6338

Viernes, 22 de mayo de 2026

Si el presidente Trump bombardea por fin Cuba y acaba con la dictadura de los Castro (y con los Castro, si no es mucho pedir), habría que hacerle una estatua gigantesca y áurea en La Habana. Una estatua tan alta que podría ser vista desde cualquier punto de la isla. Una estatua perennemente iluminada para que los cubanos nunca olviden quién los liberó de las siniestras tinieblas que durante sesenta y siete año han emponzoñado la isla. Sería un acto de justicia.

Comentarios

© Juan Abreu, 2006-2019