Estampas

2277

Logro atrapar a uno, más o menos, antes de que se desvanezca. Lo pinto en rojos ennegrecidos y un poco de verde. Al principio queda demasiado hecho y elimino algunos volúmenes y lo hago todo más plano. Es un buen comienzo. Dos muchachas sobre la hierba abrazadas y un pie solitario y otra muchacha con las piernas abiertas y mucho pelo en el chocho como debe ser. Yo no quería expresar nada sólo encontrar el objeto pictórico. Pero. Todavía no. No hay nada más hermoso que dos muchachas desnudas y abrazadas pero esa hermosura no está en lo que he pintado es bastante frustrante qué les puedo decir.

2276

Quiero pintar el jardín pero sé que para pintar el jardín no puedo pintar el jardín. Aparecen en mi cerebro los cuadros del jardín que serían cuadros relacionados con los buenos tiempos vividos en el jardín, naturalmente, pero también relacionados, sobre todo, con la naturaleza de los objetos pictóricos que esconde el jardín. Los veo a veces en mi cerebro pero se desvanecen antes de que pueda pintarlos. Es una sensación horrible salir al jardín y no ver el jardín. Sólo hay una manera de pintar esos objetos pictóricos que están en el jardín y hasta ahora no he podido hallarla.

Pero no desespero.

2275

El domingo pasa luminoso e incluso nos sentamos un rato en el columpio a tomar el sol. Ya había dado por pintado a Manuel Paradera Gómez, pero dejé el cuadro en el caballete y pasaba y lo miraba y de súbito lo he repintado. Y mañana volveré a repintarlo un poco más. Lo que era blanco ahora es gris violeta pero ese gris violeta es, extrañamente, más blanco que el blanco: el objeto pictórico tiene sus propias normas.

2274

1959. Julio Falcón Miranda. Oil on canvas, 27 × 35 cms.

2273

El periodista Enric dice hoy que no puede votar al partido CIUDADANOS, porque él es de izquierdas. Yo en lo de izquierdas y derechas me atengo a Ortega, máxima autoridad: “Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral”. Cuando me miro por dentro veo que en algunas cosas soy, digamos, de la llamada izquierda y en otras de la llamada derecha. Muy bien. ¿Por qué colocarme voluntariamente una horma cerebral?

Por otro lado, me parece cómico que un intelectual, por razones morales, no pueda votar a un partido porque (dice) es de derecha. Supongo que es que se encuentra muy cómodo al calorcillo de casi cien millones de muertos matados por las izquierdas y a toda esa descomunal superioridad moral que de los cadáveres emana.

2272

Trabajo ensimismado. Como si trabajara en un mundo sumergido. Me desperté a las seis y media y lo primero que hice fue pensar en un muchacho que hoy voy a pintar y que fusilaron en 1964. Tenía los ojos verdes.

2271

Leo una entrevista con Avelina Lésper. El arte moderno es una farsa, dice, y estoy de acuerdo con ella cómo no lo voy a estar. Las instalaciones son decoración y basura, cuánta verdad. Adjuntar a cualquier trasto diez páginas de cháchara simbólica ( que si Derrida, que si Lacan) no convierte el trasto en cuestión en arte. Hay algo profundamente equivocado en la pretensión de atribuir a una idea la categoría de objeto artístico.

No lo es.

2270

Pinto a Elio Méndez Gutiérrez unas pocas manchas y trazos rápidos, a veces un poco de pintura muy fina que chorrea y junto a eso un empaste engarzado. La fotografía de poca calidad: sombras emborronadas. Sin embargo lo de pintar funciona extrañamente la mala imagen en ocasiones hace imposible y degrada el trabajo pero a veces facilita las cosas y hace que todo fluya armoniosamente.

Amaneció gris y esponjoso pero a mediodía ha salido un solecito otoñal, despacioso y espeso.

2269

Hoy descanso y paseo junto al mar, helado eso sí, qué le vamos a hacer. En El Perelló compramos un aceite turbio y espermático un aceite lleno de ideas las ideas que me da, ya sabes. El molino es de piedra y lleva allí doscientos años nos cuenta el señor de las olivas. Agarramos trozos de pan fresco y lo vamos mojando en el aceite y bebemos un vino frío y aromático. En la pared, enmarcadas, las fotos de la estirpe: este es mi bisabuelo dice el señor de las olivas mostrando una dentadura perfecta y un mechón de pelo blanco le cruza la frente.

El lugar es agreste y de aire fino y después de comer unos lúbricos filetes de caballa nos acercamos a la orilla del agua y a lo lejos, entre la niebla láctea, el Delta del Ebro. Yendo por un camino entre las rocas como por un Sorolla encontramos un bunker de cuando la guerra, y entro, y desde la oscuridad por una tronera miro la luz. Es uno de esos días que uno no los vive sino que los flota.

2268

1959. Dr. Aurelio Martínez Ferro. Oil on canvas, 27 × 35 cms.

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