Estampas

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Martes, 24 de julio de 2018

Soy un gran lector me he pasado la vida leyendo he leído tanto que me he convertido en un personaje de ficción, como se sabe. Y de los libros que he leído muchísimos y de gran calidad y variedad, el mejor es Historia de mi vida de Giacomo Casanova.

El libro de Casanova no es el libro que me hubiera gustado escribir, nunca he deseado la vida de otro. El libro que me hubiera gustado escribir es Peter Pan, lo he dicho otras veces. Pero de todo lo que he leído, miles de libros, toneladas de libros, las memorias de Casanova es el mejor. Leyendo a Casanova, por cierto, aprendí algo esencial: que la tacañería es una forma de depravación moral. Un tacaño es un disminuido moral. A Casanova le aterraba la tacañería e incluso ahorrar le aterraba. Su lema, su gran lema personal y vital era:

¡Abundancia, siempre abundancia!

Hay algo mezquino en la austeridad.

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Lunes, 23 de julio de 2018

Y hablando de Franco, recuerdo que hace unos años invitado a cenar en casa de mi amigo Ginés con algunos amigos y conocidos una cubana se trajo al marido o novio español un joven progre perfecto producto de la educación socialdemócrata española, es decir un mamalonazo ignorante y malcriado. Y el marido o novio me oyó decir algo de los Castro y explicar a alguien lo peor que eran los Castro respecto a Franco y entonces el marido o novio se metió en la conversación, algo gallito, para defender al castrismo y Franco Atila y Franco Hitler y Franco el Joker. Discutimos. Y la cosa se fue acalorando y en cierto momento, cuando vi que el enfrentamiento podía descontrolarse, me fui a la cocina y lo dejé hablando solo porque estaba en casa de Ginés y las casas de los amigos hay que respetarlas. Pero. Ahora pensando en la discusión retrospectivamente creo que debí darle a aquel mamalonazo una bofetada.

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Domingo, 22 de julio de 2018

Se habla mucho ahora de Franco y me he puesto a pensar en Franco y en menos de un minuto ya había llegado a la conclusión de que Franco fue un dictador mucho menos cruel, dañino y asesino que Fidel Castro, un dictador cuya dictadura conozco muy bien. También conozco bastante la de Franco no crean he leído mucho sobre el asunto. Y. Si tuviera que escoger a un dictador (si no quedara otro remedio) para Cuba escogería a Franco mil veces antes que a los hermanos Castro. Franco mató menos, fue menos sanguinario y sobre todo no odiaba a los españoles como los Castro odian a los cubanos, y en consecuencia hizo progresar económicamente a España y contribuyó a su prosperidad y modernización. No es poca cosa si miramos a Cuba un país moderno y próspero en 1959 (no daré cifras, lean), convertida por los Castro en un país hambreado, en una finca de la familia Castro y en un estercolero físico y moral.

Franco, asesino, dictador, lo que quieran, es verdad. Pero. Mucho mejor que el comunista Castro. Por tanto, españoles, dejen de lloriquear (me tienen ya hasta los huevos con Franco) que si hubieran ganado los comunistas españoles les hubiera ido mucho peor. Para empezar, la dictadura duraría todavía (Carrillo, o el que fuera, hubiera dejado a algún familiar al mando de la finca). ¿Vale?

Así que saquen la cabeza del culo de la Memoria Histórica y miren hacia adelante. Les irá mejor.

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21 de julio de 2018

Nunca me gustó Susan Sontag, no lo que escribía, ella. Nos cruzamos un par de veces por lo de la revista Mariel y por Reinaldo y por Néstor Almendros. Había algo en esa mujer que me repelía. Siempre pensé que eran mis prejuicios contra esa intelligentsia americana y europea siempre con aires de superioridad colonial y moral. Pero. Ahora, en el último y formidable libro de Steven Pinker, ¡truculencias del azar!, encuentro exactamente la razón de mi malestar fundamental hacia Sontag.

“Los cubanos saben mucho de espontaneidad, alegría, sensualidad y descontrol. No son criaturas lineales y marchitas de la cultura impresa. En resumidas cuentas, su problema es prácticamente el anverso del nuestro y hemos de simpatizar con sus esfuerzos para solucionarlo. Desconfiados como somos del puritanismo tradicional de las revoluciones de izquierda, los radicales estadounidenses deberíamos ser capaces de mantener una cierta perspectiva cuando un país conocido principalmente por la música para bailar, las prostitutas, los puros, los abortos, la vida en los complejos turísticos y las películas pornográficas se pone un poco nervioso por la moral sexual y, en un mal momento dos años atrás, reúne a varios millares de homosexuales en la Habana y los envía a una granja para rehabilitarlos”.

Ah, ese racismo intelectualizado.

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Viernes, 20 de julio de 2018

Me manda mi querida Zoé Valdés sus dos últimos libros un poemario escrito entre los doce y los quince años y una novela La salvaje inocencia (o la inocente pornógrafa). Siempre he admirado a Zoé por su talento literario pero además y no con menor intensidad me ha gustado por su gran hembracidad. Bueno. Es de esas mujeres que yo me empezaría a comer un lunes por los dedos de los pies y el viernes aún no habría llegado a la cabeza. Acompañaba los libros una cariñosa postal de Zoé escrita con la hermosa clara voluptuosa y abierta letra de Zoé. Y en la postal una mujer de Courbet que emerge de las olas y cruza los brazos sobre la melena roja y vemos sus portentosas tetas jóvenes e hinchadas hender el aire nadie pintaba tetas como Courbet. En los próximos días ay entre imaginar a Zoé con quince años y leer sus aventuras de adulta pornógrafa no sé qué será de mí.

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Jueves, 19 de julio de 2018

Ayer noche me hice una paja de las más sabrosas que me he hecho en los últimos meses. Y lo pongo aquí porque me parece que un acontecimiento tan importante merece recibir la mayor atención ahora que me ha dado por hablar de mi derrumbe no vaya a ser que alguien piense que estoy acabado. Me corrí copiosamente (algo no muy común a mi edad tengo entendido) además. La vida pasa cada vez más veloz y se aleja pero he de emitir la mayor cantidad posible de señales de vida y oponer la mayor resistencia naturalmente.

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Miércoles, 18 de julio de 2018

Primero te salen tetas, que si fueran tetas de mujer, fragantes, bien. Pero no lo son. Después, poco a poco, es cierto, la piel se va aflojando forma redecillas parecidas a ristras de rombos melancólicos. Donde primero lo he notado es en los antebrazos, y en el arco de la muñeca. Y más recientemente en la zona del cuello y entrando al pecho. En los muslos no, ni en el vientre ni las nalgas (mis nalguitas bonitas por el momento incólumes) ni en la polla lo que son las cosas. Arrugas en el rostro, claro, y unas manchas que ya las tenía mi madre sobre todo en las manos, mi padre menos. Manchas de un color escamoso.

Y así me voy derrumbando.

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Martes, 17 de julio de 2018

Hace unos días dije algo de la novela en la que trabajo y dije que su título sería Violo a domicilio. Un título que, reconozco, me gustaba. Por joder, básicamente. Pero. A medida que escribo me doy cuenta de que el libro no trata en verdad de una oferta de violación a domicilio. La oferta de violación a domicilio no es su vórtice, digamos. Su vórtice (me encanta esa palabra, sobre todo por lo que tiene de vorágine) es la relación entre los dos protagonistas principales. El libro es una historia de amor. Y se llamará Mo y yo. Y ese yo no es porque el yo del título y del libro sea yo (cualquier cosa que yo sea) aunque también, claro. La historia está narrada en primera persona y el personaje femenino se llama Mo (no de Mónica, de Moira) y de ahí lo de Mo y yo. Es un libro sobre la libertad como todos mis libros y como a la libertad personal (otra no hay) sólo se llega a través de la libertad sexual, hay mucho sexo yo diría que el libro está escrito desde un punto de vista genital, que es, como se sabe, la manera en que creo que ha de verse la vida.

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Lunes, 16 de julio de 2018

Y ahora que lo pienso creo que por eso escribo futurismo o ciencia ficción y libros inclasificables como los que escribo, para intentar superar el funesto latinoamericanisno. No hay ciencia ficción o futurismo hispanoamericano (ellos dicen latinoamericano) y cuando uno escribe lo que yo escribo entra literariamente hablando en un territorio despoblado. Eso es bueno. La tradición cualquier tipo de tradición es una potala y una sumisión.

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Domingo, 15 de julio de 2018

Dije conocí a Bolaño pero es una exageración. Coincidí con Bolaño en la presentación de una antología que preparó Javier Calvo para Mondadori, en ella había relatos de Bolaño, Covadlo, Ehrenhaus, Fresán, Aira, Fernández Porta, entre otros, y un relato mío que luego incorporé a mi novela Garbageland. Teníamos que subirnos a una tarima y decir algo sobre nuestra historia en el libro. Me gustó mucho Bolaño. Un hombre muy carismático como ya dije. Cuando se subió a la tarima improvisó un performance divertido y memorable. Ya había leído algo de Bolaño en ese momento y después leí sus novelas, que me parecieron extraordinarias. Su obra cuentística la conozco poco, pero lo que he leído no me ha gustado demasiado, la verdad. Bolaño nunca dejó de ser un escritor hispanoamericano a pesar de los años que vivió en España. Eso a las editoriales y a los críticos y a la gente en general le parece bien, pero a mí no, creo que la condición de escritor hispanoamericano (o latinoamericano como dicen ellos) es algo que hay que superar en algún momento.

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