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Jueves, 16 de julio de 2026
Anoche vimos Aniversario Al principio, parecía un drama familiar muy bien dirigido y actuado, pero poco a poco derivó en una terrorífica metáfora de la debilidad occidental, del peligro de extinción que enfrenta. El enemigo son sus hijos pero no lo reconoce, no se atreve a luchar contra ellos con la decisión que requiere el momento. El enemigo no desembarcará en nuestras playas. El enemigo está en las universidades, en los ideologizados sistemas escolares. Sólo hace falta una demagoga astuta y resentida para dar comienzo (para estas cosas siempre se puede contar con las masas) a la Revolución anhelada que, como toda Revolución, va convirtiéndose en un infierno totalitario cuyas señales yo iba descubriendo a medida que avanzaba la trama, con gran desasosiego primero, y después con horror. ¿Podría suceder? ¿Está sucediendo? ¿Desarbolar los valores “anticuados”, “racistas”, “injustos” “fascistas” de las sociedades democráticas, destruir su base fundamental, la familia, puede abrir las puertas a los bárbaros que, para variar, ya están dentro? Son interrogantes que quedan con nosotros cuando la apoteosis bárbara se manifiesta en toda su crudeza. Momentos antes de producirse, le dije a Martica: ahora llegarán los esbirros de la Seguridad del Estado. Y así fue. Lo sabía, porque vengo del futuro y todo eso ya lo he vivido.
Aniversario. No se la pierdan. Al terminar de verla, curiosamente, lo primero que me vino a la cabeza fue: menos mal que los norteamericanos no se han dejado quitar las armas. Si hemos de caer, que sea peleando.













