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Domingo, 5 de julio de 2026

El culo se usa como órgano de placer sexual y me parece bien, pero convertir esa actividad en rasgo no sólo diferencial, también existencial, de un ser humano, resulta grotesco. El problema, según lo veo, es que esa obsesión con lo que se hace sexualmente con el culo y las pollas (o el coño y las tetas) entre personas del mismo sexo, se ha convertido en una militancia ideológica, en una especie de secta o partido político (tampoco es que se diferencien tanto) entre cuyos objetivos está convertir lo que hacen sexualmente con personas de su mismo sexo, en una militancia que alcanza, con frecuencia, tintes autoritarios. (A ver quién se atreve a criticar o burlarse del dichoso Orgullo). Ya me perdonarán (o no, tampoco es que me importe mucho) pero creo que te la metan en el culo o chupársela a alguien, o comer coños en el caso lésbico, no confiere ningún derecho o estatus social especial a los que practican estas formas de placer.

Alguien debería decir a los activistas homosexuales que imponer sus ridículos desfiles y penosas exhibiciones a los demás, es algo lamentable.

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© Juan Abreu, 2006-2019