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Viernes, 2 de junio de 2023

La verdad no son los hechos. Son los hechos más las convenciones humanas. El propio concepto de verdad, la moral, convenciones. Por eso es imposible la escritura de los hechos. Se limitaría a una lista de acontecimientos: caminé, dormí, follé, cagué, bebí, comí, me duché, me hice una paja, oriné (pensé no, pensar es una forma de ficción). Si añades un adjetivo o una observación de cualquier tipo a “me la chupó”, pura anotación del hecho, es literatura. Cualquier palabra o frase o párrafo o página que se adjunte a ese hecho, es literatura. Y toda literatura es ficción. Por una razón obvia, el lenguaje es un aparato de ficción. Por eso siempre he considerado a Emmanuel Carrère, un farsante. La literatura de no-ficción no existe.

Enorme inconveniente para el escritor en el que me he convertido. Un escritor al que se le hace cada vez más difícil leer o escribir literatura de ficción. Pero he de aceptarlo. Como he de aceptar que el sol sale o que nunca me follaré a Monica Bellucci. Y seguir buscando una puerta. En algún lugar de las palabras tiene que haber una puerta.


(Hablo de esto porque voy a leer por segunda vez dos libros levantados sobre los hechos. Vida de Arcadio, de mi amigo Espada y Matar el nervio de mi almost daughter Anna Pazos).

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© Juan Abreu, 2006-2019