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Lunes. 20 de julio de 2026

Matt Damon no es Odiseo, demasiado bajito. Lupita Nyong‘o no es Helena o Clitemnestra, “racializar” la grandeza (y la belleza) de la cultura griega es traicionarla, tarugos. Agamenón no es Agamenón, es un ridículo monigote a medio camino entre Batman y Darth Vader, su casco y su armadura de plástico son un insulto a la inteligencia, y son una imbecilidad. Zendaya no es Atenea, tiene la cara demasiado vacía: ¡qué ofensa a las divinidades griegas! El Cíclope no es el Cíclope sino una especie de mupeet lastimoso. Los barcos no son barcos griegos, ¡son vikingos! Circe no es una seductora hechicera sino una porquera. Telémaco es un Spiderman sin poderes. Poner a Elliot Page a correr por la playa como una gallina descabezada carece de sentido, sólo puede obedecer al deseo de incrustar un trans en la trama. La ausencia del mar y la luz mediterránea lo sume todo en una sopa antihelénica, fría, insípida y helada.

La Odisea de Nolan es tan odiosa, que convierte todo lo que toca en algo ofensivo para cualquier amante de la cultura griega. El mejunje incluye: un inclusivo aedo rastafari, unos lestrigones con armaduras de aluminio, ¡la Edad de Aluminio!, y un caballo de Troya recién salido del taller. Hacer del viaje de Odiseo al Hades una fantochada de zombis que persiguen al héroe y sus compañeros no es que sea sólo falso y grotesco, es infame. Aunque, eso sí, hay que agradecer a Nolan que haya eliminado de su película uno de los momentos más hermosos de la literatura universal, aquel en que Odiseo conversa con su madre en el Reino de los Muertos. A saber en qué teque mujerista lo hubiera convertido Nolan: ¡hijo mío, qué machista me saliste, te denunciaré por delito de odio! O algo por el estilo.

El cine de Nolan siempre ha sido pretencioso. Pero hacer del poema de Homero un alegato woke, es demasiado. ¡Odiseo lo que necesita es una terapeuta progre y woke!, nos dice Nolan. Y ese patético final en el que Odiseo navega hacia el horizonte para expiar sus pecados masculinos, su culpable virilidad.

El horror.

Esa gente ya no respeta nada.

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