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Martes, 9 de junio de 2026
Voy al correo a enviar un ejemplar de A la sombra del mar a mi hermana Asela, a Miami, y otro a Ricardo Álamo al hermoso Sur, Ayamonte, Huelva. Este verano, si la vida nos acompaña, iremos al Sur. Tenemos buenos amigos a los que ver en Málaga y Sevilla, qué bella Sevilla. Conduzco preocupado, casi escribo angustiado, porque llevé al veterinario al perrito negro y lo dejaron ingresado es posible que tenga el hígado inflamado eso cree el doctor. Hace dos días que no come y se le ve abatido. Le harán análisis de sangre y una ecografía. Debí escribir angustiado.
Ayer conversaba con el amigo Ricardo y me preguntó cómo me las arreglaba para esconder el diario que escribía mientras Arenas se hallaba oculto de la Gran Revolución libertadora, en el Parque Lenin. Una pregunta lógica, si tenemos en cuenta que la policía vigilaba noche y día nuestra casa. Lo cierto es que el diario se salvó gracias a mi hermana, que ocultaba mis papeles entre la ropa y los ponía en manos de los (pocos) amigos de confianza que nos quedaban. De esa manera sobrevivió este libro que acabo de publicar. Y que mandé hoy, casi medio siglo después, angustiado por mi perrito negro, a mi querida hermana.













