Estampas
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Jueves, 21 de abril de 2022
En cuanto me entero de su existencia corro a leer Kronos, el diario secreto de Gombrowicz. El prólogo de su mujer Rita, excelente. El diario en sí, mayormente compuesto por notas telegráficas de encuentros homosexuales y de otras actividades rutinarias. Alguna escritura casi real, aquí y allá. Poco. Cuando ya enfermo. Nada de lo que yo persigo (perseguimos) esa escritura real que diga la verdad de lo que pensamos y que cada día entiendo mejor que es imposible. Nuestra miserable naturaleza no lo permite. Y no hay que descartar la posibilidad de que nuestro cerebro nos censure o exagere y hasta reescriba un poco lo vivido (la ilusión del yo, etcétera).
Los mejores nos refugiamos en que la intimidad ajena se cruza con la nuestra blablabla. Pero sólo es una excusa que pretende engalanar nuestra cobardía.

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Miércoles, 20 de abril de 2022
El sexo, amén de la escritura, ha sido mi fuente principal de entretenimiento. Pero. Aquellos grandes planes lúbricos que tanto me entretenían han desaparecido casi completamente. Y los que aún urdo, más por costumbre que por otra cosa, tienen nulas posibilidades de éxito. No es el amor quien pasa somos nosotros mismos (Cernuda). Y a eso, súmese mi desgana. En cierto momento la vida sexual, es decir la vida, llega ante una puerta y una vez traspasado su umbral, no hay regreso. Lo más intrigante, lo que me provoca un gran desasosiego, es que lo que hay a ambos lados de la puerta es lo mismo. Pero. Ahora hay una extrañeza. Una extrañeza hacia mí, que emana de la realidad. Como si la realidad me dijera fue un gusto conocerte amigo, pero comienzas a sobrar.
Mantente firme Juan Abreu.

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Martes, 19 de abril de 2022
Veo un pedazo de Princesas, con una Candela Peña bellísima. En una escena, tumbada, su culo desperezado y su coño soñador. Y. Siento el sacro corrientazo en el pito y lo considero, pero al final no hago nada. Después me arrepentiré, como es lógico: Todo lo que se deja de hacer hay que darlo por perdido (Aretino). Me gustan todas las Candela Peña, pero a esa Candela Peña de la película Princesas en los buenos tiempos me la hubiera comido una semana entera sin pausas para descansar la lengua ni nada. Qué mujer. Una de esas mujeres de las que quieres, no más verla, ser su gato o su perro. Una de esas mujeres que, con la piel, te dicen que has regresado al comienzo en cuando pones en su regazo la cabeza.

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Lunes, 18 de abril de 2022_
Paseo por el bosque. Campos de forraje en los que el perrito salta como si el verde fuera agua. Tierra roja y el aire alto y recién aderezado. Siete kilómetros, más o menos. Al regreso, aperitivo: godelo de la cuenca del Duero queso suizo de alta gama y un chorizo de León que me dijo la xarcutera que es lo máximo, y parece que sí, al probarlo. Lo que quede del chorizo lo usaré para las aluvias que pienso hacer mañana. Tengo mucha lectura atrasada, hoy trataré de adelantar un poco. Y ahora me voy a preparar la comida. Arrocito con guisantes y filetes de merluza al horno sobre una cama de cebolla puerros y pimiento rojo, y más godelo claro está que la vida del exiliado como dicen los escritorzuelos culoansiosos de un premio patrio, y toda suerte de abyectos lloricas tribales, es muy dura.

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Domingo, 17 de abril de 2022
Termino de poner a punto Diosa, la segunda novela que publicaré en lo que he dado en llamar la Biblioteca Juan Abreu. En ella, iré devolviendo a la vida (cursilería), y a nuevos lectores, mis libros agotados. Cinco cerverzas, A la sombra del mar, Accidente, El reto, Gimnasio, entre otros. Todo será reescrito (más o menos) y mejorado, o eso creo. Las versiones que publique la Biblioteca Juan Abreu, las considero finales y definitivas.
Acaba de aparecer la edición española de Debajo de la mesa, como saben. También, muy grata noticia, aparecerá en versión francesa gracias a la formidable traducción de François Vallée. La segunda etapa de esta aventura editorial será publicar mis libros inéditos. Por el momento, he terminado: Mo y yo (una historia de amor), y trabajo en dos libros que espero concluir en los próximos meses: Vida de perro, dedicado a mis perritos, y Señor Abreu, una novela corta que comencé durante un reciente viaje a Santiago de Compostela, y que será, tal vez, el más impublicable de los libros que he escrito. ¿Para qué perder tiempo enviando manuscritos demasiado incorrectos (en la jerga actual), para los grotescos tiempos que vivimos, a editoriales que no se atreverán a publicarlos? Tiempo no me sobra, así qué.
Ayer de fiesta, nos acostamos muy tarde y hoy amaneció el día lamido y poroso y cubierto de esa rubia pelusa infantil que siempre anuncia días felices. Así qué.

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Viernes, 15 de abril de 2022
Sueño blando y redondo. Y cuando abro los ojos, gran sol. Y han regresado los estorninos. Después del desayuno, salimos a pasear los perros. ¡Calor al fin! Qué maravilla las calles vacías. Todo sería más agradable si desapareciera la mitad de la población mundial. Al regreso, Amazon me ha dejado un sobre y ¡albricias! mi Debajo de la mesa, qué emoción. No moriré del todo (ni yo me lo creo). Hay que celebrar. Voy a buscar vino blanco que sólo hay rojo en casa. De Cádiz. Babilla fina. En el coche una cantaleta del Papa. El dolor, dice, la obediencia, dice, el sufrimiento, dice, los pobres, dice (desde su palacio, puto hipócrita masoquista). Compro también quesos, pan y guacamole. Y jamón para los perros que les gusta su jamoncito por la mañana para empezar el día, que no les falte. Preparo el tentempié (qué bella palabra). Bebemos. La vida es meterse cosas en la boca. Manoseo el libro como si fuera una teta de la Bellucci o el culo de la Kardashian. Qué lindo ha quedado mi niño. Más tarde comeremos garbanzos. Y haremos, si no me pongo a leer, una siestita. Y lo que queda del día se marchará como se marcha todo. Pero.

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Jueves, 14 de 2022

La protagonista de este libro es mi madre. Y Marta, la persona a quien se debe que lo haya escrito. Soy un exhibicionista y un egocéntrico, pero nunca pensé en escribir mis memorias (los niños no escriben memorias). Pero. A lo largo de los años que hemos vivido juntos, a Marta le gustaba (¡qué digo, le encantaba!) que le contara anécdotas de mi infancia y juventud. Del tiempo que viví pobre pero feliz, antes de que nos liberaran. Y de mi hambre y otros infortunios y aventuras, ya bajo la dictadura de los Castro. En cierto momento, mi mujer comenzó a insistir en la necesidad de recoger en un libro esas anécdotas. Me resistí un tiempo. ¿A quién puede interesarle todo eso? Pensaba. Pero. Ella puede ser muy persistente. Ahora que el libro existe, me alegro de haber rescatado al menos una parte ínfima de ese mundo ya desaparecido.
Mi madre es la protagonista de este libro. Y yo nunca he salido de debajo de aquella mesa donde me escondía a leer; ahí estoy a la espera de que ella se asome otra vez como solía, y me mire llena de orgullo.

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Miércoles, 13 de abril de 2022

“Como apaches, silenciosos, alertas, las armas listas (tirapiedras, arcos y flechas, tirachapas), cruzamos las urbanizaciones y nos adentramos en el bosque que circunda el hospital de los tuberculosos. El suelo blando y oloroso. Mima nos advertía siempre de que no tocáramos nada que encontráramos en las cercanías del hospital, para que no se nos pegara la tuberculosis. Que podíamos morirnos si agarrábamos la tuberculosis. Decía muy seria. Aquello nos impresionaba, aunque teníamos una idea muy vaga acerca de la muerte. Una vez Mima trató de explicarnos qué era la muerte. Básicamente, concluí, la muerte era que no la veríamos más a ella. Que no la veríamos nunca más. Ciertamente la muerte parecía algo espantoso.”
“Pero transcurrieron muchos años antes de que comprendiera que mi madre tenía razón, que su manera de explicar la muerte era la más acertada: la muerte es aquello en lo que se convierte el mundo cuando ya no puedes ver a tu madre nunca más”.
Ya está a la venta la edición española de Debajo de la mesa.
Pasen y lean.

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Martes, 12 de abril de 2022
Nublado. La piscina aún turbia. En el naranjo, frutos grandes y amarillos, y azahares, todo a la vez. Té negro. Mandarinas. TVE socialista. VOX contra la progresía, la chochocracia y la mandanga autonómica en Castilla y León. Bien. Desde que me levanté, dolor de cabeza. Las diez de la mañana y luz crepuscular. Esto en los diarios de Gombrowicz: “Cuando llegamos a Viena, vi grupos de gente con antorchas, vitoreando. Los gritos ¡Heil Hitler! llegaban hasta nuestros oídos. La ciudad enloquecía. Comprendí: era el Anschluss. Hitler estaba entrando en Viena”. Puta Viena. Sigue nazi no se dejen engañar. El gran problema de Europa es que Hitler siempre está entrando en Viena. Y que el corazón de Europa está dividido en dos: una mitad fascista y una mitad izquierdista. (Ah, y una grasa epicárdica encarnada por el bobo Macron). Europa se suicidó al matar a sus judíos. Dijo Steiner, y tenía razón. Ahora queda el fantasma de Europa. Cuando le crece el fascismo al fantasma, los europeos agitan patéticos la banderita roja. Sin comprender que es la misma bandera. El monstruo está en nosotros tiene dos rostros y nunca dejará de alzarse. Nunca. El problema es la especie. Los perros duermen en los butacones de leer. Ya alcanzaron la sabiduría de vivir sólo el instante y pueden descansar en paz. Lluvia fina.

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Lunes, 11 de abril de 2022
(Por Semana Santa). Respeto el sentimiento religioso. No así a la Iglesia organizada. Guerras, oscurantismo, desprecio de la ciencia y la razón, hordas de pedófilos, lunáticos, conspiraciones asesinas en busca de riqueza y poder, salvajismo bendecido, fanatismo, y sobre todo la instauración del gran chantaje de la “otra vida”, chantaje mediante el cual han expoliado, robado e impuesto sus absurdas fantasías a medio mundo. Siempre con el ojo puesto en el culo de sus fieles (en cómo lo usan) ¡qué obsesión con el culo de los creyentes! y en sus bolsillos.
Y de las mujeres sometidas y humilladas mediante el dogal del pecado, segregadas y mentalmente mutiladas por el simple y natural hecho de desear, de querer vivir una vida libre y gozosa. De querer follar por placer y no para parir, en fin, qué decir.
Ya me gustaría creer en un ser superior y todo eso. Aunque, si creyera, tendría un gran problema con sus decisiones (si nos creó, es responsable de su Creación, desentenderse es una canallada). Pero se me hace imposible. Razones sobran. A mí me basta con un pabellón de niños con cáncer. La Historia de la Iglesia organizada y de sus religiones es una historia de salvajismo, guerras, abusos, masacres y horrores incontables. Hay quien cree que todo eso tiene un propósito. Yo no. Si esa creencia ayuda a la gente a soportar el peso del horror de la extinción y de la ausencia de sentido de nuestra existencia, bien. Estupendo. Me alegro. No tengo ningún problema con el sentimiento religioso. Repito. Pero. El gran problema sigue intacto, al margen de cualquier argumentación. Estamos solos y condenados. Y basta razonar un poco para hallar esa terrible evidencia.
Y otra cosa. ¡Gracias a Dios! Exclaman los creyentes cuando uno de esos niños con cáncer que mencionaba antes, logra salvarse gracias única y exclusivamente a la Razón y a la Ciencia. ¡Gracias a Dios!
Por favor, un poco de decencia.













