Estampas
2272
Trabajo ensimismado. Como si trabajara en un mundo sumergido. Me desperté a las seis y media y lo primero que hice fue pensar en un muchacho que hoy voy a pintar y que fusilaron en 1964. Tenía los ojos verdes.

2271
Leo una entrevista con Avelina Lésper. El arte moderno es una farsa, dice, y estoy de acuerdo con ella cómo no lo voy a estar. Las instalaciones son decoración y basura, cuánta verdad. Adjuntar a cualquier trasto diez páginas de cháchara simbólica ( que si Derrida, que si Lacan) no convierte el trasto en cuestión en arte. Hay algo profundamente equivocado en la pretensión de atribuir a una idea la categoría de objeto artístico.
No lo es.

2270
Pinto a Elio Méndez Gutiérrez unas pocas manchas y trazos rápidos, a veces un poco de pintura muy fina que chorrea y junto a eso un empaste engarzado. La fotografía de poca calidad: sombras emborronadas. Sin embargo lo de pintar funciona extrañamente la mala imagen en ocasiones hace imposible y degrada el trabajo pero a veces facilita las cosas y hace que todo fluya armoniosamente.
Amaneció gris y esponjoso pero a mediodía ha salido un solecito otoñal, despacioso y espeso.

2269
Hoy descanso y paseo junto al mar, helado eso sí, qué le vamos a hacer. En El Perelló compramos un aceite turbio y espermático un aceite lleno de ideas las ideas que me da, ya sabes. El molino es de piedra y lleva allí doscientos años nos cuenta el señor de las olivas. Agarramos trozos de pan fresco y lo vamos mojando en el aceite y bebemos un vino frío y aromático. En la pared, enmarcadas, las fotos de la estirpe: este es mi bisabuelo dice el señor de las olivas mostrando una dentadura perfecta y un mechón de pelo blanco le cruza la frente.
El lugar es agreste y de aire fino y después de comer unos lúbricos filetes de caballa nos acercamos a la orilla del agua y a lo lejos, entre la niebla láctea, el Delta del Ebro. Yendo por un camino entre las rocas como por un Sorolla encontramos un bunker de cuando la guerra, y entro, y desde la oscuridad por una tronera miro la luz. Es uno de esos días que uno no los vive sino que los flota.

2267
Ahora, por ejemplo, cuando bebo mi té matinal y miro el jardín y del cielo nublado baja un vaho engominado y una mujer en la habitación sobre mi cabeza aún duerme. En este momento, estoy seguro, la electricidad y la química de mi cerebro se han alineado o combinado (o lo que hagan) de la manera necesaria para que yo sienta eso que llamamos ser feliz.
Ser feliz.

2266
Pinto estoy pintando a José Ramón Martínez Díaz, fusilado el 18 de mayo de 1965, un hombre muy apuesto. Me envió la foto su sobrino, que es un buen amigo, desde Miami. Lleva un blanco uniforme José Ramón en la foto y cuidado bigotillo e impoluta guerrera de oficial y un elaborado escudo de armas en la gorra de charolada visera y de la marina, creo. En la foto se ve todo reluciente y limpio y sobre todo decente y queda muy claro para cualquier observador objetivo que se trata de una foto de los otros tiempos. De antes que nos liberaran, quiero decir. Después, cuando nos liberaron, ya toda imagen (mecánica o artesanal) de cualquier tipo de persona o lugar en la isla estuvo de forma inevitable y automática estéticamente rebajada por la vulgaridad de la llamada Revolución.

2265
Por desgracia no podré disponer de todas las fotografías de los fusilados de Castro. A lo sumo, quinientas. Creo. La desidia pavorosa todo lo abarca. Habré pintado a doscientos fusilados, más o menos. A una pareja muerta en combate, y a una madre que se ahorcó para proteger a sus hijos. He tenido que renunciar a dos o tres fotografías de fusilados porque eran de tan poca calidad que no se distinguía casi nada y aunque lo intenté no tuve éxito.
No sólo he pintado a víctimas del fidelismo. Pinté como ya saben a los once atletas judíos asesinados por terroristas palestinos en Munich. Y le he estado dando vueltas a la idea de pintar a los asesinados por los patriotas vascos de ETA. También, ya lo he decidido, pintaré a los cuarenta y tres estudiantes asesinados en México. El llamado caso Ayotzinapa. No sabría explicar por qué me apetece pintar retratos de víctimas de la barbarie humana. Tampoco es que haga falta explicarlo.

2264
Sueño que estoy en un lugar espeluznante y sobre todo sucio y grosero debe ser la pavorosa, pienso en el sueño, pero no estoy seguro. Cuando sueño estas cosas despierto con dolor de cabeza el lugar donde se nace es resumiendo grosería, depravación, dolor de cabeza y poca cosa más. Voy al mercado y compro sardinas piña y mandarinas y un pan que se deshace en la boca. Esto mejora bastante la mañana es verdad. Pero. Esta época del año es agua turbia y al escurrirse entre mis dedos deja una especie de moho o de baba sucia no sé.

2263
La hiedra hace semanas que está roja y en vías de quedarse pelada y para mí es la mejor época del año. Al menos desde el punto de vista cromático. Todo verde en primavera y verano está bien pero un poco aburrido a la vista a fin de cuentas ¿no? Y hablando del verano, ayer encontré aquí en este aparato unas fotos de los buenos tiempos con las niñas desnudas en el jardín y la niña polaca que surcaba las aguas como una criatura marina y legendaria sobre todo su torso y la niña italiana mírenla sobre la hierba haciéndose fotos del chocho, qué lindo lo tenía peludo y cremoso. Me puse un poco triste la verdad al mirar así el pasado que no regresará porque aunque esas mismas niñas vuelvan ya no serán ellas ni yo seré yo.
Hay una estancia gris cada vez más vacía en la que irremediablemente nos adentramos.














