Estampas
1983
Anoche, un líder que asciende una tela grande de un metro por dos. Entre montañas y sosteniendo en alto un tanque y abajo una franja del verdor de la tierra. Y detrás de las montañas verde carrusel rosa vaginal y blanco de tendón licuado.
Afuera el agua humea y una capa de escarcha crujiente funde el jardín. El olivo se ha detenido como suele a estas alturas del año y es bueno estar dentro calentito si algo nunca pierdo de vista es que en la Naturaleza toda belleza es una trampa mortal.
Y aún más tarde, muy cerrada la noche, boceto aún otro líder esta vez muerto y enterrado para pintarlo en una tela ya usada que no me gusta y además dibujo una escena muy bucólica para un cuadro de cien por cien centímetros donde el Comandante en Jefe y el Guerrillero Heroico flotan en la espesura del bosque y cordillera al fondo y se la chupan uno al otro que es la manera en que el Comandante en Jefe y el Guerrillero Heroico alcanzan su razón de ser y su definición mejor.
Este cuadro advierto desde ya que no será vendido será donado al Museo Nacional de Cuba para que allí colocado haga las delicias de futuras generaciones.
Soy un hombre generoso. ¿No?

1982
Estoy toda la tarde con una cabeza de Líder que se deshace. Estalla, más bien. Como si alguien (yo, por ejemplo) le hubiera metido una granada en la boca y, después de haberlo atado al hermano y al resto de la familia para salir de una vez de toda esa mierda, la granada estallara.
Aunque. Por momentos, sentado en el helado crepúsculo mirando el cuadro me parece que más que explotar la cabeza del Líder se derrite. No estalla, se derrite. Y al perder así su definición y sus contornos se hace evidente que su definición y sus contornos y naturalmente su consistencia siempre han sido de muñeco de goma o de plástico o de lo que sea que se hacen los juguetes.
Y al desmoronarse o más bien fundirse la nariz y la gorra y los cabellos parecen falos como es lógico porque en los líderes hasta la muerte es fálica y así ha de verse.

1981

Aparece una máquina guerrillera fidelista y echa lechita por todos sus cañones. Pero. Pito fláccido como el de todo gran ideólogo toda ideología es general y mayormente insatisfacción sexual y frustración sexual y en cierta medida ganas que tiene el ideólogo de que le den por el culo. Pero yo soy un pintor es decir un constructor de objetos inquietantes y a ser posible bellos y un constructor de objetos únicos: es lo que hace a la pintura superior a la literatura.
La máquina es un juguete y cómo ha llegado a ser todo ese horror un juguete ha sido y sigue siendo la mejor pregunta.

1980

El año comienza pictóricamente muy bien cuadros pequeños líderes guerrilleros y hombres nuevos cubanos cada vez más totémicos y cada vez más plenos de cierto delicado juguetón espanto.
La pintura es decoración ya se sabe pero también agresor esplendor y tableteo.

1979
He regresado muy caliente de Israel porque a mí lo de Dios me da ganas de follar. Pero, también, muy piadoso, he de reconocerlo, lo que son los Lugares Sagrados. Así que me he puesto a pensar en cómo ser útil a mis semejantes. Y lo primero que me ha venido a la cabeza naturalmente son amigos y conocidos con problemas de disfunción eréctil, los pobres sufren mucho aunque lo disimulen inventándose peregrinas teorías condenando el sexo. Cosa comprensible, pobrecillos, tener una mujer con ganas y que tu pilila sea una especie de mondongo blanducho o tripa desinflada, es algo que trastorna a cualquiera.
Echemos una mano, me he dicho, o, más exactamente, ¡echemos un pito!
Que sepan mis amigos y conocidos que aquí tienen mi pito tieso mi pito siempre estupendo al servicio de sus pobres mujeres insatisfechas mujeres ay que ya han abandonado toda esperanza de amor físico, el único que existe, y con el agujero completamente petrificado por la falta de uso arrastran sus vidas oscuras y el único placer a su alcance es cuidar al babuino con el que el picha fláccida del marido accidentalmente un mal día la cargó, y hacerse pajas constantemente pensando en mí o en cualquier hombre al que se le ponga dura o hasta fantaseando con un burro, infelices.
Mejor me hubiera ido casándome con un perro o un caballo al menos me follarían y no tendría que vivir esta vida siniestra sin amor porque el sexo es el amor y el amor es el sexo y lo demás son desvaríos de pichas flojas incapaces de amar a una mujer, se dirá la infeliz con toda razón.
Ah, y una última cosa, si el problema de mi amigo o conocido es que, además de picha floja, es una loca tapada y avergonzada de serlo, que no se preocupe, también me lo puedo follar a él y curarlo de su hipocresía, de su miseria física y moral y de su cobardía.
¡Santocielo cómo he vuelto de Tierra Santa!

1978
Israel (10)

Salgo de Jerusalén completamente harto de lo de Dios y harto de piedras y cagadas de camello santas y de reliquias y de rezos y harto de sombreros espantosos y de cortes de pelo espeluznantes y harto de pensamiento mágico obstinado en suplantar y anular la realidad.
Si un ser humano no se da cuenta de que ningún Dios de los que imagina puede compararse siquiera remotamente en poder o belleza con un iPhone, es que está irremediablemente perdido.
Llego a Tel Aviv. Y. ¡Albricias! Tel Aviv es como un soplo de aire fresco según el lugar común pero lo más importante es un vigoroso latir de civilización y progreso. Qué ciudad y no sólo una ciudad hermosa y moderna sino una ciudad que mira hacia el futuro y por lo que veo bastante limpia de la mugre de Dios que aplasta Jerusalén.
La bella línea de la costa con sus amplias y blancas playas y sus rascacielos refulgentes me recuerdan Miami. Una Miami rodeada de oscurantismo y de enemigos siniestros pero una Miami a fin de cuentas.
Y mientras recorro los salones del Museo de Arte Moderno pienso en que la batalla por el futuro de la democracia israelí es en gran medida una batalla entre el Israel rendido al pensamiento mágico y este Israel de la razón de la ciencia del laicismo y de la civilización que representa Tel Aviv.
Que la luz de la razón sea contigo Israel.

1977
Israel (9)

He visto Shoah, no se puede saber nada del Holocausto ni de los judíos, ni siquiera se puede saber nada de los seres humanos si no se ha visto Shoah. También he visitado un campo de concentración nazi y además he leído decenas de libros sobre el tema del Holocausto pero a pesar de esto con el mayor interés voy al Museo del Holocausto de Jerusalén. Nuestro cerebro tiende a la dispersión y al olvido selectivo y hemos de estarnos apuntalando y reorientando constantemente el cerebro (dejemos a un lado por un momento la cuestión del yo y el quién hace qué y abracémonos desesperadamente a la ilusión del libre albedrío) si queremos mantener cierto grado de lucidez.
Cae una lluvia pulverizada cuando nos apeamos del tranvía y ya a la entrada del Museo mis papilas gustativas no puedo negarlo y naturalmente todo mi aparato estético y moral se exalta a la vista de grupos de muchachos y muchachas soldados que deambulan de aquí para allá. Miro con cierto cariño sus ametralladoras porque siempre que veo a estos muchachos tengo muy presente que la próxima vez que los representantes de la barbarie (los camelleros de Hamás y el resto de los enemigos de Israel) ataquen serán estos muchachos y muchachas ¡tan jóvenes! los que estarán en primera línea de combate defendiendo con su vida la Civilización Occidental (la única que existe) y defendiendo nuestra libertad.
Sigue siendo doloroso venir a estos lugares, nunca puedo contener las lágrimas, pero es necesario venir.
Siempre venir y venir y venir y nunca olvidar.

1976
Israel (8)

Ya conocen ustedes mi teoría acerca de la necesidad de bombardear todos los lugares santos y sagrados. Tierras santas mecas y otros basureros semejantes. Lo saludable que sería para la Humanidad si toda esa porquería desapareciera. Pues asómbrense. En Jerusalén encuentro jóvenes israelíes que piensan lo mismo. Bueno, no lo mismo, pero casi: dicen que vendría bien un terremoto que se tragara la Cúpula de la Roca y lo que hay debajo (unas piedras más viejas) que es sagrado sagradísimo para los judíos y que el terremoto dejara a los religiosos más fanáticos sin lugar sagrado por el que matarse. No sé si desean también que el terremoto se trague el Muro de las Lamentaciones y el Monde de los Olivos con su huella de Jesús alzando el vuelo y sus numerosas tumbas inauditas (¡la tumba de Adán!), pero ya es un buen comienzo desear el terremoto, ¿no?
Hablamos de esto mientras cenamos en un buen (dicen) restaurante en Jerusalén. La comida mala y cara. El vino del Golán, excelente eso sí, un vino resonante moderno y sofisticado un vino muy alejado de toda mentalidad camellera. Y pienso mientras bebo que la existencia de este vino justifica absolutamente que Israel ocupe ese territorio del Golán bañado como se dice por el río Jordán. No sólo que lo ocupe sino que se quede allí para siempre.

1975
Israel (7)
Podría escribir largo y tendido como se dice sobre la relación a mi juicio innegable entre suciedad y religión. Una relación que denota descarnamiento moral. Lógicamente. Pero. Sólo diré que en Jerusalén hallo en abundancia pruebas de que (como de costumbre) tengo razón. Un paseo por el barrio donde viven los judíos ortodoxos erradica mis inexistentes dudas entre la relación simbiótica, diría yo, entre suciedad y religión.
No sólo apestan físicamente estos ortodoxos sino que viven en una especie de basurero deprimente surcado de callejuelas mal iluminadas por las que transitan con sus ridículos disfraces y sus insólitos sombreros a toda velocidad como si marcharan siempre al encuentro de Dios que los aguarda a la vuelta de la esquina o escondido detrás de algún montón de escombros.
Llevan miles de años apresurándose hacia ese encuentro que no ha tenido lugar ni nada indica que vaya a tenerlo en los próximos milenios pero eso no les dice nada. ¿Cuál es el supremo mandamiento de toda Religión? Ignora impertérrito toda evidencia.
Me cuentan mis amables anfitriones sobre estos religiosos y todo lo que me cuentan es bastante espeluznante: vagos, fanáticos, antihigiénicos, misóginos, y sobre todo y esto es lo peor enemigos de la democracia y de la modernización de Israel.
Y si haces algo que los ofende, te escupen.
Oh Dios misericordioso.

1974
Israel (6)
Con la visita a Belén me pasa algo curioso. Voy a Belén, pero tengo la sensación de que no voy al lugar Belén sino a la palabra Belén. Me resulta imposible ir a Belén, compruebo yendo a Belén, sólo puedo ir a la palabra Belén.
Y conduciendo de regreso bajo la lluvia pienso otra vez como hago últimamente a menudo en lo triste que resulta nuestra incapacidad de nombrar nada verdadero, porque el lenguaje es en sí mismo un artefacto de ficción que convierte en ficción obviamente todo lo que toca.













