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Jueves, 2 de abril de 2026

Veo las bellísimas imágenes (otra cosa es el contenido) de las procesiones y cofradías de Semana Santa. Estuve hace algunos años en Sevilla por estas fechas con mis queridos Camacho (Jorge y Margarita) a pesar de mi poca afición por las multitudes. Y me sentí como Stendhal en Florencia, desvalido en presencia de la Santa Belleza. Qué esplendor estético, qué música milenaria, qué frondosa grandiosidad.

Pero lo que quería decir es que hoy, mientras contemplaba las procesiones pensé (vi en mi cerebro) esas ceremonias musulmanas en las que amenazantes hordas rupestres se dan tortazos en el pecho o se hieren con cuchillas la frente o la cabeza mientras chillan en las higiénicas plazas de la civilización occidental. Y experimenté una gran aprensión y cierta repugnancia, sépase.

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© Juan Abreu, 2006-2019