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Jueves, 2 de julio de 2026
Eros y política. Míriam Nogueras.
En términos estrictamente eróticos la señora Nogueras no está mal, se le puede hacer algo. Alta, imponente, bien proporcionada, aunque un poco plana. Todo sea dicho. Nogueras, y esto es una gran cosa eróticamente hablando, pertenece a la estelar categoría potranca. Su presencia lo acredita. Potrancas son aquellas mujeres de impronta caballar, seres a los que Eros no trajo a este mundo para ser cabalgadas sino para cabalgar. Y eso es un plus sexual, como es obvio, a muchos hombres les fascina que los apabullen sexualmente, que les pongan el chocho en la cara y les digan con voz atravesada de pastosos relinchos: vamos papi, come. Por poner un ejemplo.
Míriam Nogueras es la Valkiria Equina de la política española.
Pero, ay, Eros es también cruel. La señora Nogueras estaría muy arriba en la escala erótica de la política española, ¡en el Valhalla!, si no fuera por sus dientes. Quien tenga la suerte de refocilarse carnalmente con ella, corre el riesgo de confundirla con uno de esos cocodrilos gigantescos que esperan pacientes a sus víctimas en las fangosas aguas del río Mara. Asunto espeluznante, que le desinfla el pito a cualquiera en un santiamén. Y eso no es todo, desgraciadamente, debemos mencionar también los ojos de la señora Nogueras. Ojos de rana toro. Imaginen la escena: el varón, audaz, viril, se lanza a las turbias aguas del lecho de la mayordoma del prófugo Puigdemont, en busca de la gran cabalgata sexual, y se encuentra de súbito atrapado entre unos ojos rana toro y un morro saurópsido que al acercarse a su pito hace que este experimente un incontrolable pánico. Lo que se conoce científicamente como síndrome de pito aterrado. Cien metros es la distancia a la que aconsejo mantener nuestro pito de las erotizadas fauces de la señora Nogueras. Si se pretende conservarlo, claro.
Míriam Nogueras trae a la política española la categoría potranca, la mitológica nórdica, los ojos rana toro, el morro saurópsido que se la desinfla a cualquiera en un santiamén, el lecho aguas fangosas donde puede acechar un saurio gigante, el síndrome pito aterrado, y los muy aconsejables cien metros a guardar entre nuestro pito y la soñada mamada equina… si es que se desea conservarlo.













