Estampas
2038
Eso de lo moral relacionado al placer y a los asuntos sexuales, me molesta bastante. La Biblia es un libro muy hermoso a ratos y como literatura hay poco que objetar, pero ha hecho mucho daño con su odio a la mujer y su odio al placer y su apología de la culpa y su afán de relacionar con ¡el pecado! (qué coño será eso) todo lo que tenga que ver con el cuerpo y sus delicias. En algún momento habrá que dejar ese oscurantismo atrás y vivir más civilizadamente.
Follar (en todas sus variantes) no es decente ni indecente, es un acto fisiológico, como comer ¡cuántas veces lo tendré que repetir!

2037
¿Por qué el sexo es un tema tan poco tratado en pintura? Algo se ha hecho, no digo que no. Pero. No lo necesario. El sexo es parte fundamental de lo humano. Se han levantado muros altísimos pero hay que echarlos abajo. El deber de un artista es arremeter contra los tabúes y despedazarlos.
¿No hay belleza en una felación? Quién lo dijo. ¿No hay belleza en una polla tiesa? Quién lo dijo. ¿No hay belleza en un chocho? Quién lo dijo. ¿No hay belleza en dos cuerpos follando? Quién lo dijo.
Naturalmente, no pienso acatar toda esa estupidez.

2036
LOS BUENOS TIEMPOS no serán sólo pintar los mejores momentos de la alegría de vivir es decir cosas del follar y su cariño, también el paisaje donde tuvieron y siguen teniendo lugar esos excelsos momentos.
No follar es de pobres, como se sabe. Uno comienza por poner a la mujer a lavar calzoncillos llenos de mierda y termina por no follársela. Que es lo más bajo a lo que se puede llegar.
Quiero pintar el jardín y una piedra y la luz sobre la hierba y hasta pintar un pájaro posado en el olivo y pintar además la florecida mimosa bajo cuyo áureo resplandor te amé.

2035
Desde que regresé de Miami estoy pintando LOS BUENOS TIEMPOS y me lo paso muy bien. Dice mi rubia preferida que ahora siguen siendo los buenos tiempos y de alguna manera tiene razón. Pero. Aquellos buenos tiempos de las niñas en la piscina el verano y el altar y Portal documentando fueron algo diferente.
Pinto tetas y genitales y pinto su rostro y pinto la carne bajo el agua y el jardín nevado y también pinto naturalmente el amor y la dicha de vivir.

2034
Hoy es el cumpleaños de mi rubia preferida y allá iremos. Mi rubia preferida es de las que mejora con los años así que sé que la encontraré más buenorra, y más libre que es lo importante. Comeremos y beberemos felices de estar vivos y que sepa mi rubia preferida que puede considerarme un regalo más de cumpleaños estoy a su entera disposición.
Y no sean mal pensados me refiero a servir el vino y cosas así.

2033
Miami (11)
Paso cerca del cementerio donde descansan, es un decir, los restos de Lydia Cabrera. Cuántos saben hoy en Miami (para no hablar del basurero isleño) quién fue Lydia Cabrera. Cuántos han leído sus libros. Cuántos recuerdan su rostro como lo recuerdo yo. En qué medida morirá aún más Lydia cuando yo muera. Todo eso me voy preguntando.
Un día me dijo sentados en su salita en su luz gruesa y dorada lo único que hay es el trabajo y saber eso me ha ayudado mucho a vivir.
Mañana vuelvo a casa y recuerdo que antes y durante muchos años cuando regresaba a Miami pensaba: vuelvo a casa.
Pero ya no.

2032
Miami (10)
Paro en Flagler y la 57 a comerme un tamal y unos tostones y para beber pido un jugo de mamey. Siempre vengo aquí cuando estoy en Miami mi cerebro reclama ciertos sabores y olores qué le voy a hacer. Llega una negra espléndida casi líquida tetona y con el culo enorme y se sienta en la mesa de enfrente y cuando se ríe se le mueven las tetas y se le mojan los dientes y enseña la lengua quién pudiera meter la polla ahí pienso y eso me anima bastante la verdad.

2031
Miami (9)
Qué queda de aquel Miami de mi llegada en 1980. Naturalmente, nada. Uno dice la vida y alimenta la ilusión de que es un flujo ordenado y estable e incluso alimenta la ilusión de que hay una historia pero la vida es un fulgor que sin pausa se disipa sin más. Se disipa y nuestro cerebro fabrica versiones siempre inexactas, construcciones pinturas químicas pero el fulgor que es la vida se ha ido sin remedio; esa ilusión organizada por nuestro cerebro es necesaria lo admito, evolutivamente hablando, ¿quién podría sin enloquecer existir en un fulgor centelleante que se devora incansable a sí mismo?
Volveré a los retratos, lo he comprendido aquí, y terminaré es muy probable pintando el gran retrato de mi madre de aquella historia de cruel venganza que escribí hace años.
Es decir que seguiré tejiendo la vana historia de lo que he sido y todavía soy en el absurdo fulgor.

2030
Miami (8)

Compro lo necesario y pinto un retrato del joven y apuesto abreu. El pelo como una cresta tupida y verde el fondo y la piel rosa y naranja. Lo pinto muy rápido atendiendo exclusivamente al ritmo e ignorando lo demás. Tiene los labios gruesos el joven abreu y la nariz del clan y los ojos de un castaño arbóreo y las cejas anchas. Y amarillo en la frente y en la punta de la nariz.

2029
Miami (7)
Llevo el coche bello y poderoso hasta Miami Beach y estaciono y me acerco al agua. Trabajé aquí cerca de lavaplatos en la cocina de un hotel en 1980 y recuerdo las calles solitarias de las madrugadas de aquellos días. Más tarde encontré trabajo en un pequeño supermercado en Española Way, y allí ascendí hasta carnicero antes de marcharme a California. Aquella Miami Beach de viejitos judíos retirados y esta Miami Beach anal bleaching y con los huevos depilados.
Miro el mar. Este es el mar. Si el agua no está tibia no es el mar. El mar ha de ser maternal y un mar helado no es maternal lo maternal es lo tibio como se sabe. Y está lo del color. Ese verde maravillado y cómo, cuando alcanza cierta profundidad se convierte en un azul acogedor.
Después camino, mirando culos pasar, hasta el lugar donde estuvo el estudio del pintor Carlos Alfonzo. Cuando venía a verlo solíamos ir a comer a un timbiriche que estaba en Collins Avenue donde yo siempre pedía arroz con frijoles negros tostones y pescado frito y bebíamos cerveza mirando culos pasar.













