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Un viejo amigo de Miami de cuando llegué huyendo del fidelismo en el ochenta me regaló una actriz porno quiero decir una muñeca de una actriz porno muy famosa. Tiene como veinte centímetros de altura la muñeca y el pelo corto y rubio y las tetas duras y punzantes y la boca como a punto de chupar algo. La tengo aquí como ven en el escritorio me hace compañía y todo lo escribo bajo su atenta mirada. Tiene el coño afeitado pero no se lo tengo en cuenta, quién es perfecto. Cuando me trabo en medio de algún párrafo o algo así la miro y enseguida sé qué decir.

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© Juan Abreu, 2006-2019