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Viernes, 3 de abril de 2026

– Eh, eh… ¿por qué me despiertas tan temprano?
– Yo no te he despertado.
– Pero cómo quieres que siga durmiendo contigo ahí tieso como una estaca…
– Es mi naturaleza, no quería despertarte. Amanezco así, no puedo evitarlo. Pero ya que estamos conversando, cosa que hacía tiempo que no hacíamos, quiero decirte que me gustó mucho que pusieras aquí ese retrato mío, qué bello, estoy para comerme… si mal no recuerdo hiciste esa foto en Sevilla…¡qué bonita Sevilla! Adoro esa ciudad…
— Si, la hice una vez que fuimos a Sevilla a presentar uno de mis libritos.
– Qué tiempos aquellos, sí que me dabas el uso que merezco en aquellos tiempos, era un no parar. Pero de un tiempo acá estás un poco inapetente, desganado…
– ¡Inapetente! Pero si el problema es que tengo la misma hambre de siempre, pero no es lo mismo salir de caza a los cincuenta que a los setenta, comprenderás…
– Sí, lo comprendo, pero no es culpa mía yo sigo respondiendo como siempre, de dormido a estaca en segundos eres tú el que estás barrigón y arrugado no pensarás que esa mercancía es fácil de vender…
–No, ya lo sé.
–Yo no envejezco y tú sí, es una tragedia. Lo entiendo, pero no es mi culpa, yo cumplo y las mujeres me adoran.
– Eso es verdad. Pero. Ya me gustaría que tú estuvieras tan acabado como yo…
– ¡¿Qué!? Ni lo sueñes, yo seguiré tieso hasta el final, si quieres rendirte allá tú. Yo no.
– Qué horror…

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© Juan Abreu, 2006-2019