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Sábado, 27 de junio de 2026

Citizen Vigilante, de Uwe Boll, no es una película, es un alegato. Poco presupuesto. Pero bien filmado. Un alegato contra la invasión islámica que sufre Europa, y ante todo contra la devastadora ola de empatía suicida con la que políticos y fuerzas del orden actúan contra las consecuencias criminales (violaciones, asesinatos, salvajismo callejero) de esa Invasión. Invasión que, gracias a la alianza de la izquierda con las fuerzas invasoras, ha alcanzado niveles de rendición obscena y de colaboración abierta con los enemigos de Occidente. Todo el que cierre los ojos ante la barbarie importada por los políticos y camuflada por los medios de prensa como diversidad, multiculturalismo e islamofobia, es cómplice de la Invasión musulmana.

Eso es lo que denuncia, de manera muy efectiva, Citizen Vigilante. Alemania la ha censurado y es muy posible que lo mismo suceda en otros países de Europa. Una prueba más de que los valores europeos corren un grave peligro. No hay motivo alguno para censurar el alegato filmado de Uwe Boll. Es una obra que merece ser vista por los ciudadanos europeos. Porque plantea un problema real que los afecta directamente. Y porque aún hay en Europa libertad de expresión, ¿no?

Celebremos que el creador de Citizen Vigilante, en estos tiempos siniestros de cancelaciones, autocensura y chantaje políticamente correcto, se haya atrevido a decir lo indecible. Y a restregarle por toda la cara a Europa que la libertad es el bien supremo y la libertad de expresión su espada.

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© Juan Abreu, 2006-2019