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Sábado, 31 de enero de 2026

Francia es ya un país tomado no sólo por el islamismo, también por el mujerismo el wokismo y en consecuencia por la imbecilidad de género. Su último acto de sumisión al absolutismo vaginal, consiste en meterse en la cama de las parejas francesas para advertir a los hombres casados (bajo pena de cárcel, supongo) que sus conyugues no están obligadas a follar con ellos (el arcaico “deber conyugal”, que, por cierto, no existe en la legislación francesa) como si los hombres casados no sólo no lo supiéramos y, más importante, lo sufriéramos. El gran problema sexual de los hombres, y esta es una verdad universal, es que las mujeres no necesitan follar tanto como nosotros. No sé si los franceses follan poco o mucho, pero siempre he pensado que inventaron el erotismo para no tener que rebajarse al acto físico. Visto desde esta perspectiva, esta última concesión propagandística al mujerismo, adquiere un significado especial.

El gran problema del mujerismo (que es una forma konsomol de feminismo) es que va, inexorablemente, feminizando las sociedades occidentales, es decir, suplantando el orden social masculino, basado en la razón, por un orden social femenino, basado en la emoción. Y un orden social basado en la emoción está condenado al fracaso, la empatía suicida (Gad Saad) y el caos.

Pensé esto por la mañana y para no deprimirme más de la cuenta, o cortarme el pito de una vez, me puse a escuchar al gran Julio Iglesias.

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© Juan Abreu, 2006-2019