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Miércoles, 11 de marzo de 2020



A estas alturas de nuestra historia, el cubano que crea que el régimen de Fulgencio Batista no era mejor (incluso considerando sus asesinatos extrajudiciales en tiempos de guerra) que el impuesto en Cuba por la Revolución de Fidel Castro, cualquiera que piense que Batista como persona no era mejor que Fidel o Raúl Castro, es idiota. Basta considerar lo que hubieran hecho los Castro con Batista si este asalta a tiros un cuartel en una Cuba gobernada por los Castro. No hay comparación posible entre la humanidad del gobierno de Batista (el elegido democráticamente por los cubanos, o el producto del cuartelazo, ambos) y la dictadura totalitaria, esclavista, envilecedora y criminal de los Castro.

Que la escritora Zoé Valdés haya convertido a Batista en personaje central de una de sus novelas no sólo constituye un acto de arrojo moral, también un importante paso para despejar la maraña de mentiras e invenciones que es la versión castrista de la Historia de Cuba. Desde el primer día: ¡20.000 muertos! Uno de los protagonistas más calumniados de esa Historia falseada y trucada es Fulgencio Batista. ¡Y sus casquitos! Soldados, por cierto, que eran ejemplos de decencia y pundonor comparados con los sicarios de las fuerzas represivas castristas: Ejército, Policía o miembros de organizaciones paramilitares como las Brigadas de Respuesta Rápida.

La novela de Valdés acomete una tarea fundamental para las nuevas generaciones de cubanos, cuyos cerebros han sido y son meticulosamente infectados por el castrismo. Lo hace en el más puro, gozoso, estilo Valdés, y además provista de una enorme cantidad de información de primera mano.

No se me ocurre nada más necesario y saludable para el panorama moral de la literatura cubana de hoy que una novela que humaniza, es decir hace real otra vez, a Fulgencio Batista.

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© Juan Abreu, 2006-2019