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Estoy viendo 1980, el documental de Iñaki Arteta sobre los patriotas vascos de ETA y digo estoy viendo porque he tenido que hacer una pausa. Me sentía demasiado indignado y demasiado asqueado para seguir. Pienso, he de ser franco, que el problema de los patriotas vascos de ETA se hubiera resuelto de forma más efectiva y justa aplicando la pena de muerte a esos patriotas, lo de la pena de muerte les hace perder mucho patriotismo a ese tipo de gentuza, como se sabe.
Yo, que conste, no soy partidario de la pena de muerte, de hecho estoy contra la pena de muerte excepto en casos muy especiales, el de los patriotas vascos de ETA sería uno de ellos. Viviendo en democracia matar como lo hacían los patriotas vascos de ETA merece la pena de muerte es algo evidente.
Ya escucho la cháchara de los que dicen que no matar a los patriotas vascos de ETA es una victoria moral de la sociedad y es lo que hace superior a esa sociedad, y superiores a los que chacharean, claro. Pero. Qué les puedo decir, desconfío mucho de esa superioridad moral que descansa ay qué confortablemente en los hijos, padres o hermanos reventados de otros en el sufrimiento de otros. Es una superioridad moral muy cómoda, a mi modo de ver.













