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Lunes, 8 de junio de 2026

Eros y politica. Teresa Peramato.

He calibrado con especial atención los posibles vínculos de la señora Peramato con el erotismo: no ha sido fácil. A primera vista, como se dice, la señora Peramato me recordó a las jutías cubanas (una especie de roedor pavoroso exclusivo de la isla pavorosa), pero no fue hasta enfrentarme a su rostro (el rostro de Peramato no se mira o contempla, se enfrenta como quien lo hace a un pelotón de fusilamiento) que pude identificar la especie a la que remite estética y eróticamente la señora Peramato: a los pinnípedos (morsas, leones marinos).Y, seamos honestos, ¿quién quiere meterse en la cama con una morsa o un león marino?

Y está la boca de la señora Peramato, boca amenazante, pero no en un sentido sexual (una de esas bocas prepárate que te la como), nada de eso. Se trata de una boca fanática, una boca que hace pensar: si esta mujer fuera musulmana, sería ayatola. Sé que en esos países las mujeres son poco más que mulas de carga, pero fue lo que me vino a la cabeza. Cierto es, por otro lado, que todo fanatismo, sea político (como es el caso, todo en Peramato resuma sanchismo) o religioso, descansa sobre un fondo de perversión sexual. Queda, en consecuencia, la esperanza de que la señora Peramato sea una inesperada sorpresa a la hora del retozo carnal. Esa posibilidad queda abierta.

La distancia que hay entre la señora Peramato y el erotismo equivale a la que existe entre los sonidos que emite un rinoceronte moribundo y la Suite Número 1 para violonchelo de Juan Sebastián Bach. Pero hay esperanza, como he dicho.

La fiscal general Peramato trae a la política española el recuerdo de una pavorosa jutía cubana, la estética pinnípedo, la boca ayatolá, la jeta pelotón de fusilamiento, la distancia erótica que hay entre el barrito de un rinoceronte moribundo y la Suite Número 1 para violoncelo de Juan Sebastián Bach, y trae finalmente la esperanza, remota, de un fondo de perversión sexual en su fanatismo sanchista.

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© Juan Abreu, 2006-2019