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“¿Cómo es posible que haya que dar explicaciones del ajusticiamiento de una figura tan deleznable como Cornelio Rojas? […] Es un simple caso de justicia, de la más elemental e inmediata. Los fusilados son criminales connotados, sus crímenes han sido cantados por ellos mismos; un pueblo de siempre sentimental no ha movido un dedo para impedir que sigan los ajusticiamientos; hasta los familiares de los ajusticiados saben que se obra con espíritu de honradez. […] No son las ejecuciones lo que tratan de detener, sino la marcha segura y aplastante de la revolución cubana”.

Eso escribía Guillermo Cabrera Infante en plena oleada de fusilamientos castristas. Juicios sin garantías procesales, fusilamientos que eran asesinatos aclamados por el populacho que siempre se apunta a estas atrocidades con grandes alharacas. GCI no era tan joven en 1959, tenía treinta años. Pero es comprensible su ceguera, yo mismo con esa edad tal vez hubiera escrito algo semejante.

Aunque escribir “hasta los familiares de los ajusticiados saben que se obra con espíritu de honradez” me parece demasiado escribir.

Yo no creo que la Revolución cubana haya sido nunca un proyecto honrado, muy al contrario estoy convencido de que fue un proyecto vil asentado desde el principio mismo en la vileza.

Y esa vileza en mayor o menor medida nos alcanzó a todos.

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