesa el propio Cabrera Infante. ¿Por qué? No queda claro.
Lezama Lima era un escritor demasiado grande para ser castrista no sólo grande como escritor sino además moralmente grande naturalmente.

2194
Dejo a un lado por el momento a Chateaubriand y me pongo a leer el libro de Cabrera Infante. De entrada el artículo publicado en Carteles en 1959; oportunista, demasiada mermelada emotiva cuyo propósito es meter en el mismo corral a los batistianos y a los nazis. Pero. Supongo que ha de tenerse en cuenta el fragor romántico de la época.
He leído el Mea Cuba que publicó Plaza Janés en 1992, pero este es otro libro, mucho más completo e importante y la espléndida edición de Galaxia Gutenberg ayuda mucho. Nada digital puede compararse a la presencia, al peso, de esta maravilla. A lo digital le falta lo volumétrico, naturalmente.
En la página trece tropiezo con Cornelio Rojas y es curioso porque esta semana encontré en el libro de los fusilados de Castro que estoy usando para los retratos, la foto de Cornelio Rojas. ¿Lo pintaré? Es una pregunta retórica. Claro que lo pintaré. Mi galería es una galería de fusilados del castrismo. La forma de morir une a estos hombres yo lo veo así y me da igual si eran criminales o héroes buenos o malos negros o blancos en lo que a mí respecta la ejecución a manos de una dictadura asesina los unió.

2193
Armando Suárez Suquet oficial del ejército de Cuba se dedicó a cazar al Che Guevara durante la lucha armada que llevó a los Castro al poder. Sólo por eso es un hombre Suquet que merece todo mi respeto. Es una lástima que no tuvieran éxito sus nobles esfuerzos. El mundo se hubiera ahorrado mucha muerte y mucho horror si Suquet hubiera conseguido eliminar a Guevara a tiempo (es decir lo antes posible).
Pinto al señor Suquet.

2191
En la ventana del baño una araña pequeña pero no tan pequeña ha tejido su tela. Ocupa un cuarto del espacio de la ventana, digamos. La otra noche me asomé a ver si había vuelto la ballena que anda desaparecida y metí la cabeza en la tela de la araña. Cuando me di cuenta retrocedí con el mayor cuidado pero aún así causé cierto estropicio. Hoy veo que la tela ha sido ya reconstruida y brilla a la luz tersa de la mañana. Hay un mosquito y una mosquita creo atrapados en la tela.
La vida es quien tiende inexorable sus trampas.

2190
Pinto a mi madre en una irisada penumbra un ojo en la oscuridad homérica diría yo porque es una oscuridad pasada por la sangre y el otro ojo brillante como una gota sobre una hoja cuando el sol sale. La cabeza ladeada un gesto heredado que conozco muy bien pero que no tengo porque yo soy más de mi padre a mí me tocó la tristeza feroz. Ahora me sucede que de vez en cuando salgo de los fusilados y pinto de una sentada un rostro familiar. Los abreus niños y ahora mi madre. He dicho salgo pero no es verdad todo es parte de la misma pintura la pintura tiene eso que los símbolos le resbalan y existe en un espacio carente de significado.
Lo que es no lo necesita.

2189
Los fondos de los retratos ya no son blancos, ahora comienzo por el fondo aplico colores tibios casi siempre, grises pardos, grises verdosos, azules metálicos. De esos fondos van saliendo los rostros de los fusilados que regresan al reino de la luz podríamos decir como en los relatos homéricos. No sé si las lecturas nos hacen decisivamente yo diría que sí porque mucho de lo que pinto o escribo estoy seguro está relacionado con aquella escena de la Odisea en que Odiseo evoca a los muertos en la ciudad sin sol de los Cimerios y allí entre los difuntos que acuden deseosos en sombrío tropel al sacrificio de la sangre se encuentra con su madre y Odiseo intenta abrazarla tres veces y tres veces se le escapa de entre las manos como sombra o sueño.

2188
“¿Cómo es posible que haya que dar explicaciones del ajusticiamiento de una figura tan deleznable como Cornelio Rojas? […] Es un simple caso de justicia, de la más elemental e inmediata. Los fusilados son criminales connotados, sus crímenes han sido cantados por ellos mismos; un pueblo de siempre sentimental no ha movido un dedo para impedir que sigan los ajusticiamientos; hasta los familiares de los ajusticiados saben que se obra con espíritu de honradez. […] No son las ejecuciones lo que tratan de detener, sino la marcha segura y aplastante de la revolución cubana”.
Eso escribía Guillermo Cabrera Infante en plena oleada de fusilamientos castristas. Juicios sin garantías procesales, fusilamientos que eran asesinatos aclamados por el populacho que siempre se apunta a estas atrocidades con grandes alharacas. GCI no era tan joven en 1959, tenía treinta años. Pero es comprensible su ceguera, yo mismo con esa edad tal vez hubiera escrito algo semejante.
Aunque escribir “hasta los familiares de los ajusticiados saben que se obra con espíritu de honradez” me parece demasiado escribir.
Yo no creo que la Revolución cubana haya sido nunca un proyecto honrado, muy al contrario estoy convencido de que fue un proyecto vil asentado desde el principio mismo en la vileza.
Y esa vileza en mayor o menor medida nos alcanzó a todos.














