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Jueves, 5 de noviembre de 2026
Se desvanecen mis esperanzas de que un día Trump se despertara con la regla, o estuviera enfurecido porque Melania se negó a hacerle una mamada, y ordenara lanzar dos docenas de misiles (es todo lo que hace falta) contra la familia Castro. Muerto el perro… como bien dice el dicho. Pero. Con el resultado no sólo imbécil también suicida de las elecciones del martes pasado, los famosos midterm, esta feliz posibilidad parece más lejana que nunca. Comienza a dar fruto la compra por parte de Quatar y otras teocracias islamistas de universidades norteamericanas, y de la invasión migratoria musulmana. Los jóvenes universitarios imbecilizados en las aulas y en los medios de propaganda (léase difusión) por el wokismo, el socialismo (siempre avanzada siniestra del comunismo) y la colonización musulmana, han votado y aupado al Poder a neocomunistas e islamistas en lo que podría ser no sólo una muestra histórica de imbecilidad colectiva, también de la tentación totalitaria de la que nos hablara el gran Revel. Regresarán el wokismo y los generales vestidos como furcias, regresará el negrismo racista y ladrón, el mujerismo despelotado y regresará la apología de la mariconería y la persecución del hombre blanco y viril (si es que alguna vez se marchó).
Trump ha sido, ay, una enorme oportunidad perdida para la democracia y la libertad norteamericana (es decir, del mundo). En vez de un conservador serio, riguroso, resolutivo, respetable y valiente, a lo Reagan o Thatcher, nos salió un payasete rimbombante, dubitativo, maleducado, charlatán, corrupto y cobarde.
Qué desgracia la nuestra. La del mundo libre, se entiende.












