Estampas
2797

Bélgica (9)
De los cuadros que más me impresionan, este, donde Ensor está aún en el umbral del carnaval (es su primer cuadro donde aparecen personajes enmascarados) y que tiene un poder que más tarde se caricaturiza demasiado. Tal vez hasta lastrar un poco su grandeza. La fotografía no hace justicia, ni siquiera remotamente, a la realidad del cuadro, pero aún así.
Un objeto pictórico verdaderamente conseguido rechaza la interpretación, ahora lo comprendo. Lo que prueba, como si hiciera falta, el carácter fraudulento del llamado arte conceptual.

2796

Bélgica (8)
El arte, no la ilustración, la anécdota o el realismo, han hecho más por la aparición del iPhone que cualquier pintura realista, pienso, recorriendo los museos. La revolución jobs, un hito en la evolución de la especie, no hubiera sido posible si los artistas se hubieran contentado con la anécdota o la ilustración.
Matisse, Picasso, Magritte o Mondrian han hecho posible la forma en que vemos el mundo, y aún más importante han hecho posible la forma en que nos vemos en el mundo.

2795

Bélgica (7)
Apenas me detengo ante el cuadro (Charles Hermans, A l’aube) que cautiva a mi amigo, porque la ilustración no me interesa, el arte es lo que me interesa. La ilustración está bien y cumple su cometido, ilustrar, pero un hombre como yo quiere meterse en los charcos y naturalmente embarrarse y en la ilustración eso es imposible porque la ilustración, el llamado realismo, es siempre superficie, anécdota, y descripción.
Lo único que hay, dirá alguno (y hermosamente lo fundamentará) pero yo sé que no es verdad porque una vez consigues meter los dedos bajo la superficie algo cambia es decir los dedos se te mojan.

2794

Bélgica (6)
De Bruselas sus museos. Aunque la ciudad, reconozco, ha sido una agradable sorpresa esperaba un cuartel funcionarial y encuentro un lugar espléndido, lleno de intensidades. Mejora el mujerío, por cierto, rubias cremosas como pajares holandeses, pero también negras bellísimas de boca roja y tetas puntiagudas. Aquí sí podría vivir (exagero, exagero) por las cervezas en primer lugar pero además por los quesos y por los museos ya lo dije y también por aquellas hamburguesas de langosta en Sainte Catherine ¿recuerdas?
Y los museos se hunden en la tierra. Bosco y Brueghel, Rembrandt y Rubens y hasta Marat en la bañera y el mayor descubrimiento Tobias Verhaecht y su Paisaje antropomórfico (Retrato de mujer) ¡pintado en 1614 ! Verhaecht, un pintor al que no conocía y que deja muy claro de dónde sale toda la obra de Dalí.
Qué grandes museos, repito, y ha de saberse que en cuanto entré en ellos pensé: Barcelona no es una gran ciudad es sólo una capital de provincia sin gran museo no hay gran ciudad sólo capitales de provincia.

2793

Bélgica (5)
Antes de regresar a Bruselas, vamos a ver el Mar del Norte. El día ventoso y exacto. Las nubes alcalinas. Las dunas recostadas. Acabado el paseo iremos a comer y será un gran día para mi condición de teleósteo marino del suborden de los acantopterigios y por añadidura nos tocará una camarera (en la primera acepción de la palabra) rubia, grande y suculenta, qué buena está. Yo nunca viviría en un sitio como este de poder evitarlo a no ser que me diera de comer esa rubia qué sensación babosa llena mi alma (es un decir) al mirarla, ¿o serán los vinos?
Hago fotos a eso que los lugareños y hasta nosotros mismos ahora mirándolo llamamos el mar, pero que no es el mar sino un ser al que lo más recomendable es no acercarse mucho porque se te hiela el cerebro.

2792

Bélgica (4)
Vemos La Virgen del canónigo Van der Paele, de Jan Van Eyck, uno de los grandes momentos de la especie, en el Museo Groeninge, y vemos también la llamada Virgen de Brujas. La esculpió Miguel Ángel entre 1504 y 1505 para Jean y Alexandre Mouscheron, dos mercaderes de paños flamencos, clientes del banco Balducci de Roma, que la querían instalar en la iglesia de Nuestra Señora de Brujas. Lo más llamativo de la escultura es el niño Jesús. Un niño enorme y poderoso con una cabeza de tamaño alarmante y una copiosa corona de rizos. La Virgen y el hercúleo infante están colocadas en un altar y no es posible acercarse tanto como me gustaría, pero los contemplo a diez pasos un rato, y no está mal para un marielito, pienso.
Y qué chocolate jovial, además. No sé si follarán mucho los belgas pero al menos una liberalidad bastante sana, parece, por lo que exhiben en las vitrinas.

2791

Bélgica (3)
A Brujas le llaman la Venecia del Norte: es una exageración. Pero hay canales, es verdad. Ahora mismo he estado a punto de lanzarme a uno de ellos porque pasaron dos o tres hablando flamenco. Oír hablar flamenco es como si te dieran cien patadas en el oído. Bajo su apariencia bucólica, hay que decirlo, Brujas es una ciudad envenenada por el nacionalismo (léase tribalismo), como toda Bélgica. Los llamados flamencos se obstinan en hablar una jerigonza llamada flamenco, que suena como mil chirridos, todos espeluznantes, en vez de hablar francés o cualquier otra jerigonza más hablada en el resto del mundo. Pero no hay manera. ¡Nuestra jerigonza espantosa o la muerte! La imbecilidad tribal es algo muy viejo un monstruo antiguo que aquí rumia por los rincones y del que si afinas la nariz percibes claramente el hedor.
Una lengua no es un mundo, todo lo contrario, es un villorrio. Y los nacionalismos se atrincheran en ese villorrio con su xenofobia su oscurantismo y su fatal ensimismamiento en esa tóxica porquería que llaman lo nuestro. Lo mejor que podría pasar en el mundo es que todos hablásemos el mismo idioma. O en el peor de los casos dos o tres lenguas poderosas cultural y numéricamente. Una lengua sin poder cultural y numérico no es nada. Bueno, sí, es algo: un incordio funesto y disociador.
Ahora pues, descendamos y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. Así los esparció Jehová sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.
Dios, no hay que olvidarlo, privó a los hombres de una lengua común para cegarlos y para sumirlos en la confusión.

2790

Bélgica (2)
En Rozenhoedkaai nos detenemos cada vez que salimos del hotel, es inevitable, a ver el árbol. Es un árbol muy viejo y le han puesto unas enormes bombillas como fanales de un navío de los tiempos del esplendor de Brujas y las ramas del árbol como sollozantes, pienso, caen sobre el canal. Parecen tetas incandescentes. Pero a mí cualquier cosa más o menos esférica me parece una teta, téngase en cuenta.
A dos pasos, por Wollestraat, está la famosa pared de las cervezas algo curioso de ver, este es un país donde hay casi 1500 marcas de cerveza y cada una de ellas tiene su copa o vaso correspondiente. A eso llamo yo esplendor burgués. La burguesía es el estado superior de cualquier sociedad antes o después de ella sólo hay grosería y barbarie. Es lo que pasa en Cataluña, llámenlo como quieran, pero lo que pasa en Cataluña es el resultado de la decadencia de la burguesía catalana. Burguesía bruta que odiaba a Gaudí, es verdad, pero que también lo financiaba y a fin de cuentas gran burguesía.
Voy repasando al personal femenino el único que importa pero salvo un par de vikingas de siete pies y pelazos, nada que destacar. No es una ciudad de mujeres hermosas Brujas, hasta donde alcanzo a ver, a causa supongo de cómo se han atrofiado, fisícamente hablando, los belgas con sus delirios tribales. La tribu es fea, mírese como se mire, y atrofia los genes a la larga, es natural.
Recorro las hermosas plazas la iglesia que, dicen, tiene un trapo con sangre de Cristo, y un guía locuaz nos va contando la historia de la ciudad. Y vemos los cisnes trasegar en los estanques y bebemos una cerveza que tiene que ser la mejor del mundo y llega un momento en que la gaseosidad de la ciudad o de mi mirar la ciudad crece de tal modo que no sé si la ciudad es la ciudad o es su reflejo en el agua.

2789

Bélgica (1)
Aterrizamos en Bruselas y alquilamos una máquina asombrosa que nos permite ir a gran velocidad por una carretera espaciosa y aquí estamos, en Brujas. Y digo asombrosa porque a mí no deja de producirme una sensación de infantil asombro una máquina así. Tantas piezas conduciéndose con la mayor precisión y nosotros confortablemente instalados a salvo de los elementos e incluso podemos (lo permite la máquina) regular la temperatura a nuestra voluntad. No me digan que no es asombroso.
Salimos a cenar. La noche fría y algo gaseosa y el vino limpio. Yo pido sopa de pescado y faisán, que no lo he comido nunca. Faisán. Allá en la pavorosa cuando uno conseguía alzarse hasta el cuerpo de una mujer hermosa los amigos te decían: estás comiendo faisán. Así que toda mi vida he pensado que el faisán es el manjar máximo. Y ahora cuarenta años después estoy sentado en un restaurante en Brujas y como al fin faisán.
Y es como si me regresaran todos aquellos cuerpos otra vez a la boca.














