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Veo uno de esos programas de animales donde la estupidez y la bajeza de lo políticamente correcto alcanza cotas insondables. Va de una pareja que está en Kenia, o lugar semejante, en viaje de luna de miel y allí les ataca un hipopótamo y mata de un par de mordiscos a la joven y el marido se salva de milagro. Algo horripilante, pero, en cierto momento aparece el esposo a quien le mataron la mujer y dice que piensa regresar al lugar de los hechos, que no tiene nada contra el hipopótamo que incluso ama a los hipopótamos animalitos.

Si a mí me mata mi mujer un hipopótamo lo menos que querría es exterminar a los hipopótamos, pienso.

He llegado a ver a uno (en otro documental) al que casi le arranca un tiburón la pierna y después de un año ingresado y siete operaciones y de que le injertaran un trozo de nalga en la pierna ansiaba regresar a encontrarse con el mismo tiburón. No tenía mala intención, estoy seguro, decía el tipo desde la cama del hospital.

Avanza imparable la imbecilización del mundo.

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