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Hoy descanso y paseo junto al mar, helado eso sí, qué le vamos a hacer. En El Perelló compramos un aceite turbio y espermático un aceite lleno de ideas las ideas que me da, ya sabes. El molino es de piedra y lleva allí doscientos años nos cuenta el señor de las olivas. Agarramos trozos de pan fresco y lo vamos mojando en el aceite y bebemos un vino frío y aromático. En la pared, enmarcadas, las fotos de la estirpe: este es mi bisabuelo dice el señor de las olivas mostrando una dentadura perfecta y un mechón de pelo blanco le cruza la frente.
El lugar es agreste y de aire fino y después de comer unos lúbricos filetes de caballa nos acercamos a la orilla del agua y a lo lejos, entre la niebla láctea, el Delta del Ebro. Yendo por un camino entre las rocas como por un Sorolla encontramos un bunker de cuando la guerra, y entro, y desde la oscuridad por una tronera miro la luz. Es uno de esos días que uno no los vive sino que los flota.













