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Miércoles, 21 de octubre de 2026

Termino el delicioso libro de Laura Cummings. Y así como descubrí a Fabritius, descubro a Adriaen Coorte. Dice Cummings: “Coorte es algo a medio camino entre la sombra y un fantasma que pasa. Incluso tras incansables investigaciones por parte de especialistas, apenas se conoce nada de él. Nadie puede decir con certeza donde nació, dónde vivió o murió, aunque la suposición más habitual sea que pasó su vida en Midelburgo, en la franja de Zelanda que se adentra en el mar del Norte. Sus cuadros se pintaron entre 1683y 1707”.

“Hasta hace poco, el único dato fiable procedía de esa infatigable burocracia que es la Guilda o Gremio de San Lucas. Coorte fue multado por vender cuadros en el mercado de Midelburgo sin haber pagado la cuota reglamentaria. El objeto de la transgresión fueron cuatro óleos no mucho más grandes que la palma de la mano. Cosas puras, naturalezas muertas condensadas, a la escala de una hoja pequeña, que es exactamente el tipo de formato que Coorte utilizaba”.

“El papel, tan fácil de dispersar y perder y, con él, lo que se haya dibujado o pintado. Una de las obras de Coorte apareció en 1982 en los archivos de un museo francés, un trozo de papel simplemente mezclado entre documentos. Representaba tres ciruelas. El peso de la pintura al óleo, una sustancia que necesita un lugar donde impregnarse, donde ser absorbida, no tenía aquí nada más que una endeble hoja, tan fácil de rasgar. Alguien –no el artista– había pegado el papel a un trozo de cartón para reforzarlo; se apreciaban pequeñas arrugas que esa persona anónima había intentado alisar con una pasta del siglo XIX. Otra imagen de una mariposa, que se detiene en un haz de luz como si de golpe percibiera la presencia de dos melocotones en la repisa de abajo, fue pintada en una hoja arrancada del libro de cuentas de un comerciante de Gdansk que murió hace mucho. Y durante este siglo no se ha descubierto nada más. En aquel entonces, el papel usado se vendía a buen precio, aunque seguía siendo más barato que el lienzo. Quizá era lo único que Adriaen Coorte podía permitirse, o lo único que podía conseguir”.

Adriaen Coorte, pintor de papel.

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© Juan Abreu, 2006-2019