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Lunes, 22 de junio de 2026

“En su despacho, Rip Ford contemplaba la fotografía de Ava Gardner. Era un retrato en primerísimo primer plano, tomado en 1954 por un francés, Philippe Halsman. Rip lo sabía porque el nombre del fotógrafo y la fecha estaban impresos en el dorso. En realidad era una postal, pero enmarcada parecía más decorosa, como si fuese su propia esposa o su prometida. El desmelenado cabello negro le cubría el ojo derecho y sus labios carnosos y cerrados se tensaban levemente hacia la derecha en un tenue esbozo de sonrisa. Aunque la foto era en blanco y negro, parecía que tenía los labios sellados con pintura roja. No era tanto una cara de fóllame–viva–aquí–mismo–marinero como un semblante de estoy–ya–de–vuelta–de–todo, el tipo de expresión que solo se gastan las putas más exclusivas. Era Ava en su máximo esplendor, justo después de Mogambo, que Rip había visto de niño desde el gallinero del cine Joy Río, en El Paso. Eran las diez de la noche del sábado y Rip contemplaba el rostro inmutable de Ava Gardner, el rostro de una época remotísima”.

Qué grande Gifford.

Sigo con Perdita Durango.

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© Juan Abreu, 2006-2019