Estampas
2078
Pamplona caliente para la época me dicen y el cine lleno y la gente muy amable y mientras veo el documental por tercera vez pienso: no se puede escapar. A cada rato me digo no volveré a escribir ni a pensar siquiera en esa gentuza los castro y su isla letrina. Pero. La indignación me regresa siempre la indignación. Sólo indignación, no odio. Como dijera la gran Martha Frayde: No es que odie, es que no he perdido la memoria.
Andrea Domamelones aparece montando un monopatín y en el conversatorio que sigue a la proyección digo que de aquí a cien años cuando nadie se acuerde de quiénes fueron los Castro ahí seguirá la escuela y los muchachos estudiando en ella y creando con suerte cosas hermosas y el arquitecto Porro habrá triunfado. Ya ha triunfado Porro, mirándolo bien.
Y a la mañana siguiente enfría un poco muy agradable y voy al museo que ha diseñado Moneo y esta ciudad bien alimentada y satisfecha aunque un tanto carcomida por el nacionalismo como casi todo en España y paseo con Javier un hombre alto y feliz bajo el sol y contemplamos la ciudadela desde arriba qué hermosa vista y hay pamplonesas de muy buen ver voy viendo culos y tetas que es la cúspide de la vida y comemos unos pinchos de milhojas de alcachofa con solomillo y foie y una cazuelita de ajoarriero.
Y bebemos cervezas heladas.

2077
A Pamplona a presentar un documental y en el tren voy escuchando a Mayte Martín, este disco. Un disco perfecto una absoluta y total obra maestra. Siempre se habla de Serrat y su disco dedicado a Machado o a Hernández, con justicia, o de algunas canciones de Sabina que es un rimador barato, pero que tiene algunas canciones hermosas, es verdad. Pero. Este disco de la señora Martín está a la altura de esos grandes discos de Serrat y de cualquier gran canción que le haya salido a Sabina. Por sólo mencionar a dos artistas de talento y fama, y guitarra.
Es difícil encontrar en la canción contemporánea española, hasta donde yo sé, grandes canciones. Todo ha sido y sigue siendo comido y acto seguido regurgitado por la rumbita y la progresía más ramplona; y por la tontería acaramelada, claro.
No esta obra de Mayte Martín.
Yo iba en el tren escuchándola y no iba en el tren iba llevado en volandas por lo que más he amado y por los que me han realmente querido y mi vida se iba llenando de memoriosos buzos y de lúcidos atardeceres.

2076
También he pintado un cuadrito de ochenta por ochenta centímetros donde se ve al hombre (el mismo hombre del cuadríptico del que hablé ayer) de pie apoyado contra la pared solo muy solo y no hay nada más en el cuadro excepto que a la derecha en el borde mismo derecho asoma el perfil verde y la mano de un militar su gran mano roja.
El hombre solo se llama precisamente el cuadrito.

2075
Son cuatro cuadritos que terminé en un par de días y en el primero se ve como llevan al hombre a fusilar y en el segundo el hombre que viste una camisa blanca ya de pie ante una pared desconchada con sombrero y alzando el brazo para saludar con refinado coraje y hasta con cierta majestuosidad.
En el tercero y cuarto cuadro se ven el torso y la cabeza del fusilado y el sombrero que sale volando al recibir el hombre la descarga. Fue filmado este fusilamiento y he visto el espeluznante espectáculo y de ahí salen las imágenes que he usado para pintar este conjunto en unos grises azulados y en la pared algún verde esmeralda y también un rojo herrumbroso en la pared como de sangre coagulada.
Existe, además, una fotografía de la cabeza destrozada del hombre caído.
Pero no la he pintado.

2074
Veo uno de esos programas de animales donde la estupidez y la bajeza de lo políticamente correcto alcanza cotas insondables. Va de una pareja que está en Kenia, o lugar semejante, en viaje de luna de miel y allí les ataca un hipopótamo y mata de un par de mordiscos a la joven y el marido se salva de milagro. Algo horripilante, pero, en cierto momento aparece el esposo a quien le mataron la mujer y dice que piensa regresar al lugar de los hechos, que no tiene nada contra el hipopótamo que incluso ama a los hipopótamos animalitos.
Si a mí me mata mi mujer un hipopótamo lo menos que querría es exterminar a los hipopótamos, pienso.
He llegado a ver a uno (en otro documental) al que casi le arranca un tiburón la pierna y después de un año ingresado y siete operaciones y de que le injertaran un trozo de nalga en la pierna ansiaba regresar a encontrarse con el mismo tiburón. No tenía mala intención, estoy seguro, decía el tipo desde la cama del hospital.
Avanza imparable la imbecilización del mundo.

2073
Tenía una cabeza de fusilado ya pintada desde hacía como una semana pero ayer terminando el día volví a pintar encima la misma cabeza pero ahora con el pelo azul y la piel tirando a naranja y unos grises sucios pero luminosos algo difícil de conseguir. Será parte esta cabeza (a la que dieron tres tiros de gracia los agujeros de entrada de las balas pueden vérsele en la cara) del grupo de obras que he titulado 1959 aquel año de crímenes y fusilamientos y también año de ahorcados que ahorcaban bastante también los Castro y sus huestes de revolucionarios es decir de sentimentales hijos de puta.
Para los cuadros me estoy inspirando por decirlo de alguna manera en fotografías de la época todavía hacían fotos de los que mataban los Castro en aquella época.

2072
Anoche fuimos a ver otra vez el documental de Espada. Qué cosa triste el espectáculo de estos cuatro hombres brillantes que narran cómo la tribal estupidez nacionalcatalanista les hizo alejarse. Pero. También iluminador. Y feraz. E instigador. Si alguien aún no sabe por qué el nacionalismo catalán es una infección empobrecedora y letal, ha de ver sin falta este poderoso documental de tempo ondulado y emocionada inteligencia.
Por otro lado, queda nuevamente demostrado que Arcadi Espada es el más formidable adversario de esa abyecta manada de rufianes abanderados.
Y el cine lleno.

2071
Varias veces he pensado en una historia y hasta creo que la empecé a escribir, una especie de cuento infantil, con lo de la ballena. Trata de un niño que se asoma como yo a la ventana de madrugada y ve la ballena en la piscina del vecino y un día se va con ella porque siente que yéndose con ella encontrará a su madre perdida (que en realidad está muerta el lector intuye) y corre diversas aventuras en un lugar como neverland pero un neverland mucho más lúgubre y siniestro. Al final, el niño encuentra a la madre retenida por un monstruo en una extraña playa y la rescata y vuelven juntos a casa.
Lo hermosa y justa que es la ficción.

2070
Como me acuesto muy cansado pintar cansa mucho no me despierto en toda la noche a orinar y hace bastante por eso que no veo a la ballena. De día no viene siempre en la oscuridad ella su lomo y su plateado reflujo en consonancia. No es que esté siempre que me levanto tampoco sólo algunas veces y cuando no está he de ser honesto siento una gran soledad añadida a la soledad habitual lo de la compañía es un espejismo.
De alguna forma con el tiempo he comprendido que mi cerebro asocia a la ballena con mi madre una asociación que me parece absurda mi madre siempre fue y es lo cálido y un ser que habita las más frías profundidades cálido no puede ser ni siquiera en calidad de símbolo lo cálido. Pero hay algo maternal en esa ballena cree mi cerebro. Yo no sé lo que siento cuando la veo es indecible pero si tuviera diría que es una especie de ternura lo que siento.

2069
Digo quedará y armo a su alrededor al instante la consabida estructura mental y en consecuencia cultural y evolutiva. Pero. Sin perder de vista que nada queda ni quedará según determina la realidad que hacemos como que no existe pero ahí está. Es decir que cuando decimos quedará es sólo realidad léxica y lo sabemos pero en algo que parezca sólido hay que poner los pies. ¿No?













