1979
He regresado muy caliente de Israel porque a mí lo de Dios me da ganas de follar. Pero, también, muy piadoso, he de reconocerlo, lo que son los Lugares Sagrados. Así que me he puesto a pensar en cómo ser útil a mis semejantes. Y lo primero que me ha venido a la cabeza naturalmente son amigos y conocidos con problemas de disfunción eréctil, los pobres sufren mucho aunque lo disimulen inventándose peregrinas teorías condenando el sexo. Cosa comprensible, pobrecillos, tener una mujer con ganas y que tu pilila sea una especie de mondongo blanducho o tripa desinflada, es algo que trastorna a cualquiera.
Echemos una mano, me he dicho, o, más exactamente, ¡echemos un pito!
Que sepan mis amigos y conocidos que aquí tienen mi pito tieso mi pito siempre estupendo al servicio de sus pobres mujeres insatisfechas mujeres ay que ya han abandonado toda esperanza de amor físico, el único que existe, y con el agujero completamente petrificado por la falta de uso arrastran sus vidas oscuras y el único placer a su alcance es cuidar al babuino con el que el picha fláccida del marido accidentalmente un mal día la cargó, y hacerse pajas constantemente pensando en mí o en cualquier hombre al que se le ponga dura o hasta fantaseando con un burro, infelices.
Mejor me hubiera ido casándome con un perro o un caballo al menos me follarían y no tendría que vivir esta vida siniestra sin amor porque el sexo es el amor y el amor es el sexo y lo demás son desvaríos de pichas flojas incapaces de amar a una mujer, se dirá la infeliz con toda razón.
Ah, y una última cosa, si el problema de mi amigo o conocido es que, además de picha floja, es una loca tapada y avergonzada de serlo, que no se preocupe, también me lo puedo follar a él y curarlo de su hipocresía, de su miseria física y moral y de su cobardía.
¡Santocielo cómo he vuelto de Tierra Santa!













