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Lunes, 20 de abril de 2026

Un buen amigo me regala (por mi cumpleaños) una novela futurista (o de ciencia ficción), sabe de mi interés por ese tipo de literatura que imagina el futuro. La novela es a ratos entretenida, aunque como la mayoría de libros superventas adolece de esa prosa plana que demuestra que los lectores de hoy son en grandes números, también, planos. Tanto me interesa imaginar el futuro que he escrito, como saben, tres novelas que tienen lugar en tiempos más o menos lejano (quinientos años no son nada, cantará alguien en ese futuro), novelas que años después agrupé en un volumen titulado El Gen de Dios. Me siento orgulloso de mi Garbageland, mi Orlán Veinticinco y mi Ángelcaído. Pero. Describir el futuro es arriesgado y, por el bien de todos, espero no haber acertado demasiado.

Hablo de esto porque ayer conversé por teléfono con mi hermano mayor, que es autor de un formidable libro futurista: Las moscas verdes. Y mientras hablábamos mi cerebro comenzó a escribir un cuento para un librito que me gustaría terminar antes de que el tiempo me lleve. Todos las historias del librito transcurrirán en los escenarios de esas tres novelas, lo que me facilitaría las cosas porque ya sé cómo es la realidad y la vida en esos ¿lugares, territorios, países, regiones, universos, cumbres y abismos? de mi cerebro.

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© Juan Abreu, 2006-2019