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Domingo, 31 de agosto de 2025

De noche, ya de regreso a Lucca y a la sobra morada del tilo, me pongo a pensar en lo que pasó (o me pasó) en Florencia. Y con poco éxito, dado que el alcance de las palabras es limitado, sobre todo en estos casos, llego a la conclusión de que la mejor forma de describir lo sucedido es decir que, con la mayor naturalidad, tuve la certeza de que la llamada “realidad real” existe en una entidad más pobre que la de mis recuerdos.

No se me escapa, claro, que esa entidad superior, más rica, en mi cerebro es más hermosa, sí, pero efímera, ¿y qué puede importar o de qué manera afectarme la existencia de esa superior hermosura cuando esté muerto?

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© Juan Abreu, 2006-2019