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Miércoles, 29 de julio de 2026

Se habla mucho estos días del cambio climático, que existe, como ha existido siempre desde hace millones de años. Pero hay dos cosas que caracterizan al que nos afecta actualmente: la primera es el monumental negocio al que ha dado lugar (y del que no se habla), y la campaña de histeria climática colectiva financiada por los que se benefician del negocio del cambio climático. A más histeria social y mediática, a mayor literaturización del fenomeno, más docilidad ciudadana ante las medidas, normas, nuevos impuestos y disposiciones “contra el cambio climático”, que imponen los que hacen fortuna (entre ellos los gobiernos) a costa del negocio del cambio climático. En ambos casos, los beneficiarios cubren el negocio de fantasmagoría moral: qué malo eres, qué facha, ¡no quieres salvar el planeta!

¡Salvar el planeta!: una de las consignas más delirantes y estúpidas jamás creadas.

En el caso de España, arrasada anualmente por evitables incendios, es más fácil culpar a la Naturaleza (cambio climático) que a la desidia de los políticos, sus estúpidas y criminales normas ecologistas y al ejército de burócratas desaprensivos que separa a los españoles de la solución de sus problemas, sobre todo en el caso de grandes tragedias, digamos inundaciones, o los actuales incendios. El primer muro que separa a los ciudadanos españoles de la solución de sus problemas, es la mediocridad e ineficiencia de sus politicos, y el segundo, la criminal y obscena burocracia que se interpone (armada de multas e imbéciles trámites) entre los ciudadanos y la solución de sus problemas.

Hace menos de un siglo (1956) se helaba el Sena. Por supuesto que existe el cambio climático. Pero el negocio montado a su costa es mucho más dañino, y no es culpa del planeta.

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© Juan Abreu, 2006-2019