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Viernes, 29 de diciembre e 2023

He estado en esa plaza donde ayer Sánchez entregó la alcaldía de Pamplona a ETA Victoriosa (Bildu). Es un lugar hosco como casi todo el País Etarra. Cierto que Navarra no es, aún, completamente etarra, pero infectada está y lo tribal hace metástasis a gran velocidad. Véase esa plaza ayer y el alcalde Orangután que acaban de nombrar. Creo que el vasquismo ha segregado sobre el paisaje del País Etarra (y la Navarra que viene) una capa viscosa, sombría y agusanada, como si a las babas del rastro de una babosa añadiéramos el contenido de un forúnculo la pasta de un ojo reventado y el rastro sanguinolento que deja al arrastrarse agónico un animal atropellado por un autobús. La he percibido cada vez que he visitado el País Etarra.

Los habitantes dejan su huella en el paisaje que habitan así el vasquismo en el País Etarra y el fidelismo en Cuba donde el hombre nuevo cubano y la población en general (que nunca se ha recuperado de que el Caballo Fidel no los empotrara personalmente y sigue a cuatro patas con el culo lubricado, esperando) ha convertido la isla en un vertedero reflejo de la gente de la isla.

Ya podemos hablar del País Etarra y pronto podremos hacerlo de la Navarra Etarra con la mayor certeza y naturalidad.

El Mal avanza veloz e inexorable.


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