Estampas

2899

Llueve a cántaros como se dice qué curiosa expresión toda la noche y es sólo agua que cae pero yo le insuflo una melancolía infantil y hasta un carácter, se llama antropomorfismo y lo hago y lo hacemos todo el rato de esa forma acentuamos nuestra existencia en un mundo ajeno por el que pasamos vertiginosamente. Cómo vivir si no. Sin mí, qué sería de la lluvia pienso mirando llover con la modestia que me caracteriza y viene el gato que siempre viene cuando me despierto y se sienta al pie de la cama y me mira como diciendo: al fin. Hay que tener la cara dura él que se pasa el día durmiendo, más antropomorfismo lo que les decía.

2898

Rompo la primera aguada porque no se mueve debidamente. Comienzo otra vez. El nuevo resultado me hace dudar, contemplo la hoja un rato y espero a ver si se pone en marcha y al otro lado del ventanal y arriba el cielo encapotado. Pero la duda ya es suficiente bien lo sé, así que rompo la segunda aguada. La mancha la mancha lo único que importa es la perfección de la primera mancha la corrección enturbia y mata. Me digo. A la tercera creo que esta vez lo tengo pero cuando debo detenerme no lo hago y añado un trazo ligerísimo buscando algo que ha de sugerir una boca creo y no más levantar el pincel todo se disloca y lo que se había conseguido que era bastante se pierde. Así que rompo la tercera hoja de papel. La mancha la mancha la primera mancha musito la mancha autosuficiente y pinto sin dejar de repetirlo y a la cuarta vez al fin funciona y contemplo jubiloso el resultado y entonces comienza a llover.


Casa tomada

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Han de saber que antes de empezar a pintar doy muchas vueltas es una especie de ritual leo algo miro un cuadro u otro y me siento y acaricio al gato que duerme en la mesita de dibujar sobre las aguadas si algún día alguien compra esas aguadas encontrará pelos de gato sin falta y ordeno los platos de plástico que uso de paleta y pongo color en ellos y estiro la tela y localizo al pobre fusilado que voy a pintar si es eso lo que voy a pintar. También miro un poco el jardín que tanto me ha dado y pongo música, clásica la mayoría de las veces aunque a veces me rebajo a la llamada música popular. Y por último la culminación de este ritual es siempre la misma me acerco a la fotografía de mi madre sonriente que tengo sobre el librero y cierro los ojos e inclino la cabeza como hacen los que rezan y le pido ayuda le pido que me lleve al lugar deslumbrante donde están los cuadros de verdad.

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Hablo con mi admirada Zoé Valdés y llama mi atención sobre la actitud de perdonavidas que se permiten algunos lameculos pavorosos que escriben libros, una actitud como de no saben esos que viven lejos lo que se pierden qué maravillosa es nuestra isla lejos de aquí no se puede vivir falta el oxígeno las palmas las palmas primorosas nuestro mar y nuestro cielo, etcétera. Yo pienso en esta gente y pienso indefectiblemente en esas moscas verdes que vemos posadas (y medran) en la mierda y sólo son felices posadas en un montón de mierda.

A ver, lameculos, escuchen: no hay día más feliz que aquel en que nos alejamos del estercolero en que ustedes viven. No amanece un día en que no demos gracias al Dios de la Fuga (el único que existe) por ello. ¿Nostalgia? Ni siquiera sé de qué coño hablan. ¿Nostalgia de una cárcel, de un basurero?

Ah, y una última cosa lameculos: somos libres.

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Y no lo había terminado de escribir como se dice cuando me senté otra vez en mi mesita que da al jardín con toda esa luz y pinté varios cuerpos jugando, dos muchachas (una de ellas mi adorada Giganta) tocándose el culo y riendo y otra tumbada sobre el varón ya dispuesto contemplando extasiada su pito tieso de tamaño considerable por cierto y que está a punto de meterse en la boca, y casi se ve en lo que va definiendo la mancha de agua que se relame ella deleitándose anticipadamente y pinté además a una mujer de las que me gustan, contundentes y de cuantiosa cabellera que cae sobre su bello rostro, a cuatro patas, y a un hombre por detrás metiéndole el pito y se les ve muy felices. Muy felices.

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Algunas de las aguadas que hago se ocupan del acto sexual, pintar el acto sexual no se ha hecho mucho en la historia de la pintura debido en gran medida al odio que profesan las religiones al placer y al cuerpo desnudo (excepto si es torturado) y sobre todo por su odio al sexo, que para las iglesias y las religiones sólo ha de hacerse cuando no quede otro remedio y pensando exclusivamente en una nueva cría. Las iglesias y las religiónes son responsables de esta ausencia de sexo en el arte que empobrece mucho el mundo del arte y la historia del arte. Discriminado de forma especial ha estado el pito, pintar un pito es una especie de crimen, aún hoy, pero dejar de pintar pitos es como dejar de pintar árboles, creo yo, y no lo haré. Y chochos y tetas y cuerpos que se aman y se desean también pintaré.

Naturalmente.

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1959. Lorenzo Copello Castillo. Oil on canvas, 27 × 35 cms.

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Vuelvo a las aguadas toda la tarde hasta que comienza a faltar la luz. Me causa un gran asombro lo que sucede al tiempo cuando trabajo tan concentrado: que no está. No hay tiempo es una sensación muy extraña. Con la tinta y con el agua hay que trabajar muy concentrado porque la menor duda convierte la obra en una obra fallida y hay que destruirla. Pero es parte de la ceremonia lo de la destrucción. Pinto cuerpos desnudos, naturalmente. Un solo cuerpo es bueno de pintar depende de la posición que adopte claro, ver como el agua lo va inventando, pero dos o más cuerpos son lo ideal como los brazos y las piernas se cruzan y entrelazan y como los volúmenes forman monumentales conjuntos. A ver amigas y amigos míos todo sea por el arte llámenme o escríbanme para que se pasen por el estudio y que la tinta el agua los pinceles y yo los eternicemos. Bueno, es un decir, ya sabemos que la palabra eterno no significa nada. Y mientras los eternizo escucharemos a Boccherini qué puede ser mejor.

2891

En el año 2003 fusilaron a tres muchachos en la isla de los Castro. Los mataron los Castro porque la isla como se sabe es una finca donde la Justicia es que estos dos asesinos determinen quién vive y quién muere, quién anda por las calles y quién se pudre en un infecto agujero apaleado regularmente. Los fiscales los abogados y los jueces son primero revolucionarios (es decir criados de los Castro) en la finca de los Castro antes que fiscales, abogados y jueces así que aquello no es un país sino un corral con dos asesinos al mando del corral. Un corral lleno de putos y lameculos y de criados y esbirros y sobre todo de cobardes, que son legión.

Revolucionario es una palabra equivalente a progresista en España, quiero decir una palabra que es sinónimo de bajeza, estupidez y mierda. A ver si aprenden que no puedo estar toda la vida instruyéndolos.

Y ya que estoy en Europa, aunque parezca increíble, hay en Europa una enorme cantidad de gente que todavía (¡cincuenta y seis años de evidencias después!) cree que en la finca de los Castro se estudia de gratis y se va al hospital de gratis y corren allá a que se los folle algún negro básicamente porque les gusta pero además porque no se perdonan haber sido esclavistas y haber hecho fortuna cazando negros en África. En España y en Cataluña especialmente hay muchas fortunas de cazadores de negros y hay en consecuencia muchos partidarios de los Castro y de ir a la isla a que se los folle algún negro, por aquello de redimirse.

Pero. Me he desviado. En el año 2003 fusilaron a tres muchachos en la finca de los Castro y he comenzado a pintarlos, es lo que quería decir.

2890

Me levanto a orinar con el pito tieso como suele y la piscina del vecino vacía dónde estarás en qué lejanos mares cariño mío. Los hombres matamos trescientas sesenta mil ballenas azules durante el siglo XX. Lo leí en un libro muy interesante sobre la llamada industria ballenera, un tema que encuentro fascinante no sé por qué. Las ballenas embarazadas eran las más difíciles de matar; una ballena embarazada encajó nueve arpones y tardó cinco horas en morir. Dice el libro. También dice que un científico encontró cierta vez un feto de cachalote de trece centímetros. Cuando diseccionó el feto “tenía las características rudimentarias de los animales que se convertían en ballenas: un hocico parecido al de un cerdo con los orificios delante (luego migraban a la parte superior de la cabeza), orejas y genitales que sobresalían, aletas parecidas a manos y bigotes residuales. Era como si aquel proyecto de ballena pudiera todavía convertirse en cualquier otro tipo de criatura”. Por suerte, ya el chimpancé se ha civilizado un poco y no corres tanto peligro lejos de casa en los mares. Eso es lo que pienso ya de regreso a la cama y más tranquilo me voy durmiendo y me toco el pito y aún lo tengo tieso.

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