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Domingo, 1 de noviembre de 2026
Para Irene Montero y Pablo Iglesias (que supongo que será quien se lo come). Pobre mujer.
Quiere una mamada. Dice. Ahí está, los ojos iluminados, la boca más que boca trago, la mano a la altura del músculo piriforme. Quiere. Y estemos haciendo lo que estemos haciendo lo dejamos de inmediato. Por importante que parezca. No hay nada más importante.
Quiere una mamada. Y usted, dispuesto. El secreto del amor tantas veces buscado y del que tanta tontería se ha dicho y escrito radica en esto: ella necesita una mamada, usted nació para proporcionársela.
Una mamada es un asunto muy serio.
He aquí la pedagogía: dedique al menos cinco minutos al olisqueo. ¡El olisqueo, cuántos matrimonios se salvarían si prestaran más atención al olisqueo! Nada de prisas. Del olisqueo al soplo. Del soplo al resoplido. Del resoplido al suspiro. Del suspiro al balbuceo. Del balbuceo a la conversación. Hable con él. Concluido el coloquio, toca a la lengua: céntrese en los cambios de frecuencia. Ir del frote levísimo al vigoroso lamer y viceversa. Del roce etéreo, al presionado inclemente. ¡No ceda a la alternancia! Gran parte del éxito radica en que la bendita no sepa qué le espera a continuación.
¡Que viva en la zozobra, en un no sé qué!
Mediante este ataque sincopado, acérquese al objetivo. El objetivo es su alma que tiene que hacerse líquida y buscar el exterior con ansias locas. Bien lo dice el bolero. Hay que dedicar tiempo a los aledaños. Olvídese del clítoris. Aunque el clítoris siempre está presente, el clítoris lo es todo.
Si a estas alturas alguien no sabe dónde está el clítoris, es esa protuberancia rosa en el extremo superior de la santa hendidura.
¿Cuál es el secreto de una buena mamada? Si tuviera que resumirlo: el pendular entre la extrema sutileza y la acometida viril. Y mucho oído.
La lengua es un apéndice muy viril. Pero. Importantísimo. Úsela femeninamente. Pespunteo, vaivén, hálito, taladramiento esporádico. Y en el momento preciso… (¿cómo sabemos cuándo llega este momento?; pues se sabe: ella lo anuncia con todo el cuerpo como anuncia una estación la llegada de un tren bala) incluimos el clítoris en el repaso de labios mayores y menores.
Por último, preste atención a la melodía, a la voz del vendaval. Comienza con un fragor remoto, pero crecerá mediante oleadas cada vez más pastosas. Ajústese a su ritmo. Sea un todo con la música. Siga la música.
No hay que precipitarse.
Los clítoris hablan, cuando sea oportuno dirá: ahora necesito toda tu atención. ¡Soy el centro del Universo! Y ¿saben qué?, tienen razón.
Este viene a ser el método. Dominarlo requiere mucha práctica.
Y no olviden que una mujer bien mamada es, generalmente, una mujer dedicadísima cuando mama a su vez.
Repito, sin prisas. Como quien tiene la mente en otra cosa. Aunque todos sabemos que no existe otra cosa.












