Estampas
2918

New York (3)
En el MOMA, en el patio donde nos hicimos aquella foto cogiéndole las tetas a la chiva de Picasso ya no está la chiva lo que hay son unas esculturas modernillas espantosas. Suerte que ahí siguen Rousseau y Gauguin y Rothko y Léger y la danza de Matisse uno de los más bellos cuadros que existen. Yo voy a las ciudades a ver museos grandes museos y si no hay grandes museos ya las ciudades no me interesan tanto. Todo eso de la diversidad cultural y el folklorismo orgulloso y de las tradiciones locales (siempre despreciables) se ha exagerado mucho y está muy sobrevalorado. Casi podría decir que no he venido a New York sino a Picasso a Guston a Pollock a Hockney a Ensor a Dumas a Alice Neel y hasta a Alex Katz. Y ya que hablo de Neel la que fuera mujer de Carlos Enríquez pintaba mucho mejor que Carlos Enríquez (es que pintando palmitas no se puede ir muy lejos). A Carlos Enríquez como a casi todos los pintores cubanos lo devoró el costumbrismo el entorno local y esa secreción nasal también conocida como pintura nacional. Hay que cuidarse de lo nacional y del pueblo y estar siempre contra lo nacional y contra el pueblo sobre todo contra el pueblo al que dicen que perteneces.

2917

New York (2)
La ciudad es la ciudad y su fantasma. Siempre de la mano. Nuestro hotel está muy cerca de Hell´s Kitchen y del lugar donde vivió Reinaldo y camino por las calles renovadas en las que nada queda del sucio ayer y nos detenemos en el edificio donde vivió y murió y donde escribió El color del verano, entre otras grandezas. Si pregunto a los viandantes nadie sabrá quién era, pero lo sé yo, y eso basta. De las cuevas sexuales que antes poblaban todo este lugar y sus lubricadas lobregueces recuerdo, durante el paseo, su antihigiénica inocencia. Y una luz de rosado tendón. Aquella vez que descendimos a las catacumbas de la 42 y una mujer joven y hermosa dentro de una cabina de cristal se abría el chocho y me sonreía. Yo nunca he podido en estos ambientes de pago porque me producen tristeza y el sexo es generosidad y alegría. El no poder probablemente, eran los años ochenta en New York, me salvó la vida.
La gente muere, es cierto, pero hoy de pie aquí otra vez al sol recordando mi cerebro amigo mío es más grande que la muerte.

2916

New York (1)
Llegamos al atardecer y lo primero que hacemos es ir al lugar donde estuvieron las torres que los religiosos musulmanes derribaron. Lo que es la religión. Murieron miles de personas como se sabe y mientras voy en el taxi viendo la ciudad pasar y su ronroneo de artefacto tierno y descomunal y su relámpago lila, pienso lo de siempre: si el chimpancé no abandona definitivamente la religión y cualquier patria que no sea la humana, no sobrevivirá. Las potalas de Dios y de la Tribu le impedirán despegar, separarse de una vez por todas del mono y de la Naturaleza e inaugurar la nueva era.
La ciudad ha cambiado mucho desde la última vez que nos encontramos. El nervio central del capitalismo reluce hermoso y fiero. New York es el vórtice donde se levanta una y otra vez la esperanza del hombre libre, por eso la atacó Dios. Dejamos la máquina amarilla y nos quedamos contemplando la desafiante limpieza que emana del lugar y sé que estamos ganando. Por el momento. En el monumento a los caídos, sobrecogedor, el agua de la vida canta interminable. Que nadie hable de Dios, aquí sólo hay lugar para la razón, la higiene de las máquinas y el poder de las manos del hombre.

2915
He estado pensando en las obras de la serie que llamaré Los buenos tiempos, que por el momento son mayormente tintas, aunque ahora que lo recuerdo el año pasado pinté algunos óleos pequeños con el mismo tema. Quiero conseguir objetos artísticos que no necesiten explicación así que si salen bien estas obras serán la alegría de vivir y la alegría del cuerpo y del estar vivo y la dicha de acariciar y de que lo acaricien a uno. Serán, además, un estudio acerca de las dimensiones de la amistad física, que es un concepto formidable. Alejar el sexo de la propiedad y devolver lo pagano a su reino, el cuerpo. La hipocresía lo corroe todo a nuestro alrededor como se sabe y la beatería envilece hasta el aire que respiramos. Quiero pintar el sexo como una forma de la alegría y sobre todo como una forma de la generosidad. Si tengo al menos un poco de éxito estas obras serán más que un asunto estético, una celebración

2913
Lo de la neblina del acontecer va tomando forma. Al margen de los retratos de los fusilados y las aguadas, trabajo desde hace unos días en tres cuadros encaminados, podría decirse, a esa neblina que percibo adherida a la realidad como un ronroneo. Los cuadros son interiores, casi bodegones aunque en dos de ellos al fondo hay figuras humanas una mujer que se masturba en uno y una pareja tumbada en otro. Del tercero no digo nada porque está aún muy en sus inicios.
Como ha estado lloviendo el gato apenas sale y subido a la mesa donde trabajo se pone a dormitar mientras yo escucho el zumbido gaseoso que deja la vida al pasar.

2912
Ayer soñé con el culo de Lagerfeld. En el sueño del culo le salían zorros a Lagerfeld y después de los zorros vi salir el glande de Bartolo como la cúpula de San Pedro y prendidos al glande una multitud de esbirros: Eusebio Leal, Silvio Rodríguez, Milanés, Omara Portuondo, Barnet, Padura y hasta Geraldine Chaplin ¿pero que hacía esa momia allí? Y cantaban los esbirros a todo trapo en el sueño: ¡Ha resucitado ha resucitado! ¡Aleluya! cuando desperté aterrorizado. Afuera el silencio de la madrugada era morado y compacto y las ramas del olivo latían. Me levanté entonces a orinar y no tenía el pito tieso como siempre lo que atribuí a la impresión causada por el sueño, soñar algo así supongo que impide cualquier erección incluso a alguien como yo.
Y ya me sentía bastante recuperado regresando a la cama cuando de pronto pensé que si Bartolo había sido capaz de resucitar a Lagerfeld mediante la simple inserción de su tercera pata en el recto de Lagerfeld también podría resucitar a Fidel Castro, si es que moría alguna vez. ¡Y a Raúl!
Santocielo.

2911
Karl Lagerfeld ha estado con sus lagartijas en La Habana. Alguien del mundo de la moda, hace como un año, me aseguró que Lagerfeld había muerto en Milán de tantas operaciones para estirarse la cara (ya nadie distinguía entre su cara y su ano), pero que los Castro mandaron a Bartolo a resucitarlo mediante el famoso método de la tercera pata, que según el Papa Francisco (si lo sabrá él) es milagroso. Pero yo no me lo creo. ¿Por qué iba a meter Bartolo su portentoso órgano, verga o tercera pata en el culo flácido, esmirriado, pellejudo y descolorido del famoso modisto?
Aunque, pensándolo bien, tal vez ese sea el motivo por el que Lagerfeld ha ido a Cuba, porque le debe la vida a los Castro. Sí, podría ser. Cosas más raras se ven en la alta política.
Pero hablemos de asuntos importantes, he comprado tinta roja para las aguadas el plan es combinarla con la tinta negra a ver qué sale. Ayer ya de noche estuve probando pero fue un desastre y lo rompí todo. Y mirando los ripios de papel tirados en el suelo, por cierto, pensé apenado que a Lagerfeld si es verdad que lo resucitó Bartolo con su milagrosa tercera pata le habrá quedado el culo como unos zorros.

2910
No pinto nada que no haya vivido y ayer haciendo aguadas a media tarde frente al jardín donde la luz cimbraba como una teta joven pensaba qué bien te lo has pasado. Los buenos tiempos fueron en verdad formidables y nadie ha sido más libre que yo me digo mientras trato de fijar a mis niñas deliciosas en el agua pero apenas es posible retener nada ni siquiera el arte es capaz pero aquí estoy y aunque sea un acorde de aquella música que teníamos permanecerá.

2909
Dibujo varios interiores es difícil captar esa neblina de la que les hablaba con líneas, así que lo que trato es de disponer los espacios donde irán las figuras y la forma en que se instalan sus volúmenes en el fluir y así tener más o menos una guía para los cuadros. Creo ver algunos de los protagonistas de las aguadas en esos interiores cual rescoldos que se van pintando en mi cabeza que es donde mejor pinto, claro. Debo conseguir que en la atmósfera de los cuadros haya un temblor cosa casi imposible de lograr como es evidente para cualquiera que pinte o sepa algo de pintura. Pero lo intentaré a ver qué pasa como siempre confiado en mi considerable talento y en mi infinita obstinación que viene a ser el noventa por cierto de eso que llamamos talento. Por otro lado, ahora lo que me gustaría exhibir es una selección de las aguadas acompañadas de un texto que he escrito y que me gusta mucho y que se llama precisamente Los buenos tiempos. A ver si aparece alguna galería interesada en mi gracia y en mis temas gozosos.














