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Miércoles, 4 de marzo de 2026
Leo, por recomendación de una amiga a la que, como a mí, le gusta mucho el pan, Pensar y caer, del escritor español Ramón Andrés. El libro está compuesto de breves ensayos, el primero, suculento, sobre el pan, precisamente. Andrés es un auténtico erudito. La erudición sí, pero depende. Literaturizar demasiado la búsqueda de la verdad, puede aneblarla. En Pensar y caer sucede muy poco. Se trata de un libro lleno de sabio goce, de música del conocimiento y de momentos en que se iluminan (cosa rara en la literatura española actual) zonas de penumbra sociopolítica a las que llega poco la luz de la inteligencia literaria (o cualquier otra):
“La política, la escuela, la religión se han erigido en criaderos efectivos, y de este modo se obtienen irracionales sumisos, e incluso puede hablarse de una fatalidad si cabe peor: fabrican seres autosometidos a una necesidad domesticadora”.
“El Estado, sobre todo desde las humaredas revolucionarias del siglo XIX, y todavía más a partir de las dos cruzadas del totalitarismo que fueron las guerras mundiales en el siguiente, ha asumido el papel de una multinacional de la producción y del adiestramiento humano. Lo lacerante estriba en que este fenómeno de animalización ha abierto un doble camino: el de los dedicados a la cría y el de aquellos que desean (…) por encima de todo, ser criados. Sloterdijk ha escrito que las políticas, ya desde Platón, han tendido a la creación de enormes parques zoológicos para dar cobijo a la comunidad humana, una zoopolítica que se concentra en ciudades al uso y cuya manutención se satisface a base de ideas, más o menos condimentadas, que facilitan una buena digestión”.
Lo que viene a ser un aguzado retrato de la España de hoy. ¿No?













