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Domingo, 30 de noviembre de 2025
Los libros son puertas ya lo sé pero en el caso de los míos son además un mapa del tesoro, véase Debajo de la mesa que es una puerta que conduce a mi infancia, pero no a la real (sea eso lo que sea), sino a una de palabras a veces muy bien ordenadas o hasta hermosamente ordenadas, y aquí viene lo curioso o lo insólito para usar una palabra que le gustaba mucho a Reinaldo: la novela Garbageland, primera parte de mi trilogía El gen de Dios, es también, obviamente, una puerta pero una puerta que a su vez contiene otra que permite a los fugitivos (que quiénes pueden ser sino yo y los míos) sumergirse en un mar de horror y pérdida llamado El Black para alcanzar un sitio donde las tinieblas terminan; porque allí en el fondo de la fosa abisal en la oscuridad absoluta y la soledad absoluta existe una puerta luminosa ¡que es un libro! y cuando los fugitivos llegan ante ese libro y comienzan a leerlo ¡o a escribirlo! sus páginas se abren y los (nos) conducen a un sitio llamado El Monte, que es el de Lydia Cabrera claro está, pero también es mi infancia llamada real y sobre todo la infancia de mis memorias. ¿Ven por qué hablo de mapa del tesoro?
Los libros son puertas ya lo sé, pero como resulta evidente, los vasos comunicantes que son mis libros conforman el mapa de un tesoro que otorga a mis seres de palabras acceso a un paraje donde la muerte ya no nos alcanza.












