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Miércoles, 3 de junio de 2026
Mataron a puñaladas a Henry Nowak (18 años) y mientras se desangraba tendido en el suelo la policía inglesa lo esposó y dejó morir. Para que los agentes se comportaran de esta manera, bastó que el asesino dijera que el apuñalado lo había tratado de manera racista. El asesino era indio. Lo sucedido es un retrato perfecto del nuevo racismo antiblanco en boga. Racismo antiblanco que nació, como casi todo, en Estados Unidos: recordarán que en NY un drogadicto y delincuente negro murió mientras era arrestado por un policía blanco. Eso provocó disturbios en ciudades norteamericanas en las que bandas de jóvenes negros se dedicaron a saquear tiendas y a quemar y destrozar todo a su paso. Con total impunidad. La muerte del drogadicto y delincuente negro dio lugar al nacimiento de una organización dedicada a condenar el racismo blanco. Y a colectar mucho dinero, todo sea dicho. Además de la creación de la famosa Black Life Matter, la muerte del delincuente drogadicto provocó una histeria colectiva mundial que llevó a líderes blancos, primeros ministros, parlamentarios, intelectuales, deportistas famosos, actores, cantantes y gente así a arrodillarse para pedir perdón por ser blancos, y a mujeres blancas (amén de subnormales) a lavar y besar los pies a negros en público para que el mundo supiera que se arrepentían de ser blancos y se sentían culpables. Vi las imágenes de esas mujeres besando los pies a negros enormes y musculosos y, siendo franco, lo que pensé fue que se trataba de mujeres sexualmente necesitadas y que lo que querían besar a aquellos negros era otra cosa.













