Estampas
3030
Y algo tengo que decir, con el mayor gusto, de la traducción del libro de Simon Leys. Sin buenos traductores qué sería de nosotros. Hay muchas malas traducciones, y a veces yo mismo no compro libros que me interesan porque algún amigo me advierte a tiempo de lo espeluznante que es su traducción. No se reconoce ni se agradece lo suficiente el trabajo de los traductores. Por eso, quiero decir aquí que José Manuel Álvarez-Flórez y José Ramón Monreal logran en el libro de Leys esa deseada invisibilidad que es el triunfo verdadero del buen traductor.
Yo soy un lector extraordinario con un oído muy afinado y lo único que percibo leyendo el trabajo de Álvarez-Flores y Monreal es, fuerte y nítida, la voz de Leys, su chispeante cadencia y fino razonar, y esa es la mejor prueba de que estoy leyendo una traducción formidable.
Ya lo dice el propio Leys en el ensayo que dedica a los rigores de la traducción. “La paradoja a la que el traductor se enfrenta cuando prosigue obstinadamente con su angustiosa tarea reside en el hecho de que no está entregado a erigir un monumento que conmemore su talento, sino que está por el contrario esforzándose por borrar todo rastro de su existencia. Al traductor sólo se le detecta cuando ha fallado, su éxito estriba en asegurar que se le ha olvidado. La búsqueda de la expresión natural y apropiada es la búsqueda de lo que no parece ya una traducción. Lo que se necesita es dar al lector la ilusión de que tiene acceso directo al original. El traductor ideal es un hombre invisible”.

3029
Avanzo alegremente por Leys y después de Chesterton (Madame, yo no sé nada: yo soy periodista) y Gide, un autor que nunca me ha interesado, llego a Malraux que conocía muy bien a los intelectuales franceses (En Francia, los intelectuales suelen ser incapaces de abrir un paraguas) pero que siempre me ha parecido un farsante, y disfruto mucho de que Leys piense lo mismo; y a continuación, como si fuera poco según se dice: Orwell (Lo que me pone malo de la gente de izquierdas, especialmente de los intelectuales, es su absoluta ignorancia de cómo suceden realmente las cosas).
Y todo cuán gozoso porque Leys es uno de esos escritores esencialmente amenos, y yo que mientras más viejo me pongo más convencido estoy de que la amenidad (junto a la claridad) es la máxima virtud de la escritura.

3028
España debe ser el único país del mundo donde una minoría tribal llega al poder en provincias y, una vez en el poder (que a veces alcanza uniéndose a otras minorías, o pactando con partidos de ámbito nacional), esa minoría se dedica a desespañolizar España. Y a alimentar la división entre los ciudadanos españoles. Y a imponer a los españoles dialectos insignificantes en detrimento del idioma nacional y común, el español.
El mayor éxito de estos grupos antiespañoles, sediciosos y minoritarios, ha sido convencer al resto de la población de que sus fantasías tribales no son fantasías tribales sino verdades históricas. Inventar una nación como se sabe, no es tan difícil si se dispone del dinero necesario. Y los minoritarios antiespañoles y sediciosos han dispuesto de miles de millones de euros para financiar sus invenciones, no hay que olvidarlo. ¿Y quién ha financiado tan generosamente a los minoritarios provinciales sediciosos cuyo objetivo fundamental es desespañolizar España? ¡El Gobierno español!
Abandonad toda esperanza. ¿No?

3027
Sigo con Simon Leys su prosa frondosa y su cerebro chispeante y tan bien leído e informado. Pero. Esa sensación de que se trata de un escritor anticuado, en el sentido de que escribe desde un mundo ajeno a la luz de la ciencia, un mundo de espaldas a la genética y al gen egoísta y a las pulidas superficies intelectuales de la tecnología. Un escritor de ideas que escribe el mundo como si todo ese conocimiento científico no existiera: ¿en qué medida puede ser tomado en serio? Me pasa con frecuencia. Hace poco, con una entrevista del periodista Espada al escritor Sánchez Ferlosio. Todo lo que decía Ferlosio nacía de su boca viejo, eran las respuestas de un hombre anticuado (no antiguo). No se pueden decir grandes profundas verdades acerca de la naturaleza humana, que es a fin de cuentas a lo que aspira todo escritor, si se ignoran frívolamente los conocimientos adquiridos por la especie.

3026
Bueno bueno. Leys y su monacal refutación de Hitchens. Toda la defensa de Leys de la Madre Teresa adolece de la pasión del converso que, ofendido, sale en defensa de la Fe. Pero la Fe su superchería y la monja oportunista, reaccionaria, y amante de la pobreza (no de los pobres) no tienen defensa. Y no hay nobleza en una mujer que negó cualquier tratamiento serio a sus pobres, pero buscó los mejores hospitales para tratarse, cuando enfermó. Un hombre culto puede creer en la superchería religiosa que quiera, pero eso disminuye su autoridad intelectual. No hay Dios. Y sí, el primer deber de un intelectual es afrontar ese desamparo y esa intemperie. Y defender la luz de la razón contra la oscuridad de las supersticiones. Lo que hace Leys, por muy bien que lo haga, no es más que poner de manifiesto su cobardía ante un Hitchens que se atreve a vivir sin muletas religiosas, solo y mortal y limpiamente.
Espero que Leys vaya a mejor, pero qué decepcionante su resentimiento anti libertario y beato contra Hitchens.

3025
Ayer día de recogimiento como dije lecturas en el jardín y ha comenzado a soplar un vientito que parece que anuncia el otoño (lejano). He dejado a un lado por el momento las novelas policiacas porque mi cerebro estaba ya algo embotado y me he puesto a leer a Simon Leys. Muy interesante. Lucido. Un poco quizás demasiado lucido hasta donde voy. Como sabemos, todo, hasta la brillantez intelectual, si se pasa de rosca empieza a criar al fondo una zona hueca. Espero que no sea el caso de Leys que por el momento cumple de manera formidable con la tarea de irme desembruteciendo.

3023
Mañana es 11 de Septiembre y es un día de luto un día para recordar y honrar a las víctimas de los atentados de los asesinos religiosos de Alá en New York. Ese día atacaron a la Civilización Occidental (la única que existe) soldados suicidas del oscurantismo y la barbarie y se inició una guerra que no concluirá hasta que los derrotemos. No hay otra solución. Es la guerra entre lo civilizado y lo bárbaro. Con Europa para esa guerra no se puede contar, como se sabe, y de España es mejor no hablar recuerden que se trata de un país al que (asesinos religiosos de Alá) le reventaron varios trenes en plena capital y salió a la calle no a condenar a los asesinos sino a su propio gobierno democrático. España es un país donde la política envilece cualquier oportunidad de esplendor moral.
Pero. Afortunadamente, existe America y sus poderosas fuerzas armadas y así se ha ido haciendo la guerra y eliminando a los cabecillas terroristas islamistas con esos maravillosos drones a los que nunca agradeceremos bastante. El presidente Obama ha hecho un gran trabajo matando a los jefes de la chusma islamista asesina, hay que decirlo, gracias Presidente, a cada rato despertamos con la grata noticia de que uno de los cabecillas de la chusma religiosa ha reventado.
Así que mañana en nuestro jardín será un día de recogimiento, un día para recordar y un día para honrar a las víctimas del 11-S.
Nada más.

3022
Como trato de acabar de escribir una novela que tal vez pueda considerarse al final, una novela policiaca o negra, leo novelas de ese género. Me va bien cuando escribo leer cosas relacionadas con lo que escribo. Creo. He leído en los últimos meses a Lemaitre, bien, pero no es ni la mitad de lo que dicen que es. Su comandante enano no acaba de gustarme. Es enano, y Lemaitre no consigue que deje de serlo, literariamente hablando. Haga lo que haga siempre piensas al final: pobre enano. No es precisamente mi idea del héroe. He leído (y releído) a Simenon, grande y atmosférico, qué poderío de andar por casa. No es Chandler o Hammett, cierto, ¿pero quién lo es? He leído o intentado leer a Dolores Redondo, alguien me la recomendó (muy mala, a niveles rumiantes). He leído a James Patterson, que tiene una fábrica de la que le salen best sellers en tropel muy bien armados pero robóticos. También he leído a Michel Connelly, que no lo hace mal, pero su detective Bosch resulta para mi gusto demasiado sentimental y un tanto gilipollas. Y también he tratado de leer a Arthur Hailey, un libro policiaco que tiene, ambientado en Miami, pero con eso sí que no pude.
Y mi novela avanza mientras tanto lentamente.















